Iván Rojo todavía evita pronunciar la palabra disco como algo completamente confirmado, pero sus canciones empiezan a reconocerse entre ellas. Después de experimentar con diferentes sonidos en sus primeros lanzamientos tras Operación Triunfo, Un ratito de amor representa para él un punto de inflexión: no exactamente el momento en el que encuentra una fórmula que piensa repetir, sino la primera pieza de un proyecto que ya empieza a tener una identidad compartida.
Esa identidad tampoco pretende ser rígida. Iván habla de pop electrónico, de referencias europeas y de sonidos heredados de los ochenta y los noventa, pero insiste en que el proyecto sigue siendo una búsqueda. Sus primeras canciones posteriores al programa le sirvieron para probar distintas direcciones; ahora siente que ha encontrado una dinámica que conecta mejor con aquello que quiere contar, sin renunciar a seguir explorando.
En YOUNG hablamos con Iván Rojo sobre el proyecto que prepara para 2027, el síndrome del impostor, su identidad después de Operación Triunfo, su paso por Química y Psicología, la posibilidad de firmar algún día con una discográfica y el límite entre ser sincero y aprender que no todo tiene que contarse en todas partes.
«Las canciones empiezan a conocerse entre ellas»
¿Podemos hablar ya de un disco de Iván Rojo?
No está confirmado todavía, pero sí estoy ya en una fase bastante avanzada en la que siento que las canciones empiezan a conocerse unas con otras. Ahora estoy intentando encontrar la mejor manera de agruparlas para que todo tenga sentido y, sobre todo, para evitar esa sensación que algunas veces tienes al escuchar un disco de que hay una canción que sobra. No quiero meter algo simplemente porque esté terminado o porque necesite alcanzar un determinado número de canciones; quiero que todas tengan una razón para estar ahí.
Estoy todavía en esa fase de escuchar mucho el conjunto y entender qué necesita realmente el proyecto. Hay una dirección bastante definida y las piezas existen, pero prefiero mantener cierta libertad antes de decir que todo está completamente cerrado porque una canción nueva todavía puede aparecer y cambiar el equilibrio.
¿Un ratito de amor es entonces el primer adelanto real?
Sí. Considero Un ratito de amor como el primer adelanto de este proyecto. Las canciones anteriores han sido más un proceso de ensayo, no diría ensayo y error porque no considero que fueran errores, sino diferentes pruebas que necesitaba hacer para saber hacia dónde quería caminar.
Un ratito de amor funciona más como la semilla de aquello que viene después. Hay determinadas decisiones que aparecen ahí y que empiezan a establecer una dinámica para las siguientes canciones. Eso no significa que todo vaya a sonar igual, pero sí siento que por primera vez hay una conexión mucho más directa con el proyecto que estoy construyendo.
¿Has encontrado ya tu sonido?
No siento que haya encontrado un sonido permanente y tampoco creo que quiera hacerlo. El proyecto tiene precisamente algo de exploración, de búsqueda y de permitirme continuar dentro de esa búsqueda sin pensar que, porque haya encontrado una determinada fórmula, ahora tenga que hacer diez canciones exactamente iguales.
Sí existe una línea coherente, pero dentro hay bastante variedad. Para mí eso es importante porque tampoco quiero cerrarme de cara al futuro. Este proyecto representa un momento y una manera concreta de entender mi música ahora, pero eso no significa que dentro de unos años tenga que continuar haciendo exactamente lo mismo.
Lo que sí siento es que Un ratito de amor establece una dinámica. Es como si hubiera encontrado determinadas reglas internas que permiten que canciones diferentes puedan convivir juntas y seguir sonando a un mismo universo.
Del pop rock al sonido electrónico europeo
Tus primeros singles han sido bastante diferentes. ¿Necesitabas probar géneros?
Sí, especialmente con estos primeros lanzamientos. Mi primer single tenía una parte bastante pop rock; el segundo se acercaba más a algo latino, un pop más movido; Tristemente feliz estaba quizá más relacionado con determinado pop español. Con Un ratito de amor aparece ya una influencia europea bastante más marcada y un pop algo más ecléctico, y siento que por ahí empieza a establecerse una línea más reconocible.
No definiría mi sonido simplemente como pop español. Evidentemente existe esa influencia porque soy español y he escuchado pop de aquí durante toda mi vida, pero siento que aquello que estoy haciendo se acerca más al pop electrónico, con referencias de sonidos de los ochenta y los noventa y una influencia bastante clara del pop europeo.
Es precisamente esa mezcla lo que me interesa. No quiero estar pensando constantemente qué etiqueta exacta tengo que ponerle, sino entender qué elementos consiguen que las canciones que estoy haciendo ahora convivan juntas aunque cada una tenga su personalidad.
¿Habrá colaboraciones en el proyecto?
Para este primer proyecto no he sentido todavía la necesidad de buscarlas. No porque considere que una colaboración deje de ser algo personal, porque perfectamente puedes compartir una canción tuya con otro artista, sino porque siento que este proyecto habla mucho de quién he sido yo durante distintas etapas, de aquello que me ha ocurrido y de cómo he llegado hasta aquí.
No hay una historia narrativa como tal, pero sí existe ese concepto de decir: «Esto soy yo y esto es parte de todo lo que me ha pasado». Por eso no me ha nacido pensar que necesitaba introducir a otra persona para completar el proyecto. De momento me resulta natural contarlo desde mi propia voz.

Eso no significa que esté cerrado a colaborar. Si mañana me llama un artista y me dice que vayamos al estudio porque tiene una idea que nos puede funcionar a los dos, estaría encantado. Compartir música con otros artistas puede generar una comunidad nueva, unir sonidos que aparentemente no tenían relación y llevarte a lugares que tú solo quizá nunca habrías encontrado. No estoy provocándolo específicamente para este proyecto, pero tampoco cerraría nunca esa puerta.
Escribir desde una persona, un tiempo o incluso un olor
¿Cómo estás encontrando tu voz como compositor?
Normalmente conecto primero con una emoción y después intento descubrir de dónde viene. Prácticamente todas las canciones que he compuesto tienen algún componente relacionado conmigo: puede ser algo que he vivido, algo que no he llegado a vivir pero he imaginado o incluso algo que deseo experimentar.
A partir de ahí puedo endulzar esa historia con cierta fantasía, introducir referencias o cambiar determinadas palabras porque tampoco necesito que absolutamente todo sea literal. Pero todavía no he escrito ninguna canción en la que no exista detrás una historia concreta, una persona, un momento, un tiempo o incluso un olor que yo pueda identificar.
Ahora sí me apetece explorar otros lugares. Me gustaría probar a darle voz a una historia que no fuera mía o construir algo completamente ficticio y ver qué ocurre cuando no tengo esa experiencia personal como punto de partida. Pero en este momento todavía estoy muy concentrado en preguntarme qué me ha pasado a mí y cómo puedo darle una forma musical.
¿Hay canciones del proyecto completamente autobiográficas?
Sí, varias. Hay canciones que son directamente mi corazón y mi historia, sin demasiada fantasía alrededor. Creo que esa ficción aparece más cuando entro en determinadas canciones de pop más movido, donde quizá me permito adornar más una situación o jugar con ella porque también lo pide el propio lenguaje musical.
En la parte más melancólica hay canciones muchísimo más desnudas. Ahí hay cosas que prácticamente no necesitan ningún disfraz porque aquello que estoy contando ya tiene suficiente peso por sí mismo. Me interesa mantener ambas posibilidades dentro del proyecto porque tampoco vivo todas mis emociones exactamente de la misma manera.
El Iván de Operación Triunfo sigue estando dentro
¿Cuándo dejaste de sentirte «Iván Rojo de OT» para verte simplemente como artista?
Creo que ese momento no ha ocurrido y, al mismo tiempo, ha ocurrido constantemente. Me resulta muy difícil aislar al Iván de Operación Triunfo, al Iván artista independiente y al Iván persona porque necesito a los tres para estar ahora mismo encima de un escenario.
Hay una transición evidente porque mi vida cambió cuando entré en el programa, volvió a cambiar cuando salí, después hicimos una gira con mis compañeros y, cuando aquello terminó, apareció este momento en el que tengo que salir yo solo al mundo y presentar mi historia. Cada etapa ha generado una versión diferente de mí, pero ninguna ha desaparecido.
Tengo dentro al Iván de Operación Triunfo, que aprendió determinadas cosas que necesitaba para poder estar aquí; también está la persona que ha vivido toda su vida antes de llegar a ese programa y está el artista que ahora intenta construir algo propio. No siento que haya existido una ruptura en la que un día dijera: «Este Iván se termina y ahora empieza otro».
Lo veo muchísimo más como una fusión. Dependiendo del momento puedo acudir a una experiencia u otra y preguntarme qué aprendí allí. No se trata de ser personas diferentes, sino de saber habitar todas las historias que has vivido cuando necesitas algo de ellas.
¿Las canciones que cantaste en la Academia condicionaron después tu sonido?
No. La música que quiero hacer no tiene demasiado que ver con aquello que canté dentro de la Academia. Evidentemente fueron canciones que defendí, me gustaron y formaron parte de aquella experiencia, pero nunca he sentido que ahora tenga que continuar construyendo mi carrera alrededor de esos registros.
También creo que, dentro de todo, haber estado menos tiempo tuvo una parte positiva en ese sentido. No dio tiempo a que se estableciera alrededor de mí una etiqueta demasiado rígida de «Iván es el chico que canta exactamente esto». Salí teniendo todavía bastante libertad para descubrir quién quería ser musicalmente.
Por eso nunca he sentido que tuviera que luchar contra un personaje artístico que hubiera quedado demasiado instalado en el público. Me llevo todo lo aprendido dentro de Operación Triunfo, pero la música que estoy haciendo ahora nace desde otro lugar.
Química, Psicología y saber cuándo cerrar una etapa
Estudiaste Química y después Psicología. ¿Volverías a alguna de las dos?
Creo que no, aunque tampoco me gusta decir nunca. Estudié casi cuatro años de Química y después alrededor de un año y medio de Psicología. Son campos que siguen interesándome y puedo continuar leyendo, escuchando podcasts o aprendiendo sobre ellos sin necesidad de obtener un título.
Ahora mismo no quiero invertir años en conseguir una titulación para ejercer una profesión a la que realmente no pienso dedicarme. Prefiero poner esa energía en este proyecto porque es aquello que he decidido construir en este momento.
No siento tampoco que todo lo estudiado se haya perdido. La Química me sigue pareciendo apasionante y la Psicología también me interesa muchísimo, pero hay etapas que pueden cumplir su función aunque no terminen exactamente donde inicialmente imaginabas.
¿Psicología te ayudó a entenderte mejor?
Inevitablemente aprendes cosas sobre emociones, sobre cómo funciona el cerebro y sobre toda la estructura que hay detrás de nosotros. En primero, al menos en mi universidad, había muchísima fisiología y bastante contenido relacionado con la estructura y funcionamiento del sistema, así que empiezas a comprender que hay muchísimo más detrás de aquello que sentimos.

Pero creo que aquello que realmente me permitió conocerme fue romper con Química y salir al mundo. Dejar algo que llevaba tanto tiempo haciendo, preguntarme qué había después, probar otra carrera, vivir fuera, volver y experimentar distintas vidas me enseñó muchísimo más sobre mí.
Psicología ha sido otro capítulo dentro de ese recorrido, no el único elemento que explica quién soy ahora. Cada cosa que he hecho ha ido aportando una parte y creo que muchas veces te conoces precisamente cuando tienes que tomar decisiones que rompen con aquello que parecía establecido.
«Me siento impostor todos los días»
Pareces muy seguro de lo que quieres. ¿Has sentido síndrome del impostor?
Todo el rato. Creo que existe una parte en la que, si tú no haces el trabajo de creértelo un poco, tampoco puedes esperar que tu cabeza lo haga automáticamente. No hablo de creerte por encima de tus posibilidades, sino de entrenarte para que dentro de todo ese ruido exista también una voz que te diga que sí en lugar de escuchar constantemente solamente la que te dice que no.
Me he sentido impostor encima de un escenario, dentro de un estudio y también después de publicar una canción. Puedes sacar un tema el mismo día que otros cuatro artistas, ver cómo ellos lo están petando y pensar: «¿Qué hago yo aquí?». Esa sensación está implícita muchas veces en dedicarte a algo donde constantemente puedes compararte con los resultados de los demás.
Lo que intento es volver a mi propio proceso: saber de dónde vengo, hacia dónde quiero ir y cuáles son realmente las cosas que considero importantes. Para mí es mucho más relevante preguntarme si estoy siendo fiel a lo que quiero hacer que observar si, en un momento concreto, todo parece externamente triunfante.
Así que sí, me siento impostor todos los días. La diferencia está en aprender a convivir con esa sensación sin permitir que decida por ti.
¿Y cómo consigues convivir con ella?
Depende muchísimo del día. Creo que cualquier profesión tiene momentos en los que estás completamente saturado y otros en los que sientes que todo tiene sentido. Un arquitecto que tenga que entregar un proyecto en dos semanas y todavía no disponga de determinada información probablemente esté desesperado; yo ahora mismo estoy tranquilo porque muchas de mis canciones ya están hechas.
Todo depende también de cómo te lleves contigo mismo y de las herramientas que tengas para gestionar aquello que te está ocurriendo. Algunas las aprendes antes, otras todavía no las tienes y hay situaciones para las que simplemente no estabas preparado. No existe una fórmula que te permita estar siempre perfectamente equilibrado.
Hay días en los que lo llevo fatal y pienso en dejarlo todo y dedicarme a otra cosa. Después llega otro día en el que recibes un feedback positivo, estás completamente comprometido con el proyecto y piensas que no querrías estar haciendo nada diferente. Es un continuo subir y bajar.
Hace poco leí algo que estoy intentando aplicar y que me recordó a conceptos que estudié en Química: intentar que esos picos sean menos extremos y que la vida se mueva de una manera un poco más sinusoidal, más cercana a una línea central. No subir al máximo absoluto cuando ocurre algo increíble y después hundirte completamente cuando llega algo malo. Todavía no lo tengo integrado, pero estoy intentándolo.
Las canciones están hechas… hasta que aparece otra mejor
¿El proyecto está ya compuesto?
En principio sí, las canciones están. Aunque esto es un poco como decir que ya tienes todos los hijos y de repente aparece otro [ríe]. De hecho, una de las canciones que estaba dentro la he cambiado recientemente por otra que escribí después porque apareció y tuve clarísimo que tenía que estar.
Por eso intento tampoco ir demasiado al estudio cuando no lo necesito. Sé que si sigo entrando constantemente voy a escribir otra canción, me va a gustar por la novedad y voy a querer quitar una de las anteriores. Llegaría un momento en el que el proyecto no se cerraría nunca porque siempre habría algo nuevo compitiendo con lo anterior.
Estoy intentando decirme que hasta que no termine o publique esto no necesito seguir acumulando canciones para el mismo proyecto. Pero tampoco puedo prometer que mañana no vaya al estudio, aparezca una canción increíble y tenga que volver a hacerle espacio. La estructura está bastante cerrada, pero sigue existiendo esa pequeña posibilidad.
¿Cuándo podremos conocer el proyecto completo?
Los próximos singles ya están calendarizados y tienen sus fechas, así que esa parte está bastante cerrada. El proyecto completo también sigue una planificación que apunta más hacia el próximo año.
Aun así, ahora mismo tengo la suerte de conservar bastante libertad para decidir si finalmente tiene más sentido publicar una canción antes, añadir otra o cambiar ligeramente el recorrido. No quiero perder esa capacidad simplemente porque exista un calendario.
Durante los próximos meses y especialmente a principios de 2027 creo que ya podremos empezar a hablar con mucha más claridad del proyecto conjunto. El barco ya está navegando; puede aparecer alguna lancha por el camino con una canción nueva y obligarnos a recogerla, pero no creo que vayamos a regresar al puerto y empezar de cero.
El niño que soñaba y el adulto que intenta cumplirlo
¿Qué pregunta te gustaría que te hicieran alguna vez?
Quizá alguna relacionada con aquello que conecta al Iván pequeño, que soñaba con estar aquí, con el Iván que está hoy intentando materializarlo.
Creo que aquello que une a los dos es la ilusión y el deseo. Cuando eres pequeño tienes esa capacidad de confiar en una idea sin necesitar saber exactamente cómo va a ocurrir. Simplemente piensas: «Quiero esto». Después creces y eres tú quien tiene que empezar a construir las condiciones para que aquello pueda suceder.
Lo imagino un poco como un hermano pequeño y un hermano mayor. El pequeño pide algo porque lo desea y el mayor intenta hacer todo lo posible para conseguir dárselo. Creo que esa relación entre aquello que soñaba y aquello que ahora intento hacer realidad es una de las cosas que más me conecta con quien era.
«No voy a ser un maniquí»
Ahora eres independiente. ¿Firmarías con una gran discográfica si intentara cambiar tu sonido?
Si me dijeran que tengo que sonar durante toda mi carrera como El Canto del Loco de 2005, la respuesta sería muy sencilla: ese no soy yo, así que que firmen con El Canto del Loco [ríe].
De todas formas, antes de entrar en la industria imaginaba que las discográficas funcionaban mucho más desde esa lógica de convertirte en un producto y colocarte aquello que ellas querían. Por los equipos con los que he podido tener contacto, no he encontrado exactamente eso. Hay personas que han estudiado durante años, escuchan una cantidad enorme de canciones y trabajan intentando anticipar qué puede funcionar dentro de uno o dos años. Cuando te hacen una propuesta no necesariamente nace de un capricho personal.

Yo tampoco considero que sea la persona más lista del mundo ni creo que tenga que rechazar automáticamente cualquier opinión externa. Si entras en un equipo precisamente es porque hay personas especializadas que pueden ayudarte a detectar cosas que tú desde dentro no ves. Pueden escuchar veinte canciones y entender que diez funcionan ahora y otras diez quizá tienen sentido en otro momento o incluso para otro artista.
Lo que no podría hacer es convertirme en un maniquí. Si alguien pretende colocarme una identidad que no me pertenece, simplemente no voy a ser capaz de sostenerla. Otra cosa muy diferente es que alguien me diga que una canción podría transformarse, cambiar un elemento o empastar mejor con el resto del proyecto. Ahí estoy completamente abierto porque trabajar en equipo también significa aceptar que tus ideas pueden mejorar.
Para mí lo importante es mantener el mayor porcentaje posible de mí dentro de aquello que hago. Prefiero eso a dedicarme a la música interpretando un papel que no me corresponde.
Ni demonizar la discográfica ni romantizar la independencia
¿Crees que se romantiza demasiado ser independiente?
Muchísimo. Hay gente que romantiza la idea de tener absolutamente todo el control y construir cada elemento del proyecto tú mismo, pero existen estructuras a las que resulta muy complicado acceder sin ayuda. Una discográfica puede proporcionar herramientas, conocimiento, contactos y recursos que un artista independiente simplemente no tiene.
Evidentemente también implica trabajar dentro de un equipo donde hay más artistas. Si eres independiente puedes decidir que quieres publicar tres canciones en un mes y hacerlo, sea o no una buena estrategia. Cuando estás dentro de una estructura que tiene un catálogo completo, hay calendarios, prioridades y momentos en los que tú tienes que esperar porque antes le toca a otra persona.
Eso puede frustrar a un artista, pero tampoco significa automáticamente que la discográfica sea mala. Hay majors, sellos independientes, compañías nacionales, internacionales y equipos completamente diferentes. La cuestión es encontrar uno con el que realmente encajes y que entienda que debe caminar junto a tu proyecto, no sustituirlo.
Creo que ahora mismo existe bastante tendencia a criticar a las discográficas como concepto cuando también tienen muchísimas partes positivas. Como en cualquier relación profesional, depende muchísimo de encontrar el equipo adecuado y decidir qué ritmo y qué condiciones tienen sentido para ti.
Todos los medios ocupan un lugar
¿Ser independiente dificulta conseguir espacio en los medios?
Creo que artistas y medios nos necesitamos mutuamente y que cada uno cumple una función diferente. Un medio con una audiencia enorme puede darte una exposición determinada, ya sea televisión, radio o cualquier otro formato, pero un medio con una comunidad más reducida puede generar una conexión muchísimo más fuerte.
Quizá apareces ante quinientas personas en un formato grande y solamente dos terminan interesándose realmente por tu proyecto. Después puedes aparecer delante de cinco personas en un espacio mucho más pequeño y conseguir que las cinco quieran seguir escuchándote. La conversión no funciona siempre de manera proporcional al tamaño de la audiencia.
Por eso para mí cualquier espacio donde exista un interés real por hablar de mi música es válido. No necesito decidir que solamente merece la pena hacer promoción en los lugares con mayores cifras. Si alguien quiere formar parte de la difusión del proyecto y existe una conversación interesante, me parece igual de importante independientemente del tamaño del medio.
Al final intento rodearme y trabajar con gente que siento que suma al proyecto. No es algo que tenga preparado como un discurso; simplemente es la manera en la que entiendo que quiero construir mi carrera.
Ser sincero no significa contarlo absolutamente todo
Tus canciones son muy personales. ¿Alguna vez tendrías que reducir esa sinceridad para protegerte?
Yo siempre he sido una persona muy sincera. Mi padre lleva toda la vida diciéndome que tengo que tener cuidado con las palabras y con quién hablo, pero a mí nunca me ha gustado moverme desde la mentira. Si mi sinceridad provoca que determinado camino se corte, siempre he pensado que quizá simplemente significaba que aquel no era mi lugar.
Intento decir aquello que pienso desde el respeto. Para mí también forma parte de mi libertad de expresión y de mi identidad, porque si estuviera constantemente intentando mantenerme en una posición completamente neutral dejaría de ser yo. No tendría demasiado sentido construir canciones personales y después convertirme fuera de ellas en alguien que no se moja absolutamente nunca.
Lo que sí estoy aprendiendo con el tiempo es que ser sincero no implica tener que contarlo todo en todas partes. Vivimos rodeados de personas que opinan inmediatamente sobre cualquier fragmento que reciben y muchas veces ni siquiera tienen tiempo o interés por escuchar todo el contexto antes de construir una conclusión.
Entonces no se trata de empezar a mentir, sino de elegir dónde tiene sentido abrir determinadas partes de ti. Hay cosas que alguien puede sacar de contexto, interpretar con una vehemencia que tú no esperabas o incluso utilizar en tu contra. Para evitar determinadas situaciones puedes reducir aquello que cuentas sin dejar de ser sincero.
Creo que esa diferencia la estoy aprendiendo ahora: no mentir no significa necesariamente decir toda la verdad sobre absolutamente todo a todo el mundo. Puedes reservarte partes de tu vida y seguir siendo completamente honesto.
¿Y si mañana tu pareja fuera famosa? ¿La esconderías?
Creo que no. Además, me encanta crear contenido y hacer vídeos sobre aquello que vivo y sobre las cosas que forman parte de mi entorno. Si estoy con una persona que me quiere, estamos bien y ambos estamos cómodos con ello, no veo por qué tendría que construir una ficción alrededor.
A veces ocurre incluso lo contrario: cuanto más intentas esconder algo, más interés generas para que alguien termine enseñándolo. Hay artistas que muestran a sus parejas con absoluta naturalidad y llega un momento en que los medios ya saben perfectamente quiénes son y deja de existir ese misterio constante.
Lo que sí cambia es qué haces con todo ese material si algún día la relación termina. Pero yo no soy una persona de borrar mi vida. No eliminaría todo aquello que formó parte de un momento simplemente porque después las circunstancias hayan cambiado.
Las experiencias siguen habiendo ocurrido y forman parte de tu historia. Así que probablemente sí hablaría de una pareja famosa exactamente igual que hablaría de cualquier otra cosa importante en mi vida. Aunque, si algún día sucede, entonces ya podremos comprobar si mantengo esta respuesta [ríe].












