Hay discos que funcionan como una colección de canciones y otros que terminan retratando un momento vital completo. Vaivén, el primer álbum de Salistre, pertenece claramente a esta segunda categoría. El grupo gaditano ha construido un trabajo donde el amor, las rupturas, la nostalgia, la familia y la identidad andaluza conviven bajo una misma idea: la vida entendida como un movimiento constante, como una marea emocional que nunca se queda quieta.
Después de un último año marcado por conciertos, composición, grabaciones y una exposición cada vez mayor, Salistre se encuentra en uno de esos momentos donde todo parece empezar a acelerarse. Su música ya no se mueve únicamente entre Cádiz y Andalucía. Empieza a sonar en radios, conversaciones, fiestas y playlists de todo el país. Y ellos lo viven todavía con una mezcla de sorpresa, naturalidad y muchísima emoción.
En conversación con Revista YOUNG, Salistre habla sobre la construcción de Vaivén, el significado de canciones como Pamimare, la presión de publicar un primer disco, la industria musical y la importancia de seguir haciendo música desde un lugar honesto.
“De repente escuchábamos nuestro nombre en todas partes”
¿Cómo estáis viviendo este último año después del crecimiento tan fuerte que habéis tenido?
La verdad es que lo estamos viviendo muy intensamente, porque ha sido un año donde prácticamente no hemos parado. Hemos pasado de estar centrados únicamente en hacer canciones y tocar a empezar a notar que el proyecto estaba creciendo muchísimo más rápido de lo que quizá imaginábamos al principio.
También ha sido un año de adaptación. De acostumbrarnos a un ritmo de entrevistas, conciertos, viajes, grabaciones, videoclips… y al mismo tiempo seguir componiendo un disco que nos ha exigido muchísimo emocional y físicamente.
Todo el proceso de Vaivén se ha construido mientras seguíamos girando con el repertorio anterior, así que muchas veces estábamos compaginando conciertos con estudio, composición y producción casi sin descanso. Ha habido momentos bastante agotadores, sinceramente, porque sentíamos que el proyecto iba creciendo y queríamos estar a la altura de todo lo que estaba pasando alrededor.
Pero ahora que el disco ya ha salido, la sensación es muy bonita. Estamos disfrutándolo mucho más porque por fin podemos compartirlo con la gente y ver cómo las canciones empiezan a encontrar su lugar.
“Nunca hemos hecho música pensando en gustar”
¿Habéis utilizado al público como una especie de prueba antes de lanzar algunas canciones?
No realmente. Sí que hemos adelantado algunos temas en conciertos porque nos apetecía compartir algo nuevo con la gente que venía a vernos, casi como una especie de regalo para quienes llevan tiempo acompañándonos y siguiendo el proyecto desde cerca. Nos hacía ilusión que pudieran escuchar antes que nadie parte de lo que estábamos construyendo, pero nunca lo hemos hecho desde una estrategia de probar canciones para ver si funcionan o no de cara al disco.
Nosotros hacemos música desde un lugar muy natural y muy honesto. Al final, las canciones que terminan entrando en el disco son las que sentimos que de verdad nos representan en ese momento, las que tienen sentido dentro de lo que queremos contar y dentro del universo emocional de Salistre. Nunca hemos trabajado pensando exclusivamente en qué puede funcionar mejor comercialmente o qué puede encajar más dentro de una tendencia concreta.
De hecho, creo que si empezáramos a construir canciones pensando únicamente en agradar o en responder a lo que supuestamente espera el público, perderíamos una parte muy importante de nuestra identidad. Lo que nos interesa es seguir haciendo música que nos emocione primero a nosotros, que sintamos real y cercana. Luego ya será la gente quien conecte con ella o la haga suya.
Y creo que precisamente ahí está una de las claves de lo que está pasando con el proyecto. La gente percibe que no hay una búsqueda artificial detrás, que las canciones salen desde un lugar sincero, sin demasiados cálculos. Y cuando algo está hecho de verdad desde ahí, al final termina llegando de una forma mucho más fuerte y mucho más auténtica.

“Pamimare” y la dificultad de escribirle a una madre
“Pamimare” es probablemente una de las canciones más emotivas del disco. ¿Fue difícil escribir algo tan personal?
Muchísimo, porque además estamos acostumbrados muchas veces a escribir desde la metáfora, desde dobles sentidos o desde lugares más ambiguos emocionalmente. Cuando escribes una canción de amor romántico quizá puedes esconder ciertas cosas detrás de imágenes o recursos más poéticos, pero cuando le cantas a una madre todo cambia.
Ahí no quieres caer en algo excesivamente cursi, pero tampoco quieres esconder la emoción real. Y encontrar ese equilibrio fue complicado. Nos costó mucho encontrar la manera correcta de decir ciertas cosas sin perder verdad ni sensibilidad.
La canción además nació en un momento muy especial para nosotros, justo antes de uno de los conciertos más importantes que hemos hecho en Cádiz. Estábamos todos muy sensibles, muy nerviosos, muy emocionados, y creo que eso hizo que conectáramos muchísimo con lo que estábamos escribiendo.
Y luego también está la parte más personal. Mientras escribes inevitablemente piensas en tu madre, en tu familia, en tu infancia y en todo lo que representan para ti. Eso emocionalmente pesa muchísimo mientras compones.
Los acordes heredados de la familia
En “Pa’mi mare” habláis de acordes que os enseñaron vuestros padres. ¿Es una imagen metafórica o algo real?
Es completamente real, pero al mismo tiempo tiene una carga simbólica muy bonita. En el caso de Raúl, por ejemplo, sí existe literalmente esa herencia musical porque fue su padre quien le enseñó a tocar la guitarra, así que de alguna forma esos acordes forman parte también de una memoria familiar y emocional muy concreta.
Pero la frase va mucho más allá del instrumento en sí mismo. También habla de todo lo que heredamos emocionalmente de nuestra familia sin darnos cuenta. A veces no es solo aprender un acorde, una técnica o una manera de tocar, sino aprender una sensibilidad, una forma de vivir la música o incluso una forma de enfrentarte a la vida.
Muchas veces nuestros padres o la gente que nos rodea dejan cosas en nosotros que luego aparecen años después casi de manera inconsciente. Una forma de hablar, de sentir, de emocionarte con ciertas canciones o incluso de relacionarte con otras personas. Y creo que esa frase recoge un poco todo eso.
Además, lo bonito de las canciones es precisamente que cada persona puede llevarlas a su propio terreno. Habrá quien la escuche desde un lugar puramente musical y piense en alguien que le enseñó a tocar un instrumento, pero también habrá quien conecte con ella desde algo mucho más emocional o familiar, desde recuerdos, enseñanzas o vínculos personales.
Y creo que cuando una canción permite esa lectura abierta y consigue que cada uno la complete con sus propias experiencias, es cuando realmente cobra vida de verdad.
“Vaivén” como resumen de quiénes son
¿Por qué decidisteis llamar Vaivén al disco?
Curiosamente, “Vaivén” fue la última canción que compusimos para el disco. Teníamos prácticamente todo terminado, las canciones ya estaban muy encaminadas y sentíamos que el álbum funcionaba, pero al mismo tiempo nos daba la sensación de que faltaba una pieza que resumiera realmente quiénes somos como grupo y qué queríamos transmitir con este proyecto.
Necesitábamos una canción que funcionara casi como una carta de presentación definitiva para alguien que nunca hubiera escuchado a Salistre. Un tema capaz de explicar nuestro pasado, nuestro presente, nuestras emociones y también esa conexión tan fuerte que tenemos con Cádiz, con el mar, con nuestra tierra y con la forma en la que entendemos la música y la vida.
La idea del “vaivén” además nos parecía muy representativa de todo el recorrido emocional del disco. Al final, las relaciones, las dudas, los cambios, las alegrías y las pérdidas funcionan muchas veces así, como una marea que sube y baja constantemente, que te mueve de un lado a otro y que nunca permanece quieta. Y sentimos que todas las canciones, aunque fueran diferentes entre sí, compartían precisamente esa sensación de movimiento emocional continuo.
Por eso cuando apareció esa canción entendimos rápidamente que no solo tenía que estar dentro del álbum, sino que además debía darle nombre. Porque resumía perfectamente todo lo que queríamos transmitir tanto musical como emocionalmente.
Un disco que también habla de crecer
Escuchando el álbum entero se percibe un recorrido emocional bastante claro. ¿Lo planteasteis así desde el principio, Salistre?
Sí, aunque quizá no lo planteamos desde el principio como un disco completamente conceptual o con una estructura narrativa cerrada, sí que éramos conscientes de que todas las canciones compartían un mismo universo emocional y una misma forma de entender lo que queríamos transmitir como grupo.
Al final, aunque musicalmente haya momentos muy distintos dentro del álbum, todas las canciones están conectadas por temas muy humanos y muy cercanos. Hay canciones mucho más románticas, otras más luminosas, otras más nostálgicas o familiares, pero todas terminan hablando de vínculos, de relaciones humanas y de cómo atravesamos distintas etapas emocionales a lo largo de la vida.
Creo que el disco tiene mucho de crecimiento personal, de aceptar cambios y de entender que las emociones no son estáticas. Igual que el mar cambia constantemente, nosotros también vamos cambiando, evolucionando, atravesando momentos distintos, relaciones diferentes y maneras nuevas de ver las cosas. Y eso está muy presente en todo el álbum, incluso cuando las canciones hablan de situaciones aparentemente diferentes entre sí.
Por eso Vaivén nos parecía un nombre tan natural y tan representativo. Porque resumía perfectamente esa sensación de movimiento continuo, de subidas y bajadas emocionales, de etapas que vienen y van y de esa manera tan cambiante que tiene la vida de llevarte de un sitio a otro casi sin darte cuenta.
El vinilo de Salistre y la importancia de lo físico
¿Qué encontrarán los fans dentro del vinilo de Salistre?
Le hemos dado muchísima importancia al formato físico porque queríamos que tuviera realmente algo especial y que no fuera simplemente un objeto más o una reproducción del disco en grande. Hoy en día, con lo rápido que se consume la música y con todo tan digitalizado, nos apetecía recuperar un poco esa sensación de tener algo tangible, algo que puedas abrir, mirar con calma y sentir casi como una extensión del propio universo del álbum.
Todo el diseño está muy ligado al mar, a Cádiz, a la espuma, a las texturas del agua y a toda la identidad visual que atraviesa Vaivén. Queríamos que el vinilo transmitiera esa sensación de movimiento, de marea, de emociones que suben y bajan constantemente, igual que ocurre en las canciones.
De hecho, cuando abres el vinilo aparece una fotografía enorme de nosotros dentro del agua, como si estuviéramos literalmente atrapados dentro de esas turbulencias emocionales que atraviesan el disco. Nos gustaba mucho esa imagen porque representa muy bien la esencia del proyecto: cuatro personas moviéndose entre emociones, relaciones, recuerdos y cambios constantes, igual que el mar cuando está en movimiento.
También hemos querido cuidar muchísimo todos los detalles interiores. Están los créditos, los agradecimientos, los músicos, los productores y toda la gente que ha formado parte del proceso, porque para nosotros era importante dar valor a todas las personas que han ayudado a construir este disco. Y además hay una canción exclusiva que no está disponible en plataformas digitales, algo pensado especialmente para quienes decidan tener el vinilo físicamente.
Nos apetecía mucho que quien lo comprara sintiera que tiene entre las manos algo íntimo, especial y muy conectado con nosotros, no solo un producto musical, sino casi una pequeña pieza del universo emocional de Vaivén.
“La industria está dominada por los números”
¿Qué cambiaríais de la industria musical actual?
Muchas cosas, sinceramente. Sentimos que ahora mismo la industria musical está demasiado dominada por los números, las métricas, la inmediatez y todo lo que tiene que ver con el impacto rápido. Muchas veces parece que las canciones duran una semana y que todo se mueve a una velocidad tan exagerada que cuesta encontrar espacio para proyectos que necesitan tiempo para crecer y desarrollarse de forma más natural.
Y eso al final deja fuera a muchísimos artistas increíbles. Hay músicos brutales, compositores impresionantes y proyectos muy honestos que nunca llegan a tener verdadera visibilidad simplemente porque no encajan dentro de ciertos algoritmos o dinámicas de consumo rápido. A veces parece que si algo no explota inmediatamente en redes o no funciona en números desde el primer día, ya pierde valor, y creemos que eso es bastante injusto para muchísima gente que está haciendo música increíble.
Da pena porque muchas veces la sensación es que lo importante ya no es tanto la música en sí misma, sino todo lo que la rodea: la viralidad, el contenido constante, los números, las tendencias… y se pierde un poco el foco en la canción, en el músico o en el valor artístico real de un proyecto.
Nosotros conocemos muchísimos artistas y músicos que admiramos profundamente y que tienen un talento increíble, pero que apenas tienen oportunidades reales de mostrarse o de llegar a más gente. Y eso es algo que nos da bastante rabia, porque muchas veces el público ni siquiera llega a descubrir toda esa música simplemente porque el sistema funciona de otra manera.
También creemos que cada vez cuesta más que aparezcan proyectos que se cocinen lentamente, que crezcan poco a poco y que tengan tiempo de encontrar su identidad sin esa presión constante de generar resultados inmediatos. Y nosotros precisamente intentamos proteger mucho esa parte más auténtica y más artesanal de hacer música, aunque a veces vaya un poco en contra de cómo funciona la industria actual.
“La presión existe, pero seguimos haciendo lo que queremos”
¿Salistre, ha cambiado vuestra manera de trabajar desde que el proyecto empezó a crecer tanto?
Sí y no. A nivel creativo seguimos funcionando igual, porque hacemos la música que nos nace y lo que realmente sentimos. Nunca hemos querido repetir fórmulas únicamente porque algo haya funcionado.
Pero sí es verdad que ahora existe una presión diferente. Trabajamos con gente que lleva muchísimos años en la industria y eso automáticamente eleva el nivel de exigencia.
Nos volvemos mucho más perfeccionistas con la producción, con los detalles, con cómo presentamos cada canción y con cómo construimos el proyecto globalmente.
La presión existe, claro, pero no desde el miedo a cambiar, sino desde querer hacer las cosas lo mejor posible.
“No queremos ponernos fechas límite”
¿Pensáis ya en un próximo disco de Salistre?
Música va a seguir habiendo seguro, eso lo tenemos clarísimo. Al final, más allá de un disco concreto o de una etapa determinada, nosotros vivimos constantemente componiendo, imaginando cosas nuevas y hablando de canciones. La música forma parte de nuestra vida diaria y eso no va a cambiar.
Pero una de las cosas más importantes que hemos aprendido durante todo el proceso de Vaivén es precisamente a no obsesionarnos tanto con las fechas, los tiempos o la necesidad de sacar cosas constantemente. Este disco nos ha enseñado muchísimo sobre los procesos creativos y sobre la importancia de dejar que las canciones maduren de verdad.
Hubo momentos donde entendimos que intentar acelerar ciertas cosas artificialmente solo generaba presión y terminaba siendo contraproducente. A veces una canción necesita tiempo para encontrar su forma definitiva, para respirar, para crecer emocionalmente o incluso para que tú mismo entiendas realmente qué quieres hacer con ella.

Y creemos que precisamente muchas de las cosas bonitas que tiene Vaivén nacen de haber respetado esos tiempos. De no haber intentado terminar el disco deprisa simplemente por cumplir una fecha o por seguir el ritmo frenético que muchas veces marca la industria.
Por eso ahora tenemos bastante claro que el siguiente proyecto llegará cuando realmente sintamos que está listo y que tiene sentido hacerlo, no porque toque sacar música rápidamente o porque exista una presión externa. Preferimos tardar más y hacer algo con lo que nos sintamos plenamente identificados antes que publicar canciones solo por mantener una dinámica constante.
Al final, creemos que las canciones también necesitan vida y experiencia detrás, y eso no siempre puede forzarse.
“Nos gustaría llevar Salistre a Latinoamérica” – Salistre
¿Os imagináis Salistre de gira por Latinoamérica?
Totalmente. De hecho, es algo que nos hace muchísima ilusión. Ya estuvimos hace un tiempo muy brevemente y la sensación fue increíble. Tenemos muchísimos oyentes allí y sentimos que nuestra música puede conectar muy bien con ese público. Ojalá el año que viene podamos volver y hacer una gira mucho más grande.
“La música tiene que dejar recuerdos”
¿Qué significa realmente Salistre para vosotros fuera del escenario?
Creo que tiene muchísimo que ver con compartir. Para nosotros Salistre nace precisamente de esos momentos sencillos que muchas veces terminan siendo los más importantes: una guitarra en la playa, una conversación tranquila de madrugada, una noche con amigos, unas cervezas después de un concierto o simplemente un instante donde todo se siente real, natural y sin demasiadas pretensiones.
La música para nosotros nunca ha estado separada de esa forma de vivir. No entendemos las canciones únicamente como algo profesional o como un producto, sino como una manera de conectar con la gente y también entre nosotros mismos. Muchas de las canciones nacen precisamente de experiencias compartidas, de conversaciones cotidianas, de emociones pequeñas que luego terminan convirtiéndose en algo mucho más grande cuando las llevas a la música.
Nos gusta muchísimo esa parte cercana, sencilla y humana que todavía conserva la música cuando se hace desde un lugar honesto. Porque al final, más allá de los escenarios, las plataformas o la industria, lo realmente importante sigue siendo construir recuerdos y conexiones reales con la gente. Que alguien escuche una canción nuestra y la relacione con un verano, con un viaje, con una amistad o con una etapa concreta de su vida nos parece algo muy fuerte.











