La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en la Revista YOUNG
La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en la Revista YOUNG

Laura K. Roma: «No quería que nadie salvara a mi protagonista»

La autora debuta con Lo que nunca fue nuestro, una novela de romance contemporáneo que mezcla slow burn, vivienda, rabia femenina, Barcelona y una protagonista que aprende que pedir ayuda también puede ser una forma de salvarse.

Laura K. Roma llega al panorama literario con Lo que nunca fue nuestro, una novela debut que utiliza los códigos del romance contemporáneo para hablar de algo mucho más amplio que una historia de amor. En sus páginas hay tensión, humor, convivencia forzada, enemigos que tardan en bajar la guardia y una Barcelona atravesada por el problema de la vivienda, los alquileres, la precariedad y la dificultad de sostener una vida adulta cuando todo parece estar en contra.

La autora construye una historia de slow burn en la que el deseo no se resuelve de inmediato. Al contrario, se cocina a fuego lento, entre habitaciones compartidas, motes, heridas familiares, asambleas vecinales, cocinas profesionales y una protagonista femenina que no siempre busca caer bien. Laura K. Roma asume el riesgo de escribir a una mujer enfadada, dolida y testaruda, en un género donde muchas veces la rabia se le concede antes a ellos que a ellas.

En esta entrevista con Revista YOUNG, Laura K. Roma habla de cómo nació Lo que nunca fue nuestro, de la documentación sobre vivienda y gastronomía, de la dificultad de equilibrar actualidad y entretenimiento, de sus personajes, de Barcelona, de la terapia, de su próximo proyecto y de esa broma interna que atraviesa la novela: cuando los nombres importan, pero también importa no revelarlos antes de tiempo. Por eso aquí hablaremos de la amarrugada y el gilipollas.

Laura K. Roma y el nacimiento de una novela atravesada por Barcelona

Laura K. Roma, bienvenida a YOUNG. Primera pregunta: ¿has llegado a odiar a tu protagonista?

Ostras, odiarla es un término muy grande. Yo no diría que odiarla, pero sí que ha sido el personaje que más me ha costado escribir, porque al final su personalidad, las cosas que hace y la manera que tiene de enfrentarse a lo que le pasa distan mucho de cómo soy yo como persona.

Sí que ha habido escenas que me han costado. No porque no entendiera al personaje, sino porque tenía que meterme en una forma de reaccionar que no es la mía. Ella tiene una rabia, una manera de cerrarse y una forma de protegerse que me obligaba a ir a lugares a los que yo no suelo ir tan fácilmente.

Laura, ¿cómo nace esta novela?

Esta novela básicamente nace de que yo estaba escribiendo otro proyecto en el que no acababa de estar motivada. En ese momento tenía pensada una serie de diferentes libros y una de esas historias, en principio, iba a pasar en Barcelona durante la pandemia. Era la historia de una chica barcelonesa y un guiri que se encerraban y vivían juntos la pandemia.

A raíz de ahí empecé a ver todas las manifestaciones por la vivienda, los alquileres y todo lo que estaba ocurriendo alrededor de ese tema. Vi que era algo que preocupaba muchísimo y que, sobre todo, estaba afectando mucho a la gente joven. También me di cuenta de que en literatura comercial no era un tema que se tratara demasiado.

Entonces pensé: esto es algo que preocupa, que está muy presente y que no se está abordando en este tipo de literatura. Me pareció que tenía una idea donde podía encajar este tema y explorarlo desde una novela de romance contemporáneo. Así fue como empecé el año pasado.

Entiendo, Laura, que no habías escrito aún nada cuando ya tenías la idea de seguir a ella en esa Barcelona dentro del piso.

No había publicado nada, pero sí que había escrito anteriormente.

¿Tuviste que reescribir todo desde el principio para ubicarlo otra vez?

Empecé un proyecto nuevo. El otro que estaba escribiendo en ese momento lo dejé apartado y empecé este.

Un slow burn que no quería correr demasiado

Laura K. Roma, ¿te ha parecido difícil mantener ese hate to love? Porque sí que es verdad que el hate llega hasta un punto en el que, como lector, ya quieres que pasen al to love. ¿Esa tensión te ha costado poder mantenerla hasta el final?

A ver, yo soy una persona que está acostumbrada a leer mucha fantasía con romance, donde el enemies to lovers suele ser mucho más real o mucho más fácil de construir que en un romance contemporáneo. Al final, en una historia contemporánea, encontrar un tema por el que dos personas se odien de verdad es muy complicado.

La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en la Revista YOUNG
La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en la Revista YOUNG

En este caso, soy muy consciente de que es una historia muy slow burn, pero también está hecho con un sentido. Para mí no era realista que, si se llevan tan mal y se hacen las putadas que se hacen al principio, a mitad del libro ya estuvieran liándose. Creo que tiene que haber un proceso por parte de los dos.

Son dos personas muy cabezonas, muy cerradas, y para abrirse al otro tiene que haber una progresión. Sé que es agónico, lo sé, pero también quería devolver un poco esa parte de anhelo, de yearning, al romance contemporáneo. Siento que ahora muchos libros van muy al grano en ese sentido. Entonces, a la gente que le gusta el slow burn, perfecto. A la gente que quiere algo más vivo, a lo mejor este no es un libro para ellos.

Laura, desde luego me ha gustado mucho el detalle de poder ver el piso a través del dibujo que hay en las primeras páginas. ¿Ya estaba premeditado ese dibujo? ¿Ese esquema lo tenías tú ya dibujado o la ilustración se hizo después?

Sí, además es algo que yo quería desde el principio. Cuando cerré el acuerdo con Contraluz, yo le dije a mi editora que quería un mapa. Bueno, no es un mapa, pero para que nos entendamos, yo quería que mi libro de romance tuviera un plano.

Al final muchas de las escenas pasan en esos pisos. Poder situarte en las habitaciones me parecía muy interesante. Yo lo dibujé y se lo pasé a mi editora. Ella se lo envió al ilustrador, que hizo un trabajo magnífico, mucho mejor que lo que hice yo, desde luego.

Laura K. Roma, hablabas antes de abrirse. ¿Por qué has decidido esconder los nombres de tus personajes a tus lectores y nos haces esperar hasta el final para saber por qué lo llamamos de una forma u otra?

Honestamente, desde el principio mi idea era hacer un chascarrillo con el nombre de ella. Quería hacer la gracia con el significado de su nombre en inglés, porque no tiene nada que ver con su personalidad. Para mí era importante que eso pasara en un momento en el que se pudiera hacer esa broma.

No sé si habré conseguido que a la gente le resulte gracioso, pero bueno. A raíz de eso dije: quiero que esto pase así. Y creo que casa muy bien con la personalidad de los protagonistas, porque al final, si son dos personas que se llevan tan mal, no tendría ningún sentido que sepan el nombre del otro. No tienen ningún tipo de relación.

Pero sus amigos sí deberían saber los nombres, Laura. También les ponen motes.

Sí, pero qué gracia tiene si ya dicen el nombre los amigos. Entonces se rompe toda la gracia de cuando ellos se presentan.

La rabia femenina como motor de la novela

La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en YOUNG
La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en YOUNG

Entonces, Laura K. Roma, ¿qué ha sido lo más complicado como escritora a la hora de escribir esta novela?

Para mí ha habido dos momentos difíciles a la hora de crear la novela. Uno fue la parte de documentación, porque cuando tú metes un tema sociopolítico en una novela de romance comercial, lo quieres hacer lo más palatable posible. Tenía que coger todo ese tema de leyes, información, noticias y actualidad e intentar que encajara dentro de la novela.

Quería que fuera informativo, pero a la vez que no aburriera al lector, porque al final no estás haciendo ni un ensayo ni una no ficción. Estás haciendo entretenimiento. Entonces me resultó complicado. Escribía los capítulos de las asambleas y pensaba: vale, a mis amigos lectores, ¿esto se entiende bien?, ¿se hace aburrido?, ¿hay que quitar información?, ¿hay que meter información?

Y luego también me costó escribirla a ella. Es un personaje con el que a mí me ha costado conectar porque yo no siento esa rabia, o no me permito sentir rabia. Entonces explorar toda esa parte de “si yo me dejara sentir rabia, si yo no tuviera ningún tapujo, si yo me dejara llevar por todos esos pensamientos súper mega ultra intrusivos, ¿qué haría?”, fue complicado.

Era mucho más fácil escribirle a él, porque yo sí siento esa culpa, ese “ay, es mi culpa, esto lo he hecho mal”. Quería explorar mucho eso, porque la culpa es un sentimiento con el que nos sentimos cómodos, genera mucha empatía. Pero la rabia genera mucho rechazo, sobre todo cuando es rabia proveniente de mujeres.

Para mí era muy interesante ver cómo se sentían los lectores leyendo a una mujer que está enfadada, que está dolida y que lo está pasando muy mal, porque tampoco le han tocado cartas fáciles en la vida.

Laura, wow, cuántas cosas. ¿Crees que si el gilipollas hubiese tenido la personalidad de la amarrugada lo habríamos entendido más fácilmente?

Sí, porque es lo que solemos ver en romance. Al final hay unos estándares muy fijos en cuanto al romance contemporáneo. Él suele ser el personaje al que se le permite estar enfadado, sentir rabia y tener ciertas emociones que a las mujeres, en general, en la sociedad tampoco se nos acaban de permitir.

Para mí también era interesante explorar a una mujer enfadada y ver cómo se sentía la gente. En fantasía y en romance estamos viendo mucho más este tipo de personajes, porque son mundos fantásticos, pero no lo solemos ver tanto en el mundo contemporáneo, en el mundo real.

Y luego también está el hecho de que ella quiera ser chef, que es una profesión predominantemente de hombres. Intenté explorar un poco eso: una mujer intentando abrirse camino en un mundo que suele estar mucho más dominado por hombres.

La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en YOUNG
La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en la Revista YOUNG

Laura K. Roma, la novela está muy documentada: gastronomía, jerarquías de cocina, vivienda, asociaciones, leyes y especulación. ¿Cómo fue ese proceso de investigación y con quién hablaste para que todo resultara tan realista?

Esta es la parte de documentación y para mí suele ser muy importante cuando escribo novelas. Me choca mucho cuando leo una historia sobre algo que yo sé y no está bien documentado. Entonces mi intención era hacerlo lo mejor posible.

Para la parte gastronómica me puse en contacto con una escuela de prestigio de Barcelona y ellos me pusieron en contacto con un chef de la escuela. Era profesor y también había sido chef en un restaurante con Estrella Michelin. Estuve haciéndole entrevistas, le pregunté un millón de cosas y la verdad es que me lo puso muy fácil. Se llama Diego Fonseca y me explicó muchos secretos de entre fogones de Michelin. Esa parte fue fácil porque él me ayudó muchísimo.

La parte más sociopolítica sí que tuvo mucha investigación. Me metí en el Sindicat de Llogateres de Catalunya y de Barcelona, me puse en contacto con algunas asociaciones, leí muchas noticias, vi plenos del ayuntamiento y revisé qué se había hecho a nivel de leyes.

Por eso decía que esta era la parte más complicada. Cuando tienes un documento larguísimo con toda esa información y tienes que trasladarlo al libro para que tenga sentido y no se haga pesado, es denso. Hay que encontrar el equilibrio para que sea útil, pero que no rompa la historia.

Vivienda, leyes y ficción dentro del romance

Laura, ¿te hubiese preocupado si el marco legal hubiese cambiado entre que tú escribes y de repente sale el libro?

Sí, y de hecho por eso tenemos nota de autora en la novela. Ahí digo que todo está escrito hasta septiembre de 2025 en cuanto al marco legal y que también hay libertad creativa.

Por ejemplo, la ley de que no puede haber apartamentos turísticos y Airbnb en edificios históricos no existe. Es algo que me he inventado para la trama. Entonces está explicado qué parte es realista y qué parte forma parte de la libertad creativa.

Laura K. Roma, ¿crees que todo ese marco que has investigado a lo largo de esta novela te va a servir para tus siguientes proyectos? ¿Volveremos a estar en una cocina?

Pues no lo sé. No diría nunca digas nunca, evidentemente. Sí que creo que ahora mismo el tema de la vivienda ya lo he tocado, entonces me gustaría explorar otros temas en futuras novelas. Pero nunca se sabe. También tendremos que ver cómo evoluciona la vida real.

La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en la Revista YOUNG
La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en la Revista YOUNG

Laura, ahora que el libro ya es público y ha llegado a lectoras y lectores, ¿cómo estás viviendo ese contacto? ¿Qué sensaciones te está dejando el recibimiento y ha habido algún comentario que te haya hecho replantearte algo como escritora?

Yo lo he vivido con mucha ilusión, pero también con mucho miedo, porque al final es la primera novela que publico. Cuando das ese salto, sobre todo la primera vez, lo vives con mucha incertidumbre. No sabes qué va a pasar ni si a la gente le va a gustar.

Como decía antes, creo que se exploran temas que no se suelen tocar en romance contemporáneo: el tema de la vivienda, una protagonista muy enfadada, un romance muy lento… Entonces era como: puede gustar mucho o puede no gustar nada. Estoy corriendo un riesgo, que creo que también es lo que ha hecho que yo pueda publicar esta novela, pero a la vez puede ser que eso a la gente no le guste.

Lo he vivido con mucha ansiedad porque soy una persona muy ansiosa y tiendo a ponerme un poco en lo peor. Ha sido complicado. Pero sí que es cierto que, hasta ahora, el recibimiento que he visto en redes ha sido muy bueno. La gente que ha venido a las firmas ha sido muy simpática también. Incluso gente que no conocía la novela, cuando yo se la explicaba, decía: “Ostras, qué interesante”. Solo por eso ya merece la pena.

El miedo a las reseñas y la manera de escribir de Laura K. Roma

Laura, ¿y qué es lo que no te ha gustado?

No es que no me haya gustado. Para empezar, no he mirado reseñas porque creo que ese es un espacio para lectores, no para autores.

¿Te da miedo leer las reseñas, Laura?

Sí, porque soy una persona muy ansiosa, como decía. Al final ya estoy escribiendo la siguiente novela y tampoco quiero que me condicione a la hora de escribir la siguiente historia.

Lo que sí hago es que mi editora me filtra. Ella me va dando el feedback constructivo y el feedback positivo. Sé que un feedback constructivo que se ha recibido es que a la gente le hubiera gustado ver más del romance. Es decir, al final el romance pasa mucho al final y queda resuelto.

Ha habido gente que ha dicho que le habría gustado ver momentos un poco más cotidianos de cara al final. Entonces yo digo: perfecto, me lo apunto. La siguiente novela tendrá más romance en ese sentido.

Pues a mí no, Laura. A mí me ha gustado cómo la has dejado. Al final creo que la gracia es el hate to love. Si me cuentas más to love, ya no es hate to love, es love.

Es que al final esto va mucho en la opinión del lector. Habrá gente que quiera más, gente que quiera menos. También depende del tipo de historia.

Laura K. Roma, ¿eres autora de brújula o de mapa?

Ambas. Sé que parece imposible ser ambas, pero me explico. Yo siempre necesito tener una estructura mínima. Necesito saber cómo son los protagonistas. Me hago un desarrollo muy grande de la psicología del personaje.

Cojo protagonista A, protagonista B, desarrollo cómo son, qué traumas tienen, qué cosas les han pasado, cómo reaccionarían a ciertas acciones, cuál quiero que sea el arco que tengan… Todo eso me lo escribo en una ficha.

Luego, en la trama, siempre trabajo cómo empieza, cuál es el primer punto de giro, qué pasa en la mitad, qué pasa al 75% y qué pasa al final. Tengo como cuatro puntos importantes y, a partir de ahí, todo lo demás es fluir. Sé que tengo que llegar al punto A. Cómo llego al punto A ya es otra cosa. Lo vamos viendo.

Pedir ayuda también puede ser una forma de salvarse

Laura, la protagonista es muy divertida, pero también muy frustrante porque se niega a aceptar ayuda incluso cuando la situación la supera. ¿Querías hablar de esa necesidad de salir adelante sola y de cómo pedir ayuda también puede ser una forma de salvarse?

Totalmente. Por eso ella es frustrante como es. Al final, si tú no llegas a sentir “oye, por favor, ya déjate ayudar”, cuesta mucho conectar con esa parte de entender por qué no pide ayuda.

La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en YOUNG
La autora Laura K. Roma en un fotograma de la entrevista en YOUNG

Para mí era determinante que ella viniera de un trauma muy grande: su familia la ha abandonado y hace más de cinco años que no se habla con ninguno de los miembros de su familia. Cuando tú te ves con 18 años en la situación de no tener casa, no tener trabajo, tener un sueño muy caro y no poder hacerlo, no te queda otra que buscarte la vida de la forma que sea.

Eso genera un trauma muy grande en la protagonista. El hecho de no dejarse ayudar viene de ahí: “He tenido que hacerlo todo sola, puedo hacerlo todo sola”. También intenta demostrarse que puede con todo.

La gracia de la historia es que, por querer hacerlo sola, ella misma empeora la situación. Si se hubiera dejado ayudar, no habría llegado al nivel de las cosas que le pasan. Pero llegar a ese extremo era importante, porque si no, de otra forma, la protagonista no se habría dado cuenta de que no podía más.

Necesitaba llegar a ese punto de no retorno, de decir: “Es que o pido ayuda o me da algo”. Es triste, pero muchísima gente tiene que llegar a ese punto. Mucha gente que ha crecido siendo muy independiente y teniendo que hacerlo todo sola no sabe pedir ayuda hasta que llega a un punto de no retorno.

Por eso también era importante para mí que al final quedara retratado que tanto ella como el gilipollas van a terapia después. Son dos personas que tienen mucho bagaje y ese bagaje no se soluciona con una historia de romance. Hay que pedir ayuda en todos los sentidos.

Laura K. Roma, me gustó mucho que la protagonista no sea salvada desde fuera, sino que tenga que aprender a pedir ayuda sin perder su fuerza. ¿Querías romper con esa idea de que una mujer necesita que alguien la rescate cuando todo se hunde?

Sí, es que además yo no quería que nadie la salvara en ese sentido. Quería que fuera ella la que dijera: “Por favor, dame la mano”. No es “sácame de aquí”, es “dame la mano para que yo pueda continuar en este proceso”.

¿Segunda aventura en el horno?

Laura K. Roma, en tu despedida, la que me he leído antes de llegar, dices “hasta pronto, lectoras”. Y ya lo has anunciado antes: estás escribiendo. Cuéntame eso. ¿Hacia dónde va? ¿Qué sientes ahora que necesitas contarnos?

A ver, no te puedo contar muchas cosas.

No, claro, pero ¿qué sientes ahora que necesitas contar?

Estoy muy contenta. Tengo la necesidad de contar la historia de un personaje que sale en este libro y que merece que su historia sea contada.

Laura, no se puede considerar segunda parte porque no volveremos a ver a la amarrugada y al gilipollas, ¿no?

Hacen menciones, pero no vuelven a aparecer. Es un libro totalmente independiente y pasa en otro lugar.

Última pregunta: ¿qué pregunta no te he hecho en esta entrevista y te gustaría añadir?

Es que yo creo que no. Me has preguntado por la documentación, por la parte de romance… Bueno, por los personajes secundarios.

Sí.
¿Cuál es tu favorito?

Los secundarios que sostienen Lo que nunca fue nuestro

A ver, Laura. Me gusta mucho Álex. Creo que es un personaje muy razonable, es una madre y eso me genera mucho cariño. También me gusta que en los dos lados tenemos un esquema parecido, con apoyos emocionales para cada protagonista. Creo que Álex es la que más me gusta. Aunque el chef también me ha flipado por sus giros de madurez, por esa forma de decirle: “Oye, chica, no te pongas a regalar la vida, ponte las pilas”.

Es que además así es como es la industria gastronómica de alta cocina.

Sí, Laura, pero no me esperaba tanta empatía. Me esperaba el típico Jordi Cruz montado en una especie de personaje más plano. Esperaba el tópico del cocinero cabreado con la vida, muy exigente, y tú lo has roto. También me hubiese gustado leer más de la compañera de cocina, la de las salsas, porque siento que tenía un trasfondo que podía ir muy paralelo a la protagonista. Como novela me parece muy redonda. He odiado que se alargase tanto, pero también he pensado que si empezaba ya el romance se perdía la gracia. Y el final me ha parecido precioso. ¿A ti cuáles son los personajes secundarios que más te gustan?

Mi personaje secundario favorito es Carme. ¿Por qué? Porque es una señora tan entrañable… Me parece lo más. Es una señora de 70 años, icónica, que está como: “Venga, hombre, espabilad, que no os enteráis de nada”.

Le tengo muchísimo cariño, la verdad. Además, es como la figura más familiar que tiene la protagonista, además de Álex, obviamente. Carme yo creo que es mi favorita. Y Álex, pero Álex es mi protegida, que es diferente. Son conceptos diferentes.

No, Laura, yo a Carme no la tenía como secundaria porque la he visto como protagonista.

Ah, claro, claro. Es como Pepito Grillo.

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