En apenas unos años, Hermanos Martínez ha pasado de ser un proyecto nacido alrededor de una guitarra familiar a convertirse en una de las propuestas emergentes más interesantes del panorama nacional. Con un sonido que bebe del folk, del pop acústico y de las armonías más orgánicas, el grupo ha conseguido construir una identidad propia que conecta con públicos muy distintos a ambos lados del Atlántico.
Mientras continúan presentando nuevas canciones como Volvería a elegirte y preparan el lanzamiento de su segundo álbum, previsto para este otoño, los hermanos afrontan una etapa marcada por la ilusión, la responsabilidad y la sensación de estar viviendo algo que durante mucho tiempo parecía un sueño lejano. En conversación con Revista YOUNG, repasan sus inicios, reflexionan sobre el sacrificio que implica perseguir una carrera musical y explican por qué todavía siguen creyendo en los discos en una época dominada por los sencillos.
“Todo empezó con nuestro padre y una guitarra”
Si alguien mira vuestra trayectoria en plataformas digitales, podría pensar que Hermanos Martínez nació hace muy poco. ¿Cómo fueron realmente los inicios del grupo?
La historia empieza muchísimo antes de que existiera Hermanos Martínez como proyecto. De hecho, empieza en casa, cuando éramos niños. Nuestro padre tenía una costumbre muy bonita: nos dormía tocando la guitarra. Nosotros éramos muy pequeños, prácticamente unos críos, y él se sentaba a tocar hasta que nos quedábamos completamente dormidos. Puede parecer una imagen sencilla, pero con el tiempo nos hemos dado cuenta de que gran parte de lo que somos musicalmente nace precisamente de ahí.
Aquellas noches dejaron una huella enorme en nuestra manera de entender la música. Ese sonido folk tan orgánico, las guitarras acústicas, las melodías abiertas y los estribillos que invitan a cantar vienen en gran medida de esa influencia familiar. Cuando empezamos a componer nuestras propias canciones nunca nos sentamos a pensar qué género queríamos hacer ni qué tendencia queríamos seguir. Simplemente escribíamos desde aquello que nos emocionaba y que nos salía de forma natural.
Con los años hemos ido construyendo un sonido propio, pero si tiramos del hilo hasta el origen, siempre acabamos llegando al mismo sitio: nuestro padre con una guitarra y tres niños escuchando música sin saber que aquello terminaría convirtiéndose en una forma de vida.
“Volver al origen era la mejor decisión”
Hermanos Martínez es un nombre muy directo. ¿Siempre tuvisteis claro que se llamaría así el grupo?
La verdad es que no. Como ocurre con casi todos los proyectos, hubo una etapa en la que estuvimos dándole vueltas a distintas posibilidades y aparecieron nombres de todo tipo. Algunos tenían más sentido y otros menos, y con el tiempo nos hemos reído bastante recordándolos. Incluso llegamos a valorar utilizar alguno de nuestros apellidos, como Los Cedillo, porque también forma parte de nuestra historia familiar.
Pero cuanto más pensábamos en ello, más nos dábamos cuenta de que la respuesta estaba delante de nosotros desde el principio. Todo lo que somos nace precisamente de ser hermanos. La manera en la que componemos, cómo trabajamos, cómo discutimos, cómo nos apoyamos y cómo entendemos la música está completamente condicionada por esa relación familiar.
Al final decidimos dejar de buscar algo más elaborado y volver al origen de todo. Hermanos Martínez explicaba perfectamente quiénes éramos sin necesidad de añadir nada más. Con el tiempo hemos comprobado que fue la decisión correcta porque representa exactamente la esencia del proyecto.
“Seguimos financiando el sueño”
¿Habéis podido dejar vuestros trabajos para dedicaros exclusivamente a la música?
Todavía no completamente, y creemos que también es importante contarlo porque muchas veces desde fuera existe una imagen muy idealizada de cómo funciona una carrera musical. La realidad es que poner en marcha un proyecto como este requiere muchísima inversión y muchísimos recursos.
Durante bastante tiempo nuestros trabajos han sido precisamente la herramienta que nos ha permitido financiar la música. Las grabaciones, los videoclips, los viajes, los músicos, los equipos técnicos, la promoción o las giras tienen un coste enorme que muchas veces el público no llega a ver.
Por supuesto que nuestro objetivo es poder dedicarnos únicamente a la música en algún momento, porque es el sueño que perseguimos, pero también somos conscientes de que los proyectos sólidos se construyen paso a paso. Mientras tanto seguimos trabajando, seguimos invirtiendo en el grupo y seguimos apostando por este camino porque creemos profundamente en él.
Y la verdad es que cada paso que damos nos convence aún más de que merece la pena seguir empujando.
“Las discusiones también forman parte del proyecto”
Siendo hermanos, ¿las diferencias creativas terminan llegando alguna vez a casa?
Es inevitable que ocurra. Cuando compartes tantas horas, tantas decisiones y tantos objetivos con las mismas personas, las diferencias aparecen. Y además creemos que es algo sano. Si nunca hubiera desacuerdos probablemente significaría que nadie está defendiendo realmente sus ideas.

Lo importante es que existe muchísimo respeto entre nosotros. Podemos discutir sobre una canción, sobre una producción o sobre cualquier decisión relacionada con el grupo, pero siempre desde la confianza de saber que todos buscamos lo mismo: que el proyecto sea mejor.
También hemos aprendido que muchas veces es mejor decir las cosas cuando aparecen que guardárselas. La transparencia nos ha ayudado muchísimo a lo largo de estos años. Si algo nos gusta lo decimos y si algo no nos convence también. Eso evita muchos problemas y hace que podamos avanzar con más honestidad.
Al final somos hermanos antes que compañeros de trabajo, y quizá precisamente por eso las discusiones nunca se convierten en algo realmente grave. Forman parte del proceso y muchas veces terminan ayudándonos a tomar mejores decisiones.
“Volvería a elegirte también habla de nuestra relación con la música”
Acabáis de publicar “Volvería a elegirte”, una canción muy romántica. Si trasladamos ese mensaje a vuestra relación con la música, ¿qué os gustaría volver a sentir como la primera vez?
Lo curioso es que algunas de esas sensaciones siguen apareciendo constantemente. A veces la gente piensa que cuando llevas tiempo haciendo música te acostumbras a todo, pero no es verdad. Hay momentos que siguen teniendo exactamente la misma intensidad que la primera vez.
Cuando ves a un público cantando una canción que escribiste en tu habitación, cuando escuchas a miles de personas coreando una letra que nació de una conversación cualquiera o cuando alguien te cuenta que una canción tuya le ha acompañado en un momento importante de su vida, vuelves a sentir exactamente esa misma emoción inicial.
Quizá lo que más nos gustaría conservar para siempre es precisamente esa capacidad de sorprendernos. Seguir emocionándonos cuando una canción conecta con alguien. Seguir sintiendo nervios antes de salir al escenario. Seguir teniendo la sensación de que todo esto es un regalo y no algo que damos por hecho. Porque cuando pierdes eso, probablemente también pierdes una parte importante de lo que significa hacer música.
“Nuestra madre no salió precisamente encantada”
Hay una canción muy divertida como “Rottenmeier”. ¿Cómo reaccionó vuestra madre cuando descubrió que estaba inspirada en ella?
Por suerte no se enteró escuchando el disco por sorpresa, porque probablemente habría sido bastante peor. Antes de que saliera la canción tuvimos que sentarnos con ella y explicarle un poco la historia para que entendiera el tono con el que estaba escrita.
La reacción fue exactamente la que cabía esperar. Escuchó la canción, se levantó y soltó algo parecido a que llevaba casi treinta años educándonos para terminar convirtiéndose en protagonista de una canción así. Nos hizo muchísima gracia porque, en realidad, esa respuesta demostraba que había entendido perfectamente el sentido del tema.
Al final la canción está hecha desde el cariño y desde el humor. Todos tenemos figuras familiares que en algún momento nos recuerdan un poco a la famosa señora Rottenmeier, y precisamente por eso la gente conecta tanto con ella.
Lo mejor fue comprobar que incluso ella terminó entrando en la broma y tomándoselo con sentido del humor.
El vértigo de escuchar a 10.000 personas cantar una canción tuya
¿Cuál es el último momento en el que os habéis emocionado especialmente gracias a la música?
Hay muchos, pero uno de los más impactantes fue sin duda el Auditorio Nacional de México. Ver a más de diez mil personas cantando una canción que escribiste en casa es algo muy difícil de explicar con palabras.
Además, es un recinto que está diseñado de una manera muy especial. Desde el escenario tienes una visión enorme del público y da una sensación casi vertiginosa. De repente miras hacia delante y ves miles de personas cantando una letra que nació en una libreta, en una habitación cualquiera, sin imaginar que algún día iba a cruzar un océano.
Lo emocionante no es solo la cantidad de gente. Lo que realmente impacta es darte cuenta de que la música ha viajado muchísimo más lejos de lo que imaginabas. Que personas que han crecido en otro país, con otra realidad y otra cultura, han encontrado algo suyo dentro de tus canciones. Ahí es cuando entiendes que la música tiene una capacidad increíble para conectar personas que probablemente nunca se habrían encontrado de otra manera.
“Latinoamérica es uno de nuestros grandes sueños”

Ahora que volvéis a preparar conciertos internacionales, ¿qué países os gustaría visitar?
México siempre ocupa un lugar muy especial porque ha sido uno de los países que más cariño nos ha dado desde el principio. Ciudades como Ciudad de México, Monterrey o Guadalajara ya forman parte de nuestra historia y siempre tenemos ganas de volver.
Pero también vemos constantemente mensajes de personas de Chile, Argentina, Colombia, Venezuela y muchos otros países. Cuando analizas los datos de escucha te das cuenta de que hay una comunidad enorme esperando que cruces el charco.
Y eso es algo que nos ilusiona muchísimo. Porque al final no hablamos únicamente de hacer conciertos, sino de encontrarnos cara a cara con personas que llevan meses o años escuchando nuestras canciones desde la distancia. Poder compartir eso en directo es una de las cosas que más ilusión nos hace para el futuro.
“La colaboración más grande que hemos soñado”
Habéis adelantado que el próximo disco llegará en octubre. ¿Cómo afrontáis esta nueva etapa?
Con muchísima ilusión, porque sentimos que estamos construyendo el proyecto más ambicioso que hemos hecho hasta ahora. Durante los últimos meses hemos estado trabajando en canciones nuevas, colaboraciones y una dirección artística que nos tiene especialmente emocionados.
Además, este próximo disco incluye colaboraciones que hace apenas unos años habrían parecido completamente imposibles para nosotros. Hay una en particular que nos hace muchísima ilusión porque hablamos de uno de los nombres más importantes de la música en español. Todavía no podemos decir nada, pero sinceramente es una de esas cosas que hace unos años habríamos considerado un sueño imposible.
Más allá de los nombres, lo que nos ilusiona es sentir que seguimos creciendo. Que las canciones evolucionan, que el proyecto sigue avanzando y que cada vez tenemos más herramientas para contar mejor quiénes somos.
“La madurez también consiste en pensar un poco más”
¿Ha cambiado vuestra forma de componer y de trabajar desde que el proyecto empezó a crecer?
Sí, aunque probablemente no de la manera que podría parecer desde fuera. Seguimos siendo las mismas personas y seguimos escribiendo canciones desde los mismos lugares emocionales que al principio. Lo que ha cambiado es la experiencia y la perspectiva.
Antes éramos mucho más impulsivos. Hacíamos las cosas casi sin pensar en las consecuencias, dejándonos llevar por la emoción del momento. Y eso también tenía su parte bonita. Pero con el tiempo hemos aprendido que un proyecto necesita cierta organización para poder crecer de forma sostenible.
Ahora seguimos manteniendo esa espontaneidad, pero le añadimos algo más de reflexión. Pensamos mejor las decisiones, planificamos más los lanzamientos y entendemos mejor cómo funciona todo lo que rodea a la música.
No creemos que eso nos haya hecho perder frescura. Más bien sentimos que forma parte de una madurez natural, tanto personal como profesional. Seguimos siendo los mismos, pero quizá ahora entendemos mejor hacia dónde queremos ir y cómo llegar hasta allí.
La historia detrás de “Contacto de emergencia”
¿Cómo surgió la colaboración con Mau y Ricky?
Fue una experiencia muy especial porque nació de una forma completamente natural. La primera vez que nos reunimos ni siquiera compusimos. Pasamos horas hablando de nuestras vidas, compartiendo experiencias y conociéndonos. Fue una de esas tardes donde la conexión humana aparece antes que la musical.
La canción nació durante un segundo encuentro. Estábamos hablando y Ricky apareció con muletas. Evidentemente le preguntamos qué había ocurrido y nos contó que había sufrido un accidente de moto el día anterior. Mientras explicaba la historia dijo algo que nos llamó muchísimo la atención: durante el accidente, antes incluso de pensar en cómo estaba él, pensó en cómo iba a contárselo a una persona concreta.
Esa idea nos pareció increíble. Todos tenemos a alguien que ocupa ese lugar. Una persona a la que llamaríamos en un momento importante, en una emergencia o cuando necesitamos compartir algo urgente. A partir de ahí empezó a construirse la canción. Lo bonito es que no nació buscando una fórmula, sino a partir de una conversación real entre cinco personas.
“Seguimos creyendo en los discos”
Muchos artistas apuestan únicamente por lanzar sencillos. ¿Por qué seguís apostando por los álbumes?
Porque seguimos creyendo profundamente en el valor de los discos. Es verdad que la industria ha cambiado muchísimo y que hoy en día el consumo musical es muy distinto, pero para nosotros un álbum sigue siendo una forma de contar una historia más completa.
Nos gusta publicar canciones de manera individual porque creemos que cada una merece su espacio, su tiempo y su recorrido. Nos parece bonito que la gente pueda descubrirlas poco a poco y convivir con ellas antes de llegar al disco completo.
Pero al mismo tiempo sentimos que un álbum ofrece algo que los sencillos por separado no pueden dar. Permite entender mejor una etapa concreta de tu vida, un momento artístico determinado y una colección de canciones que dialogan entre sí. Nos gusta pensar que cuando alguien escucha un disco entero está entrando durante un rato en nuestro universo.
Por eso seguimos apostando por ese formato. No porque sea más fácil o más rentable, sino porque sentimos que forma parte de nuestra manera de entender la música.
“Hay sueños que no puedes seguir ignorando”

¿Cuándo decidisteis que esto dejaba de ser un hobby para convertirse en un proyecto serio?
Hubo un momento muy concreto donde entendimos que ya no podíamos seguir mirando hacia otro lado. Durante mucho tiempo compatibilizamos la música con nuestras vidas normales, nuestros trabajos y nuestras responsabilidades. Pero llegó un punto donde la sensación era muy clara: había algo dentro de nosotros que nos estaba pidiendo dar un paso adelante.
Recuerdo perfectamente esa conversación porque la idea que apareció fue muy simple: hay sueños que no puedes seguir ignorando. Puedes aplazarlos durante un tiempo, puedes buscar excusas o intentar convencerte de que ya llegará otro momento, pero al final hay una voz que sigue insistiendo.
Tomar la decisión daba miedo porque sabíamos que el camino iba a ser complicado. Pero también entendimos que habría sido mucho peor quedarnos con la duda de qué habría pasado si lo hubiéramos intentado. Desde entonces han llegado experiencias increíbles, giras, conciertos, viajes, canciones y personas que jamás habríamos conocido de otra manera.
Y cada una de esas experiencias confirma que mereció la pena dar aquel paso.
“Nadie nos ha dicho que sea imposible”
¿Vale la pena todo el esfuerzo que exige una carrera musical?
Sin ninguna duda. Es un sí rotundo.
Evidentemente hay sacrificios. Hay viajes, cansancio, incertidumbre económica y momentos donde las cosas no salen como imaginabas. Pero también hay una cantidad de experiencias y emociones que compensan todo eso de una forma enorme.
Además tenemos una ventaja muy importante: somos tres hermanos. Compartimos las alegrías, pero también los momentos difíciles. Cuando uno está más cansado, los otros dos empujan. Cuando uno duda, los demás recuerdan por qué empezamos.
Nos gusta trabajar. Nos gusta esforzarnos. Nunca hemos sido de buscar atajos. Y creemos que precisamente las cosas que más cuestan son las que más valor terminan teniendo. Sabemos que el camino es complicado, sabemos que hay miles de artistas intentando llegar al mismo sitio, pero también sabemos una cosa: nadie nos ha dicho que sea imposible.
“Seguimos siendo los mismos, pero ahora pensamos más las cosas”
¿Ha cambiado vuestra manera de trabajar desde que el proyecto ha crecido?
Sí, aunque probablemente no de la forma que mucha gente imagina. Seguimos siendo las mismas personas y seguimos componiendo desde el mismo lugar emocional que al principio. Lo que ha cambiado es que ahora entendemos mejor cómo funciona todo este mundo.
Quizá antes éramos más impulsivos, más inconscientes en algunos aspectos. Ahora hay más planificación, más organización y más reflexión detrás de cada paso. También tenemos un equipo alrededor que nos ayuda muchísimo y eso te obliga a asumir responsabilidades diferentes.
Pero lo importante es que el corazón del proyecto sigue siendo exactamente el mismo. Seguimos haciendo las canciones que nos gustan, seguimos defendiendo las ideas en las que creemos y seguimos intentando disfrutar del proceso. La diferencia es que ahora tenemos más herramientas para hacerlo mejor.
“Lo mejor que nos llevamos de una gira son las historias”
Cuando termina una gira, ¿qué es lo que realmente os lleváis a casa?
Más allá de los conciertos, de los números o de las fotografías, lo que realmente nos llevamos son las historias.
Nos han regalado sombreros, guitarras, camisetas personalizadas y muchísimas cosas increíbles. Pero quizá el regalo que más nos marcó fue una caña de pescar. Puede parecer extraño, pero detrás había una historia preciosa. Una persona nos explicó que estaba pescando mientras escuchaba una de nuestras canciones cuando decidió pedir matrimonio a su pareja. Y años después nos regaló aquella misma caña.
Ese tipo de cosas son las que realmente permanecen. Porque dejan de ser objetos y se convierten en recuerdos cargados de significado. Ahí es cuando entiendes que las canciones ya no te pertenecen únicamente a ti. Forman parte de la vida de otras personas.
Y probablemente eso sea lo más bonito que puede pasarle a un músico.











