Hoy llega a nuestras carteleras la esperada nueva película de Christopher Nolan. Uno de los estrenos más grandes del año y una producción rodada por entero con cámaras de película IMAX, algo que vuelve a demostrar la obsesión del cineasta por ofrecer una experiencia que justifique acudir a una sala de cine. La Odisea.
La película adapta el libro de Homero y cuenta con un reparto de lujo encabezado por Matt Damon, Anne Hathaway y Tom Holland, a los que acompañan Jon Bernthal, Lupita Nyong’o, Robert Pattinson, Zendaya y Charlize Theron, por enumerar solo algunos. La lista de estrellas es tan larga que muchas producciones podrían construirse únicamente con los nombres que aquí aparecen en papeles secundarios.
Y lo que nos cuenta no es nuevo. La historia sigue el regreso a casa de Odiseo tras la batalla de Troya, un viaje que se convierte en una lucha contra criaturas, dioses, enemigos y sus propios errores. El relato ha tenido muchas adaptaciones y creo que quien más y quien menos, aunque sea en líneas generales, conoce la historia.
Una mitología tratada desde la realidad
Lo que sí es nuevo es el enfoque que le ha dado el director de El caballero oscuro. Ha colocado una pátina de realidad sobre todo lo que se ve en pantalla, casi como si lo acontecido hubiese ocurrido y la película estuviera reconstruyendo unos hechos históricos en lugar de adaptando uno de los grandes relatos mitológicos de la humanidad.
Así pues, aunque el arduo camino del protagonista para volver con su esposa, su hijo y a su reino esté poblado por cíclopes, gigantes o sirenas, estos son presentados con un toque realista que los despoja de ese aire de fascinación o magia que pudieran haber tenido en otras versiones.

Aquí son mostrados de una manera fría y todo lo real que se puede. Parece que el ganador del Óscar por Oppenheimer no quiere dotar a su cinta de un tono de aventuras tradicional, sino apostar por un enfoque serio y contenido para contar un drama sobre la guerra, la culpa, el poder y las intrigas palaciegas.
Eso afecta directamente a la manera en la que se perciben los elementos fantásticos. Las criaturas no están ahí para despertar la admiración del espectador ni para convertir cada encuentro en una gran atracción visual. Se presentan como amenazas físicas, desagradables y, en algunos momentos, cercanas al terror.
Es una decisión artística y de tono totalmente respetable, pero igual mis expectativas me jugaron una mala pasada, pensando que iba a ver otra cosa. Esperaba una película con una mayor sensación de aventura y descubrimiento, mientras que el director de El truco final, parece interesado en caminar en la dirección contraria.
Los horrores de la guerra y sus consecuencias
El autor de Memento quiere hablarnos de los horrores de la guerra, pero también de los errores y de la necesidad de ser capaz de enmendarlos, aunque sea con mucho esfuerzo y pasándolo realmente mal. El viaje de regreso no es únicamente una sucesión de obstáculos, sino una especie de castigo que obliga a Odiseo a enfrentarse a las consecuencias de sus propias decisiones.
La épica no nace solamente del tamaño de las batallas o de las criaturas que aparecen en el camino. También se encuentra en la resistencia de un hombre que continúa avanzando incluso cuando todo parece diseñado para impedirle regresar.
La película muestra a Odiseo como un soldado marcado por lo que ha vivido. No estamos ante el típico héroe aventurero que disfruta recorriendo lugares desconocidos. Su único objetivo es volver a casa, recuperar a su familia y comprobar qué queda del reino que dejó atrás.
Es precisamente en ese cansancio donde la película encuentra buena parte de su componente humano. El protagonista debe mantenerse firme ante sus hombres, pero también carga con el peso de las pérdidas, los errores cometidos y la posibilidad constante de no cumplir nunca su promesa.
Matt Damon se convierte en un líder convincente
El Odiseo de Matt Damon es un personaje firme, al que nada ni nadie va a frenar ni apartar de su camino. Por más que haya momentos en los que cualquier otro caería presa del pánico —no son pocas las escenas en las que Nolan coquetea con el terror—, él intenta conservar el control y continuar con su cometido.

El protagonista de El caso Bourne cumple holgadamente como ese líder confiable por el que darías la vida. El actor no necesita construir un héroe exagerado ni interpretar a Odiseo como alguien invencible. Su fuerza procede principalmente de la determinación y de la sensación de que está dispuesto a soportar cualquier cosa con tal de regresar.
El personaje también permite que el actor trabaje desde el agotamiento. Odiseo puede mostrarse seguro ante quienes lo acompañan, pero la película deja ver que cada nuevo obstáculo supone un desgaste. Esa mezcla entre autoridad, culpa y cansancio convierte su interpretación en uno de los elementos más sólidos de la cinta.
Nada que ver con el personaje de Robert Pattinson, que se sitúa en las antípodas de este. Mientras Odiseo se define por su firmeza, su compromiso y su deseo de volver, Antínoo representa el oportunismo de quienes han aprovechado su ausencia.
Robert Pattinson, Anne Hathaway y Tom Holland
El protagonista de The Batman es aquí uno de los pretendientes de la Penélope interpretada por Anne Hathaway. Ruin, mezquino y de esas personas que son poco de fiar, hará todo lo posible por casarse con la mujer de Odiseo, sin importar de quién tenga que deshacerse para salirse con la suya.
Quien saltara a la fama por la saga Crepúsculo, funciona especialmente bien en este tipo de personajes incómodos. Su Antínoo no necesita demostrar constantemente que es el villano de la historia. Basta con su forma de ocupar el espacio, acercarse a Penélope o tratar a quienes considera inferiores para que comprendamos sus intenciones.

Si nos fijamos en la actriz de El diablo viste de Prada, Anne Hathaway defiende su papel demostrando una vez más lo talentosa que es para cualquier registro que se le pida. Hay en su Penélope una mezcla de fragilidad, entereza y determinación que no es fácil de lograr.
Penélope está rodeada de hombres que esperan que acepte la muerte de su marido y elija a un nuevo esposo. Sin embargo, ella continúa resistiendo, incluso cuando cada día que pasa hace más difícil creer en el regreso de Odiseo. La actriz transmite esa lucha sin convertir al personaje en una figura pasiva que simplemente espera ser rescatada.
Y no nos olvidemos de Tom Holland. No todo va a ser Spider-Man en la carrera del joven actor. La verdad es que cumple de sobras como Telémaco, un muchacho que ansía el regreso de un padre al que casi no conoce y que hace todo lo posible por mantener el reino a flote, aun cuando parece que todo se desmorona.
Telémaco vive atrapado entre la imagen legendaria de su padre y la realidad de haber crecido sin él. El protagonista de Uncharted aprovecha esa contradicción para mostrar a un joven que quiere demostrar que está preparado, pero que todavía necesita encontrar su propia identidad y dejar de vivir bajo la sombra de Odiseo.
Un reparto enorme con decisiones curiosas
El reparto de la cinta es larguísimo y no voy a detenerme en cada uno de los intérpretes. Muchos aparecen durante un tiempo limitado, pero su presencia ayuda a que cada etapa del viaje tenga su propia personalidad y a transmitir la sensación de que estamos recorriendo un mundo enorme.

Sí me gustaría comentar lo curioso que me parece cómo Nolan trata a la diosa Atenea, a quien encarna Zendaya, y a Calipso, interpretada por Charlize Theron. No quiero entrar en detalle porque hacerlo obligaría a revelar decisiones que es mejor descubrir durante la película. Cuando veáis el filme, ya entenderéis a qué me refiero.
Ambos personajes sirven también para comprender la manera en la que el director se aproxima a lo sobrenatural. Nolan evita presentarlos con una grandilocuencia excesiva y busca que encajen dentro de ese universo físico, áspero y realista que ha construido.
Esa elección resulta coherente con el resto de la película, aunque puede dejar una sensación extraña. Quien espere encontrarse con dioses y criaturas envueltos en una atmósfera mágica probablemente echará en falta una mayor fascinación. Aquí incluso lo imposible parece tener que someterse a las reglas de la realidad.
Un espectáculo pensado para la gran pantalla
En cuanto a lo visual, es un espectáculo apabullante. La escala de La odisea es enorme. Como enamorado del formato IMAX, con el que ya había filmado algunas escenas de Dunkerque o Batman begins entre otras, el director ha ido esta vez mucho más lejos al rodar el largometraje completo con cámaras de película IMAX.
Estamos ante la primera película de ficción filmada íntegramente con este tipo de cámaras. Lo ideal sería poder disfrutarla exactamente como la concibió el responsable de Interstellar, pero eso no resulta sencillo en España.
No todas las ciudades cuentan con una sala IMAX y tampoco existe actualmente en nuestro país una pantalla que proyecte la película en IMAX 70 mm. Por ello, en la medida de lo posible, recomendaría elegir una sala IMAX o una proyección convencional en 70 mm. No son la experiencia completa, pero sí las opciones que más se acercan a ella.

La grandeza visual no se limita al tamaño de los escenarios. También está en la manera de mostrar a los personajes como figuras pequeñas ante paisajes inmensos, mares que parecen no terminar nunca y lugares que transmiten la sensación de que cualquier ser humano podría desaparecer dentro de ellos.
La utilización del formato aporta una enorme profundidad a las imágenes y permite apreciar la dimensión del viaje. Hay momentos en los que la película consigue que el espectador sienta el peso del espacio, el peligro del entorno y la vulnerabilidad de los personajes sin necesidad de verbalizarlo.
Una épica fría que puede dividir al público
Estamos, pues, ante uno de los acontecimientos cinematográficos del año, que seguramente arrasará en taquilla. Una épica que tal vez vuelva a poner de moda el péplum, como hicieron Gladiator o 300 en su momento, pero que tiene suficiente entidad propia como para quedarse en la memoria colectiva.
Sin embargo, no creo que sea una película destinada a gustar de la misma manera a todo el mundo. Su tratamiento frío, la ausencia de una fantasía más evidente y el interés por convertir el mito en un drama de guerra pueden alejar a quienes esperen una aventura más emocionante o accesible.
El resultado es visualmente impresionante y cuenta con un reparto difícil de reunir en cualquier otra producción. Matt Damon, Anne Hathaway, Tom Holland y Robert Pattinson encuentran además personajes con suficiente fuerza como para no quedar sepultados bajo el tamaño de la película.
Puede que mis expectativas me hicieran imaginar una versión diferente de esta historia. Aun así, resulta difícil negar la ambición de Christopher Nolan y su capacidad para convertir un relato conocido por todos en algo personal. ¿Posible candidata a los premios Óscar? Veremos.











