Kuve
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Kuve: «Bailar el dolor también puede ser una forma de liberarse»

La artista murciana presenta Amore Desamore, su disco más ambicioso hasta la fecha, un relato conceptual donde el pop electrónico, el dance dosmilero y la narrativa emocional se unen para explorar el ciclo completo del amor y la ruptura

Kuve no ha concebido Amore Desamore como una simple colección de canciones. Su nuevo trabajo funciona como una narrativa emocional completa, donde el amor y el desamor se presentan como partes inevitables de un mismo recorrido vital. Tras su paso por el Benidorm Fest con Loca por ti, la artista ha apostado por desarrollar aquella energía inicial en un proyecto más ambicioso, más estructurado y profundamente personal.

Lejos de la lógica del single rápido, Kuve construye aquí una obra donde cada canción tiene una función dentro del relato. Pop electrónico, dance dosmilero, referencias a grandes divas y una identidad visual y sonora muy definida dan forma a uno de sus trabajos más sólidos hasta la fecha. En conversación con Revista YOUNG, Kuve profundiza en la arquitectura emocional del disco, el peso del esfuerzo, su evolución artística y el valor de seguir defendiendo propuestas propias en una industria marcada por la inmediatez.

“Loca por ti” como núcleo emocional del disco

¿Crees que este disco aparece a partir de tu participación en el Benidorm Fest y de la historia que comenzó con “Loca por ti”?

Sí, totalmente. De hecho, Loca por ti es prácticamente el núcleo absoluto de Amore Desamore. Todo el disco se articula en torno a esa canción porque representa un punto de inflexión dentro de la historia que quería contar. No es simplemente uno de los temas más reconocibles del álbum, sino una pieza estructural dentro de la narrativa global.

Hay una primera mitad del disco donde se desarrolla el enamoramiento: cómo nace, cómo se intensifica, cómo idealizamos ciertas emociones y cómo construimos vínculos. Y después aparece el otro gran bloque, el desamor, que no es solo ruptura, sino también caída, duelo, transformación y aprendizaje.

“Loca por ti” se sitúa justamente en ese lugar intermedio. Es el punto donde todavía existe una intensidad enorme, pero ya empiezan a aparecer tensiones, grietas o señales de cambio. Para mí era muy importante que esa canción tuviera un contexto narrativo más amplio, porque así el público puede comprender mejor de dónde nace esa emoción y hacia dónde se dirige.

No quería que fuera una canción aislada, sino parte de un relato más grande.

Un álbum cíclico donde cada oyente elige el final

El disco parece no tener un final cerrado. ¿Es una historia con continuación?

Sí, porque en realidad el amor y la vida tampoco tienen finales completamente cerrados. Esa era una de las ideas fundamentales del proyecto: construir algo cíclico, donde cada persona pueda decidir en qué punto termina o vuelve a empezar la historia.

Kuve
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Por ejemplo, si llegas a una canción como Me duelo, puedes entenderla como un final doloroso o como una etapa de transición. Después del desamor puede venir el duelo, pero también puede llegar la reconstrucción, el volver a estar bien contigo misma y, eventualmente, abrirte de nuevo a otra relación.

Por eso el disco empieza con esa idea de reconexión personal en Modo avión y luego avanza hacia otras fases emocionales. Cada oyente puede quedarse donde quiera. Puede permanecer en la soltería, en el amor, en la ruptura o reiniciar el ciclo.

Eso me parecía profundamente honesto, porque refleja cómo vivimos realmente las relaciones: no como líneas rectas, sino como procesos que se repiten, evolucionan y cambian constantemente.

Dance, drama y catarsis emocional

Tu música mezcla dance de los 2000 con letras intensas y muy emocionales. ¿Hubo dudas al unir ambos universos?

No, porque para mí esa mezcla es mi lenguaje natural. Como coproductora del disco, he tenido una libertad creativa enorme y eso me ha permitido construir exactamente el proyecto que quería, sin limitarme por expectativas externas.

Muchas veces parece que el desamor o el drama emocional deben expresarse desde una balada, desde algo lento o más introspectivo, pero yo no lo vivo así. Creo que una emoción profunda también puede bailarse, también puede convertirse en una experiencia épica, física y energética.

Para mí eso es precisamente lo que define muchas canciones del disco, incluida Loca por ti: ese equilibrio entre sentir algo muy intenso y, al mismo tiempo, poder canalizarlo desde el cuerpo, desde el baile, desde una energía casi liberadora.

Hay algo muy catártico en bailar el dolor, en transformar emociones complejas en movimiento. Y eso me interesa muchísimo.

Las referencias a la música de los 2000 están muy presentes, claro. Me encanta ese universo dance, ese pop electrónico que marcó una época, pero no quería quedarme en la nostalgia. Lo que buscaba era reinterpretar esa energía desde mi lenguaje actual.

Construcción conceptual y narrativa de Amore Desamore

¿Cómo fue el proceso creativo del disco?

Lo primero fue ordenar conceptualmente qué quería contar. Antes incluso de muchas canciones, necesitaba entender el relato completo. Construí una especie de esquema emocional para narrar una relación, aunque no de forma literal ni autobiográfica.

Me nutrí de experiencias propias, historias cercanas y emociones acumuladas en distintas etapas de mi vida. Quería construir una narrativa reconocible, donde cualquiera pudiera sentirse identificado en algún momento.

Tenía muy claro desde el principio que debía existir una diferenciación entre las dos mitades del disco. La parte del “amore” es más luminosa, juguetona y expansiva, mientras que el “desamore” es más introspectivo, más sentimental, más oscuro emocionalmente.

A nivel sonoro y lírico, todo eso estaba planteado desde el inicio. Luego vino la fase más orgánica, donde empecé a componer y desarrollar canciones durante meses, dejando que todo fluyera dentro de esa estructura.

Divas pop y referentes femeninos

¿Qué influencias musicales hay dentro del disco?

Muchísimas, sobre todo referentes femeninos. Madonna, Kylie Minogue, Britney Spears, Lady Gaga, Dua Lipa… todas esas artistas forman parte de mi ADN musical.

No son solo referencias sonoras, sino referentes de identidad artística. Son mujeres que me enseñaron desde pequeña que el pop podía ser poderoso, ambicioso, visualmente fuerte y emocionalmente profundo.

Para mí ha sido muy importante crecer con esos modelos y ahora poder reinterpretarlos desde mi propia propuesta. Amore Desamore recoge muchas de esas influencias, pero siempre desde la libertad de hacerlas mías y construir algo propio.

La dificultad de abrirse paso en la industria

¿Te has sentido infravalorada por la industria?

Sí, claro. Mi camino no ha sido fácil ni inmediato. No ha sido un ascenso rápido, sino un proceso de trabajar muchísimo, avanzar poco a poco y construir desde abajo.

Antes del Benidorm Fest ya llevaba mucho recorrido, mucho esfuerzo, muchos proyectos donde me había implicado profundamente, especialmente a nivel de producción y concepto visual. Y muchas veces sentía que todo ese trabajo no obtenía la exposición o el reconocimiento que quizá merecía.

Eso duele, frustra y desgasta, pero también enseña muchísimo. Aprendes a resistir, a seguir adelante y a entender que los “no” forman parte del proceso.

Cuando llegó el Benidorm Fest, tuve clarísimo que no podía desperdiciar esa oportunidad. Sabía perfectamente lo que me había costado llegar hasta allí y decidí aprovechar cada segundo para mostrar quién soy realmente como artista.

Aprender del rechazo y seguir construyendo

¿Qué te han enseñado los “no”?

Muchísimo. Los rechazos son duros, claro, porque cuando dedicas tanto tiempo, energía y emoción a tu proyecto, cada “no” puede sentirse muy personal. Hay momentos en los que de verdad te vienes abajo, en los que cuestionas si todo el esfuerzo está sirviendo para algo o si quizá sería más fácil rendirse. Esta industria tiene muchísimo desgaste emocional porque no siempre basta con trabajar bien; muchas veces también dependes de factores externos, de visibilidad, de timing o simplemente de oportunidades.

Pero precisamente por eso también son tan formativos. Los rechazos te obligan a desarrollar una resistencia muy fuerte, a construir perspectiva y a entender que una negativa no define necesariamente tu valor ni tu talento. Aprendes a seguir aunque las cosas no salgan cuando o como esperabas, y eso acaba fortaleciendo muchísimo.

Sí que ha habido momentos de bajón, de pensar “¿merece realmente la pena seguir peleando tanto por esto?”. Creo que cualquiera que se dedique a algo tan vocacional pasa por ahí. Pero cuando decides continuar, cuando sigues trabajando incluso en esos momentos más difíciles, luego miras atrás y entiendes que todo ese recorrido tenía un sentido. Cada paso, incluso los más frustrantes, te estaba preparando para algo mayor.

Recuerdo especialmente una conversación con Rosalía en los 40 Music Awards que para mí fue muy significativa. Tuve la oportunidad de hablar con ella sobre mi camino, sobre el Benidorm Fest y sobre todo lo que había trabajado para llegar hasta ahí. Y me dijo algo muy sencillo, pero muy potente: que si había llegado hasta ese punto era por mi trabajo y que tenía que seguir. Que no dejara de trabajar.

Escuchar eso de alguien como ella, que también conoce perfectamente las dificultades, los rechazos y el nivel de exigencia que implica esta industria, tuvo muchísimo peso para mí. A veces necesitas que alguien te recuerde desde fuera algo que en momentos de cansancio puedes olvidar: que todo lo que has conseguido no ha sido casualidad, sino fruto de tu constancia.

Y al final, eso es exactamente lo que hago. Seguir. Seguir trabajando, seguir evolucionando, seguir apostando por mi proyecto incluso cuando el camino no sea fácil, porque sé que todo lo que estoy construyendo tiene una base real y que cada etapa forma parte de algo más grande.

La evolución tras Benidorm Fest

Kuve
Kuve

¿Ha cambiado Kuve desde tu anterior disco hasta ahora?

A nivel de trabajo, sinceramente no tanto, porque siempre he sido una persona extremadamente exigente conmigo misma y muy implicada en todos los aspectos de mi carrera. Desde hace años me involucro muchísimo no solo en las canciones, sino también en la producción, la imagen, el concepto visual, la narrativa… Para mí nunca ha sido simplemente sacar música, sino construir proyectos completos y muy pensados. Esa forma de trabajar ya estaba en mí antes de esta etapa.

Lo que sí ha cambiado muchísimo es la ilusión con la que vivo todo ahora. Creo que esa es la gran diferencia. Después del Benidorm Fest y de todo lo que ha venido después, siento una respuesta mucho más inmediata y mucho más visible por parte del público. Hay una comunidad real de personas que se ha unido al proyecto, que entiende lo que hago, que conecta con ello y que me acompaña en el proceso.

Eso genera una energía completamente distinta. No porque antes no trabajara con pasión, sino porque ahora siento un respaldo mucho más tangible. Ves cómo la gente espera tus canciones, quiere verte en directo, sigue el concepto, entiende el universo que estás construyendo… y eso aporta una motivación muy especial.

Entonces sí, sigo trabajando igual de duro, porque esa disciplina siempre ha estado ahí, pero emocionalmente lo vivo desde otro lugar. Hay una sensación mucho más fuerte de conexión, de apoyo y de impulso. Y eso hace que todo el esfuerzo tenga también una recompensa emocional mucho mayor.

El directo, el Orgullo y la visibilidad

¿Qué significa para ti esta nueva etapa de conciertos y tu vinculación con el Orgullo?

Es una de las cosas más bonitas que me está dando esta etapa, sin duda. Los conciertos siempre han sido fundamentales para mí, pero ahora los vivo con una emoción incluso más fuerte porque siento esa conexión directa con el público de una manera mucho más intensa. Al final, cuando estás en una sala o en un escenario y ves a la gente cantar tus canciones, entender lo que haces y formar parte de ese universo que has creado, se genera una magia muy especial.

Los directos son probablemente el lugar donde todo cobra más sentido, porque ahí ves de forma real el impacto de tu trabajo. No es solo presentar canciones, es compartir energía, emociones y construir recuerdos con la gente que te acompaña.

Y en el caso del Orgullo, además, hay una dimensión todavía más profunda. Para mí no se trata únicamente de entretenimiento o de hacer un concierto dentro de una programación, sino de algo que también tiene un peso político, emocional y social muy importante. Participar en esos espacios implica visibilidad, representación y reivindicación.

Desde el Benidorm Fest ya tuve muy claro que quería utilizar mi escenario también para mostrar diversidad de una forma natural. Que distintas identidades, orientaciones y formas de amar estuvieran presentes de forma visible, sin necesidad de justificarlo. Porque esa representación importa muchísimo, especialmente para quienes están creciendo o buscando referentes.

Creo profundamente en aprovechar los espacios públicos y artísticos para seguir defendiendo que el amor es amor, que nadie debería cuestionar quién eres o cómo decides vivirlo, y que aunque se haya avanzado mucho, todavía queda muchísimo por hacer en términos de derechos, respeto y visibilidad para el colectivo LGTBIQ+.

Por eso para mí estar en el Orgullo no es solo una celebración, es también una responsabilidad y un privilegio. Poder utilizar mi voz y mi proyecto para aportar a esa lucha es algo que valoro enormemente.

El “después” del Benidorm Fest

¿Cómo fue bajar de ese escenario y enfrentarte al “¿y ahora qué?”

Fue un momento complejo, porque cuando bajas de un escenario como el del Benidorm Fest eres muy consciente de que has vivido un nivel de exposición enorme, uno que no es fácil repetir constantemente. Durante esos meses estás dentro de una maquinaria muy intensa, con muchísima atención mediática, foco público y una visibilidad muy concreta que evidentemente marca un antes y un después.

Entonces sí, al salir de ahí aparece inevitablemente la pregunta de “¿y ahora qué?”. Cómo mantener ese interés, cómo seguir creciendo, cómo construir una carrera sólida después de un momento tan potente. Creo que esa presión existe para cualquier artista que pasa por una plataforma así.

Pero en mi caso, mi reacción no fue parar ni tomar distancia. No pensé en descansar o en simplemente aprovechar la inercia sacando canciones rápidas porque tocaba hacerlo. Mi cabeza fue directamente hacia el trabajo. Hacia cómo podía transformar toda esa oportunidad en algo realmente duradero.

Tenía clarísimo que debía construir algo sólido, algo que no se limitara a aprovechar superficialmente el momento, sino que mostrara realmente quién soy como artista. Quería que el público que me había descubierto en Benidorm pudiera entender que detrás había una propuesta mucho más amplia, más profunda y más trabajada.

Por eso Amore Desamore se cocinó lentamente. Necesitaba tiempo para desarrollar una narrativa, un concepto, una identidad visual y sonora coherente. No quería sacar por sacar. Quería hacer un disco con sentido, con una historia clara y con una construcción cuidada en todos los niveles.

Creo que precisamente ahí estuvo la diferencia: en entender que el verdadero reto no era solo aprovechar el foco, sino convertirlo en una base desde la que seguir creciendo de forma auténtica. Y para eso hacía falta paciencia, trabajo y muchísima honestidad artística.

La pregunta pendiente

¿Eres más de amore o de desamore?

Aunque a veces pueda parecer más dramática o incluso recrearme emocionalmente en ciertas heridas —porque también forma parte de mi forma de escribir y de vivir muchas cosas—, en realidad soy profundamente de amore.

Soy una persona muy de cuidar, muy de querer, muy de construir vínculos reales con la gente que tengo cerca. Para mí las relaciones, ya sean amorosas, familiares o de amistad, tienen un peso enorme. Soy muy de los míos, muy de proteger, de sostener y de valorar profundamente a quienes forman parte de mi vida.

El desamor, claro, existe y tiene una presencia importante dentro del disco porque es una parte inevitable de muchas historias, pero incluso cuando hablo de ruptura o dolor, en el fondo sigue habiendo una defensa del amor como motor principal. Porque para que exista desamor, primero ha tenido que haber amor, y eso ya dice mucho.

Creo que, al final, el amore sigue siendo lo que verdaderamente mueve el mundo. Es lo que nos impulsa, lo que nos conecta, lo que nos hace construir cosas, aprender, caer y volver a empezar. Incluso cuando duele, sigue teniendo sentido porque forma parte de lo que somos.

Por eso, aunque me guste explorar ambas caras en mi música, en esencia sigo siendo alguien que cree profundamente en el amor y en todo lo que puede generar.

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