Warner Bros. es uno de los estudios más antiguos y conocidos de Hollywood. A lo largo de su historia ha conseguido algunos de los mayores éxitos del cine, pero durante los últimos años también ha tomado decisiones bastante difíciles de entender desde fuera. Una de las que más polémica generó fue la de cancelar películas que ya estaban rodadas o prácticamente terminadas, algo que ocurrió primero con Batgirl y que poco después volvió a repetirse con Coyote vs. Acme.
Una película terminada que Warner decidió no estrenar
En el caso de Batgirl, dirigida por Adil El Arbi y Bilall Fallah, Warner decidió no estrenarla pese a que el rodaje estaba completado y la película se encontraba ya en una fase muy avanzada de posproducción. Poco después ocurrió algo parecido con Scoob! Holiday Haunt, y la sensación empezó a ser que cualquier proyecto podía desaparecer si la compañía consideraba que económicamente no le compensaba seguir adelante con él.
Coyote vs. Acme siguió ese mismo camino. La película estaba terminada, había pasado por proyecciones de prueba y todo parecía encaminado hacia su estreno, pero Warner decidió guardarla en un cajón. La compañía consideró que resultaba más rentable asumir la pérdida y beneficiarse de determinadas ventajas fiscales que invertir más dinero en publicidad y distribución. Para el público, la consecuencia era bastante sencilla: una película completamente terminada podía no verse nunca.

La decisión llamó especialmente la atención porque quienes habían tenido oportunidad de verla durante sus pases previos hablaban bastante bien de ella. La reacción dentro de la industria también fue negativa y terminó provocando que Warner permitiera buscar un comprador. Durante un tiempo hubo interés de diferentes plataformas y estudios, entre ellos Netflix, Amazon y Paramount, pero ninguna negociación llegó a buen puerto y parecía que la película iba a quedarse definitivamente sin estreno.
Ketchup Entertainment acabó rescatándola
La situación cambió cuando apareció Ketchup Entertainment, una pequeña distribuidora que terminó pagando alrededor de 50 millones de dólares por los derechos norteamericanos. La compañía ya había tenido relación con los Looney Tunes a través de The Day the Earth Blew Up y decidió apostar también por una película que Warner había dado prácticamente por perdida.
Ketchup se encargó de llevar Coyote vs. Acme a las salas estadounidenses, mientras que los derechos internacionales se fueron vendiendo a diferentes compañías. En España es Beta Fiction Spain quien la distribuye, haciendo posible que podamos verla finalmente en pantalla grande después de años de incertidumbre. Después de todo lo ocurrido alrededor del proyecto, resulta casi extraño sentarse en una sala y comprobar que aquella película de la que durante tanto tiempo se habló como algo que quizá nunca veríamos realmente existe y estaba lista para estrenarse.
Todo este recorrido hace que sea difícil separar la película de lo que ocurrió fuera de la pantalla. No estamos simplemente ante una nueva producción de los Looney Tunes, sino ante una cinta que ha tenido que sobrevivir a las decisiones del propio estudio que la financió, a varios intentos fallidos de venta y a la posibilidad real de desaparecer antes incluso de llegar al público.
El Coyote decide demandar a Acme
Tras toda esta odisea, la película parte de una idea muy sencilla y bastante divertida. El Coyote lleva años comprando todo tipo de inventos fabricados por Acme para intentar capturar al Correcaminos. Cohetes, explosivos, catapultas, imanes y máquinas de toda clase que siempre terminan fallando de una manera u otra y, generalmente, explotándole en la cara.

Cansado de acumular accidentes y de comprobar que prácticamente ningún producto funciona como debería, decide hacer algo que nunca habíamos visto en los dibujos: demandar a Acme. La compañía que lleva toda la vida vendiéndole inventos defectuosos acaba convirtiéndose así en su nuevo enemigo, aunque esta vez la batalla no se libra en el desierto ni con dinamita, sino en los tribunales.
Aquí entra en escena Kevin Avery, interpretado por Will Forte, un abogado acostumbrado a encargarse de casos pequeños y poco complicados. Su método consiste básicamente en aceptar demandas sencillas, llegar a un acuerdo económico y pasar rápidamente al siguiente cliente. Representar al Coyote parece al principio otro trabajo más, pero muy pronto descubre que enfrentarse a Acme no tiene absolutamente nada que ver con los asuntos que suele manejar.
Un abogado pequeño contra una empresa enorme
Acme no es simplemente una empresa que fabrica trampas para dibujos animados. Dentro del universo de la película se presenta como una enorme corporación cuyos productos están prácticamente en todas partes y que vende tanto a humanos como a personajes animados. Tiene dinero, abogados, influencia y suficientes recursos como para conseguir que cualquier problema desaparezca antes de que llegue demasiado lejos.

Es como si una persona corriente intentara enfrentarse a una empresa del tamaño de Apple o Microsoft. Sobre el papel, la batalla parece perdida desde el principio, porque no importa únicamente quién tenga razón, sino cuánto dinero y poder puede utilizar cada parte para demostrarlo. Ahí es donde la película encuentra buena parte de su historia, colocando a un abogado acostumbrado a pequeñas demandas delante de una compañía que podría aplastarlo sin demasiado esfuerzo.
Kevin tendrá que reunir todas las pruebas posibles junto a Paige Avery, interpretada por Lana Condor, mientras el tiempo juega en su contra y el propio Coyote tampoco facilita demasiado las cosas. Aunque sea la víctima de este caso, sigue funcionando con las reglas habituales de los Looney Tunes y eso significa que cada intento por avanzar puede terminar con una explosión, una caída desde varios metros o algún nuevo desastre provocado por uno de los productos de Acme.
John Cena pone cara al poder de Acme
En el lado contrario aparece John Cena como Buddy Crane, el abogado de Acme y antiguo jefe de Kevin. Es él quien representa el músculo de la empresa, aunque en esta ocasión Cena no tenga que enseñar demasiado los suyos propios. Su personaje está completamente integrado en la lógica de la corporación y se dedica a utilizar todos los recursos que tiene a su alcance para impedir que la demanda del Coyote llegue demasiado lejos.

Por encima de él está el Gallo Claudio, convertido aquí en uno de los grandes responsables de Acme. La elección funciona precisamente porque mezcla la imagen absurda de uno de los Looney Tunes con el papel de gran empresario que controla una compañía gigantesca. La película juega constantemente con ese contraste entre situaciones bastante reconocibles del mundo real y personajes que siguen respondiendo a las normas de los dibujos animados.
Ese choque es también uno de los elementos que mejor funcionan en la comedia. Los humanos intentan mantener cierta seriedad porque están metidos en un juicio, una investigación y una pelea contra una gran empresa, mientras que los personajes animados continúan haciendo exactamente lo que han hecho siempre. Para ellos resulta completamente normal que alguien sobreviva a una explosión, se quede negro de humo durante unos segundos y vuelva a aparecer en la siguiente escena como si nada hubiera pasado.
Una película de juicios con Looney Tunes
Tenemos así una película de humor que también juega bastante con las reglas del cine de juicios. Hay abogados, pruebas, estrategias para convencer al jurado y una empresa dispuesta a utilizar cualquier recurso para ganar, pero en medio de todo eso aparece un Coyote que no habla y que lleva décadas intentando capturar al mismo pájaro sin éxito.

La mezcla entre animación e imagen real recuerda inevitablemente a ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, aunque aquí el tono es diferente y está mucho más ligado al humor clásico de los Looney Tunes. Los dibujos forman parte del mundo de los humanos de una manera completamente natural. Trabajan, compran productos, van a juicio y tienen derechos, aunque la película también juega precisamente con la duda de hasta qué punto son considerados ciudadanos iguales que el resto.
La integración funciona bien porque los personajes animados no parecen colocados en pantalla únicamente para provocar nostalgia. Tienen una función dentro de la historia y su presencia sirve tanto para hacer humor como para desarrollar algunas de las ideas que plantea el guion. Al final, el Coyote no está demandando a Acme porque sí, sino porque lleva años comprando productos que le causan daños constantemente y nadie parece haberse planteado nunca si la empresa tiene alguna responsabilidad sobre ello.
Una comedia que habla de empresas demasiado poderosas
Por debajo de todo ese humor, la película también habla de grandes corporaciones, monopolios y empresas que han acumulado tanto poder que parecen estar por encima de cualquier problema. Acme puede fabricar prácticamente cualquier cosa, venderla en todas partes y poner un enorme equipo legal delante de cualquiera que se atreva a cuestionarla.
La película no convierte este tema en un discurso especialmente serio ni abandona nunca el tono de comedia, pero sí lo utiliza para plantear algunas preguntas interesantes. ¿Qué posibilidades reales tiene una persona pequeña de enfrentarse a una empresa enorme? ¿Qué ocurre cuando una compañía puede asumir cualquier gasto legal sin que eso suponga un problema? ¿Y qué pasa si quien reclama sus derechos ni siquiera es considerado una persona exactamente igual que los demás?
También hay una reflexión bastante curiosa sobre los propios personajes animados. El Coyote compra productos, siente dolor, trabaja y tiene una vida dentro de este universo, pero eso no significa que la sociedad lo trate exactamente como a un humano. La película aprovecha esa diferencia para hablar, de una manera bastante sencilla, de ciudadanos de primera y de segunda sin necesidad de ponerse especialmente solemne.
Warner terminó pareciéndose demasiado a Acme

Lo más curioso de Coyote vs. Acme es que toda esta parte de la historia terminó teniendo una relación bastante directa con lo que ocurrió con la propia película. James Gunn participó en la historia y en la producción, junto a otros responsables del proyecto, y seguramente nadie imaginaba durante el rodaje que Warner terminaría comportándose de una manera que recordaría tanto a la corporación que aparece en pantalla.
Acme es una empresa gigantesca que toma decisiones mirando sobre todo los números y que intenta evitar cualquier situación que pueda perjudicarla económicamente. Warner decidió guardar una película terminada porque consideró que, desde el punto de vista financiero, era mejor no estrenarla. Evidentemente no estamos hablando exactamente de la misma situación, pero la comparación resulta demasiado evidente como para ignorarla.
La película terminó convirtiéndose, sin quererlo, en una especie de comentario sobre su propia historia. Ese gigante empresarial que decide qué merece existir y qué no dependiendo de lo que marquen las cuentas era precisamente el estudio que estaba dispuesto a impedir que el público viera la película. El resultado hace que algunas escenas tengan ahora una lectura que probablemente no tenían cuando fueron escritas.
¿Merecía realmente quedarse guardada?
Después de verla, la pregunta resulta bastante inevitable. ¿Era tan mala como para que Warner decidiera no estrenarla? La respuesta es que no. Tampoco estamos hablando de una obra que vaya a cambiar la historia del cine, pero sí de una comedia divertida, con buenas ideas y que entiende bastante bien cómo utilizar a los Looney Tunes dentro de una película con actores reales.
Will Forte encaja muy bien como ese abogado que empieza completamente superado por la situación y que poco a poco termina implicándose de verdad en el caso. John Cena vuelve a demostrar que funciona especialmente bien en comedia cuando puede jugar con su propia imagen, mientras que Lana Condor tiene suficiente presencia para no quedarse simplemente como acompañante de los dos protagonistas.

A eso hay que sumar las apariciones de personajes conocidos de los Looney Tunes. Bugs Bunny, el Pato Lucas, Piolín, Silvestre, el Demonio de Tasmania, Elmer Gruñón o el Gallo Claudio encuentran su sitio dentro de la historia sin que todo parezca construido únicamente alrededor de cameos. La película sabe utilizarlos cuando los necesita y mantener al Coyote como verdadero centro de todo lo que ocurre.
Por una vez, el Coyote consiguió ganar
Quizá lo mejor de toda esta historia sea que una película protagonizada por un personaje que lleva décadas perdiendo haya terminado teniendo que luchar también fuera de la pantalla. Coyote vs. Acme estuvo terminada durante años sin que pudiéramos verla, pasó por varias negociaciones fallidas y durante bastante tiempo parecía destinada a quedarse para siempre guardada en algún archivo de Warner.
Pero por una vez el Coyote ha conseguido llegar hasta el final. La película existe, ha llegado a los cines y ahora somos nosotros quienes podemos decidir si nos gusta o no. Puede parecer algo bastante normal, pero después de todo lo que ocurrió alrededor de ella, no lo es tanto.
Al final tenemos una comedia divertida, ingeniosa y también bastante entrañable, que funciona mejor de lo que uno podría esperar después de tantos años escuchando hablar de sus problemas. No sé si necesitábamos ver al Coyote ganar finalmente una batalla, pero desde luego resulta difícil no alegrarse de que esta vez haya conseguido salirse con la suya.
Y después de todo lo ocurrido, ahora sí podemos decir aquello de: “¡Esto es to, esto es todo, amigos!”











