Verónica Rojas regresa con No más penita, un sencillo que no solo marca un cambio de sonido, sino también una nueva forma de entender su carrera. El tema mezcla la sensibilidad de la balada pop con los ritmos de la bachata y la personalidad vocal de una artista profundamente influenciada por la copla y el flamenco.
El resultado es una canción que habla del dolor, pero también de la necesidad de dejar de convivir con él. Una historia que invita a bailar mientras recuerda que ninguna pena merece instalarse para siempre.
En conversación con Revista YOUNG, Verónica Rojas habla de la dureza de abrirse camino como artista independiente, de los momentos en los que pensó en abandonar la música, del aprendizaje que le dejaron antiguos contratos discográficos y de por qué siente que esta nueva etapa nace desde la mayor honestidad de su carrera.
«Ser artista independiente es una carrera de resistencia»
Han pasado varios años desde tus anteriores lanzamientos. «Culpable o no» llegó en 2019 y «Sin ti» en 2020. Viendo ese ritmo, ¿tenemos que esperar hasta 2027 para escuchar una nueva canción?
Ojalá no sea así. De hecho, estoy trabajando precisamente para que eso deje de pasar. Si ha habido tanto tiempo entre unos lanzamientos y otros no ha sido porque yo dejara de hacer música o porque me faltaran canciones, sino porque muchas veces las circunstancias que me rodeaban no acompañaban. A veces trabajas con personas que prometen unas cosas, pero los compromisos no terminan cumpliéndose, aparecen bloqueos, cambios de dirección o simplemente los proyectos no avanzan como esperabas.
Durante todos estos años no he dejado de escribir, de entrar al estudio ni de preparar música. Lo que ocurre es que siempre he sentido que si una canción no llega en el momento adecuado o no está defendida de la manera que merece, prefiero esperar antes que publicarla por obligación. Quizá desde fuera parece que desapareces, pero por dentro el trabajo nunca se detiene.
Ahora siento que las cosas están cambiando. Tengo muchas canciones preparadas, muchas ideas y, sobre todo, muchas ganas de que esta nueva etapa sea mucho más constante. Me gustaría que la gente no tuviera que esperar otros cinco años para volver a escucharme, porque precisamente una de las lecciones que me llevo de todo este tiempo es que la música necesita continuidad y también necesita que el artista pueda compartir todo lo que va viviendo.
Al final, esos años también me han servido para crecer, aprender y entender mejor cómo quiero construir mi carrera. Y eso hace que ahora afronte cada lanzamiento con muchísima más claridad que antes.
Eres una artista completamente independiente. Tú misma produces, gestionas conciertos, promoción… prácticamente haces de todo. ¿Alguna vez has soñado con que una gran discográfica apueste por ti?
Claro que sí. Sería absurdo decir que no, porque una gran compañía puede ofrecer algo que para un artista independiente es muy difícil conseguir por sus propios medios: una estructura, un equipo y una capacidad enorme para que la música llegue mucho más lejos y mucho más rápido. Tener personas especializadas en promoción, comunicación, distribución o planificación te permite centrarte mucho más en crear, que al final es lo que más nos gusta hacer a quienes nos dedicamos a esto.
A mí me encantaría que llegara esa oportunidad. No tanto por una cuestión de prestigio, sino porque sé perfectamente el esfuerzo que supone sacar adelante cada lanzamiento cuando dependes prácticamente de ti para todo. Cada canción implica muchísimas horas de trabajo que muchas veces el público ni siquiera imagina. Hay que coordinar grabaciones, videoclips, redes sociales, entrevistas, distribución, conciertos… Todo pasa por tus manos.

Eso sí, también tengo muy claro que nunca aceptaría una oportunidad que me obligara a dejar de ser quien soy. Creo que una de las cosas que más definen mi carrera es la honestidad. Intento que cada canción refleje exactamente lo que siento y sería muy difícil que alguien consiguiera llevarme hacia un lugar donde no me reconociera como artista.
Por eso, si algún día llega una discográfica, me gustaría que apostara precisamente por esa Verónica que ya existe. Que entendiera cuál es mi manera de interpretar, qué quiero contar con mis canciones y cuál es el camino que deseo seguir. Si es para caminar juntos respetando esa identidad, firmaría ahora mismo. Porque quien es artista independiente sabe perfectamente lo complicado que resulta levantar un proyecto completamente solo.
Abrirse camino en la música no parece un camino precisamente sencillo. ¿Cuál ha sido el momento más difícil de toda esta etapa? ¿Has llegado a plantearte abandonar?
Sí. Y creo que es importante decirlo con naturalidad porque muchas veces solo se enseña la parte bonita de esta profesión. Ha habido momentos donde realmente me he preguntado si tenía sentido seguir insistiendo. Momentos de muchísima incertidumbre, de sentir que trabajas sin descanso, que las oportunidades no llegan y que parece que el camino nunca termina.
He vivido situaciones muy complicadas, incluso llegar a tener un contrato firmado y descubrir que, lejos de ayudarte, te impedía hacer lo que más deseabas: sacar música. Recuerdo la frustración de tener canciones preparadas, de sentir que había cosas muy importantes que quería contar y escuchar continuamente que no, que esa canción no, que por ahí no, que eso no interesaba o que debía esperar. Son situaciones que desgastan muchísimo porque al final sientes que tu voz deja de pertenecerte.
Siempre he sido una persona que escucha mucho a quienes trabajan conmigo. Me gusta aprender, dejarme aconsejar y valorar otros puntos de vista porque creo que nadie construye una carrera completamente solo. Pero también he aprendido que no todos los consejos son buenos y que llega un momento donde debes proteger aquello que te hace diferente.
Si hoy pudiera hablar con esa Verónica que empezaba o con cualquier niña que sueña con dedicarse a la música, le diría algo muy sencillo: no dejes de creer. Vas a pasar momentos muy duros, vas a dudar muchísimo de ti misma y habrá personas que te harán pensar que quizá no merece la pena. Pero si cantar es realmente aquello que te hace feliz, no dejes que nadie decida por ti cuándo termina ese sueño. Porque al final, cuando miras atrás, entiendes que precisamente toda esa resistencia también forma parte del camino.
«Las canciones tienen que emocionarme primero a mí»
«Culpable o no» tuvo dos versiones muy diferentes: una más cercana al reguetón y otra completamente acústica. ¿Cuál era realmente la versión original?
En realidad, Culpable o no nació como un homenaje a una de esas canciones que siempre han formado parte de mi vida. Soy muy fan de Luis Miguel y esa balada llevaba muchísimo tiempo rondándome por la cabeza. Siempre pensaba que algún día tenía que grabarla porque es una de esas canciones que, cuando la escuchas, te atraviesan por completo. Me fascinaba la forma en la que contaba la historia y la emoción que transmitía desde la primera frase.
Cuando llegó el momento de llevarla al estudio, el equipo con el que estaba trabajando pensó que podía ser bonito hacer dos propuestas completamente distintas. Por un lado, una versión con una producción mucho más actual, aprovechando que era verano y buscando un sonido más fresco y cercano a los ritmos latinos. Y por otro, la versión que realmente más conectaba conmigo, una interpretación completamente acústica, apoyada prácticamente en el piano y la voz.
Esa segunda versión era, probablemente, la que mejor representaba mi forma de entender la canción. Ahí podía interpretar cada palabra con toda la calma del mundo, dejando que la emoción respirara sin necesidad de vestirla demasiado. Al final, más que decidir cuál era la versión «correcta», lo que buscábamos era comprobar de qué manera conectaba mejor con el público.
Pero si me preguntas cuál siento más mía, seguramente me quedo con la acústica. Porque ahí está esa Verónica que siempre ha disfrutado de las grandes baladas, de cantar desde la emoción y de dejar que la voz cuente la historia casi sin artificios.
Cuando una balada descubrió que quería ser bachata
En «No más penita» sorprende mucho escuchar una voz tan marcada por la copla y el flamenco sobre una bachata. ¿Fue complicado encontrar ese equilibrio?
Curiosamente, no fue una decisión que tomáramos desde el principio. De hecho, ocurrió casi al revés. No más penita nació originalmente como una balada. Yo quería escribir una canción muy emocional, de esas que van creciendo poco a poco, con una interpretación muy intensa y muy ligada a la forma en la que siempre he entendido la música.
Mis raíces vienen de la copla y del flamenco. Son estilos que me han enseñado muchísimo sobre la interpretación, sobre cómo contar una historia y sobre la importancia de que cada palabra tenga un sentido. Mi intención era precisamente unir toda esa manera de cantar con una balada más moderna, pero había algo que no terminaba de funcionar. Cada vez que la escuchábamos sentía que faltaba algo, que la canción no respiraba como debía y que, por mucho que intentáramos convencerla, no terminaba de emocionarme.
Hubo un momento en el que decidí guardarla. Estuvo prácticamente dos meses sin que nadie volviera a tocarla. Mientras tanto seguí escribiendo otras canciones, grabando nuevas ideas y dejando que el tiempo hiciera su trabajo. A veces una canción necesita precisamente eso: que dejes de mirarla durante un tiempo para volver a descubrirla después.
Cuando regresé al estudio de Chus Santana me llevé varias canciones, pero insistí especialmente con No más penita. Sentía que tenía algo muy importante que decir. Todo el mundo a mi alrededor hablaba constantemente de penas, de rupturas, de cosas que no salían bien, de personas que no conseguían desprenderse de aquello que les hacía daño. Yo tenía clarísimo que esa canción debía existir, aunque todavía no supiera cómo.
Fue entonces cuando Chus empezó a tocar la guitarra de otra manera y me preguntó: «¿No lo oyes? ¿No lo sientes?». Yo seguía sin entender hacia dónde quería llevar la canción, hasta que de repente me di cuenta de que aquello sonaba a bachata. Fue un momento muy bonito porque parecía que la propia canción había encontrado por sí sola el camino que quería recorrer.

Y entonces todo cobró sentido. Descubrimos que esa mezcla entre una voz profundamente andaluza y un ritmo latino funcionaba de una forma muy natural. La bachata tiene algo muy especial: convierte la tristeza en movimiento, te invita a bailar mientras sigues hablando de emociones profundas. Cuando entendí eso, supe que No más penita había encontrado definitivamente su identidad.
«No quiero ponerle límites a mi música»
Has presentado este sencillo como el inicio de una nueva etapa. ¿Eso significa que vamos a seguir viendo a Verónica Rojas explorando sonidos latinos?
No me gusta ponerme límites porque siento que la música tampoco los tiene. Es verdad que la bachata siempre ha estado muy presente entre las cosas que escucho. Me gustan muchísimo artistas como Romeo Santos o Aventura porque consiguen algo que me parece precioso: hablar del dolor desde un lugar que también invita a celebrar la vida. Esa capacidad de transformar la tristeza en baile me parece casi mágica.
Pero tampoco quiero que la gente piense que ahora voy a hacer únicamente bachata. Mi esencia sigue estando muy ligada a la balada pop. Ese es el lugar donde siento que mejor puedo interpretar, donde mi voz encuentra más espacio y donde realmente noto que consigo transmitir todo lo que quiero contar.
Lo bonito de esta etapa es precisamente que me siento libre para probar cosas nuevas sin perder mi identidad. Si una canción me pide acercarse a un sonido latino, lo haré. Si otra necesita volver a una gran balada, también. Lo importante para mí es que cada producción nazca de una emoción auténtica y no de una estrategia.
Creo que el público también percibe cuándo una artista está haciendo algo porque realmente lo siente y cuándo simplemente intenta seguir una tendencia. Yo necesito sentir primero la canción para poder defenderla después delante de la gente. Y mientras eso siga ocurriendo, no me importa demasiado el género que termine teniendo.
«Tenemos que aprender a soltar las penas»
Escuchando la canción da la sensación de que no habla únicamente de una ruptura sentimental, sino también de todas esas cargas que acumulamos sin darnos cuenta. ¿Era esa la intención?
Exactamente. Mucha gente me pregunta si la canción está dedicada a una persona concreta y la respuesta es que no. No nace desde el rencor ni desde la necesidad de señalar a nadie. De hecho, cuando la escribí estaba viviendo un momento bonito de mi vida. Lo que quería era reflexionar sobre esa costumbre que tenemos de convivir demasiado tiempo con nuestras propias penas.
Vivimos cargando mochilas que muchas veces pesan muchísimo más de lo que deberían. Nos aferramos a relaciones que ya terminaron, a trabajos que no nos hacen felices, a inseguridades, a decepciones o a personas que ya no forman parte de nuestra vida. Y sin darnos cuenta acabamos dedicando una cantidad enorme de energía a cosas que solo nos siguen haciendo daño.
Por eso la canción comienza desde ese lugar de pérdida, de sentir que alguien te ha quitado el sitio, la estabilidad o incluso la tierra bajo los pies. Pero llega un momento donde la protagonista toma una decisión muy clara: hasta aquí. No quiero seguir viviendo instalada en esa tristeza porque sé que no me va a llevar a ningún sitio bueno.
Ese es el verdadero mensaje de No más penita. Todos pasamos por momentos difíciles y todos sentimos dolor en algún momento. Lo importante es aprender a soltar cuando llega el momento, dejar espacio para que entren cosas nuevas y entender que ninguna pena debería convertirse en una forma permanente de vivir.
Si la canción consigue que alguien recuerde eso mientras la baila, entonces habrá cumplido exactamente el objetivo con el que fue escrita.











