Shé frente una ventana
Shé frente una ventana

SHÉ: «Yo no soy un producto, soy un artista»

SHÉ celebra dos décadas de carrera con La Serpiente, un proyecto en el que revisita algunas de las canciones que han marcado su trayectoria.

Veinte años después de empezar a escribir canciones, SHÉ puede mirar hacia atrás sin necesidad de enfrentarse a la persona que fue. La Serpiente nace precisamente de ese ejercicio: recuperar canciones de distintas etapas, reconstruirlas desde el sonido actual y comprobar cuánto ha cambiado el artista sin borrar al joven que las escribió.

La celebración continuará en directo con dos conciertos especialmente planteados para el aniversario. El 2 de octubre actuará en Razzmatazz 2 de Barcelona y el 9 de octubre cerrará esta etapa en La Sala del Movistar Arena de Madrid. Por primera vez en este formato, SHÉ estará acompañado por una banda de músicos para repasar canciones que han acompañado a varias generaciones de seguidores.

En Revista YOUNG hablamos con él sobre veinte años de cambios, la violencia emocional de algunas de sus letras, la dificultad de hacer rap fuera de los circuitos más comerciales y aquello que todavía mantiene intacto: escribir desde dentro y no construir un personaje para satisfacer las expectativas de la industria.

Veinte años también cambian la manera de escribir

En Me hago mayor aparece inevitablemente el paso del tiempo. ¿Ha cambiado tu manera de componer después de veinte años?

Sí, obviamente ha cambiado, pero porque ha cambiado también mi manera de ver las cosas, de ver la vida y de entender el mundo. Una cosa va completamente ligada a la otra. Si cambia la persona que está escribiendo, inevitablemente cambia también aquello que termina escribiendo y la manera en la que decide expresarlo.

Respecto a esa agresividad que puede percibirse en algunas canciones, no creo que haya desaparecido simplemente porque me haya hecho mayor. Muchas veces tiene mucho más que ver con la profundidad del dolor o con el tipo de historia que estoy contando. Cuando hay sufrimiento, frustración o una emoción muy fuerte detrás, mi manera natural de expresarla suele ser bastante agresiva.

El rapero SHÉ sobre el escenario
El rapero SHÉ sobre el escenario

No entiendo esa agresividad necesariamente como enfado. Muchas veces es intensidad. Si estoy tirando de un hilo que nace de algo muy doloroso, mi forma de sacarlo hacia fuera tiene esa crudeza y esa energía. Y eso sigue estando ahí aunque mi forma de escribir evidentemente haya evolucionado.

En He cambiado aparecía una advertencia sobre quienes intentarían manipularte. ¿La industria ha intentado convertirte alguna vez en un producto?

Yo siempre he tenido clarísimo que no soy un producto, soy un artista. Y creo que además soy un artista bastante poco moldeable en ese sentido, porque sé perfectamente qué quiero hacer, cómo quiero hacerlo y hasta dónde estoy dispuesto a ceder.

Sí he tenido acercamientos con multinacionales y entiendo también que las personas que trabajan allí tienen unas directrices. Muchas compañías construyen modelos de artista muy concretos porque consideran que son aquello que funciona comercialmente. Existe una lógica detrás, pero simplemente no es una lógica con la que yo comulgue.

He visto esa intención y sé perfectamente que existe dentro de la industria, pero nunca ha sido una batalla enorme para mí porque no me presto a ella. Si algo implica dejar de ser quien soy o empezar a trabajar desde un lugar en el que ya no me reconozco, directamente no me interesa.

La Serpiente no cuenta una historia lineal

¿Hay un hilo argumental detrás del orden de las seis canciones?

No exactamente un hilo argumental, pero sí existe un orden que está elegido deliberadamente. Lo planteo muchísimo más desde las sensaciones y las emociones que desde una narración tradicional.

Lo entiendo casi como un trazo sobre un lienzo. Intento que el recorrido tenga una forma y que no dé la sensación de estar repitiendo constantemente la misma emoción. Aunque sean solamente seis canciones, no quiero que dos temas demasiado parecidos estén colocados uno detrás de otro y rompan ese viaje.

Es algo muy personal e intuitivo. No responde a una estrategia pensada para conseguir un determinado efecto comercial ni nada parecido. Simplemente es mi manera de escuchar el proyecto completo y sentir que tiene un recorrido natural.

Teniendo veinte años de repertorio, ¿por qué quedarse únicamente con seis?

Realmente fue casi accidental. Una de las cosas que sí tenía claras desde el principio era que quería volver a hacer A 700 kilómetros. Es una canción que tuvo muchísima repercusión en su momento y me apetecía revisitarla desde quién soy musicalmente ahora.

Cuando empecé a trabajar en ella, el cuerpo me pidió recuperar más cosas. Empecé a rescatar otras canciones y finalmente se quedaron seis, pero no porque existiera un significado especial detrás de ese número ni porque pensáramos que esas seis fueran necesariamente las únicas que merecían volver.

Podría haber versionado muchas más. Lo que ocurre es que estábamos trabajando justo antes de una gira por Latinoamérica y había unos márgenes de tiempo bastante concretos. Llegó un momento en el que seis era aquello que realmente podíamos hacer bien sin convertir el proyecto en algo apresurado.

«Todo lo que escribo sale de un hilo que está dentro»

Tus letras pueden ser muy duras. ¿Cuánto dolor real hay detrás de ellas?

En mi caso, cien por cien. No construyo un personaje para escribir una canción. De hecho estoy bastante en contra, al menos en mi manera de entender la creación, de sentarme y decidir que voy a convertirme en determinada persona para poder escribir desde ahí.

Todo lo que hago es bastante más orgánico y sencillo de lo que muchas veces puede parecer desde fuera. No me disfrazo de alguien, escribo y después salgo a interpretar aquello como si fuera una ficción completamente separada de mí.

El rapero SHÉ sobre el escenario
El rapero SHÉ sobre el escenario

Lo que hago es sacar hacia fuera algo que está dentro. Puede ser ira, dolor, frustración o cualquier otra emoción. Empiezo a tirar de ese hilo y le voy dando forma mediante la escritura hasta convertirlo en una canción.

Evidentemente después existe un trabajo: escribo, reescribo y le doy muchísimas vueltas. Pero el origen siempre es verdadero. No necesito inventarme el sentimiento porque aquello de lo que estoy hablando ya está ahí.

Después de un disco instrumental, ¿te apetece volver ahora a las historias con letra?

Sí. Ahora mismo estoy muy centrado en las últimas fechas de la gira de 20 aniversario porque representan de alguna manera el cierre de esta etapa, pero artísticamente siento muchísimas ganas de volver al estudio, escribir y hacer canciones con letra.

Me apetece volver a construir un disco más convencional en ese sentido, aunque todavía no sé qué concepto tendrá ni cuál será exactamente su línea sonora. Y precisamente esa incertidumbre es una de las partes que más disfruto.

Me gusta muchísimo empezar desde cero. Entrar al estudio sin tener todas las respuestas y descubrir sobre la marcha qué me está pidiendo el cuerpo, de qué quiero hablar, qué sonido empieza a aparecer y hacia dónde termina llevándome el propio proceso.

No tener definido el destino no me genera ansiedad. Al contrario, es probablemente una de las partes más bonitas de empezar un disco nuevo.

Respetar al SHÉ que escribió aquellas canciones

Cuando vuelves a canciones antiguas, ¿no aparece la tentación de cambiar frases que hoy escribirías de otra manera?

No lo vivo como una lucha porque respeto muchísimo a la versión de mí mismo que escribió esas canciones. Aquello que escribí en ese momento era tan verdad como aquello que puedo escribir ahora.

Evidentemente, desde la perspectiva actual puedo encontrar cosas musicalmente mejorables y también elementos de escritura que quizá hoy resolvería de otra manera. Pero no tengo ningún conflicto con eso porque sé que entonces hice lo mejor que sabía hacer y fui completamente honesto conmigo mismo.

Precisamente una de las intenciones del recopilatorio era mejorar musicalmente ciertas cosas y llevarlas hacia otro lugar. Ahí sí veía muchísimo margen. Podías cambiar la producción, darle más fuerza a determinados sonidos o reconstruir completamente la atmósfera.

Pero las letras he querido respetarlas prácticamente al máximo. Si empezaba a modificar frases, palabras o ideas simplemente porque ahora escribiría diferente, dejaría de estar versionando aquellas canciones. Estaría creando otra cosa.

Y lo que quería era conservar a la persona que escribió aquello mientras le daba un nuevo contexto musical.

«Ser un loco me ha salvado»

En He cambiado dices que «ser un loco me ha salvado». ¿Qué significa para ti?

Es una manera bastante reducida y abstracta de hablar de la figura del loco dentro del arte. Para mí, el loco muchas veces es esa persona a la que los demás señalan porque hace algo diferente, algo que quizá no está considerado correcto o que se sale de aquello que espera el entorno.

Shé frente una ventana
Shé frente una ventana

Yo me he sentido así muchísimas veces y precisamente abrazar esa figura del loco, en lugar de intentar esconderla, es una de las cosas que más me han ayudado a llegar donde estoy y a convertirme en quien realmente soy.

Dentro de la escritura encuentro esa libertad. Puedo ser ese loco sin preocuparme demasiado de si aquello encaja con lo que se supone que tendría que estar diciendo.

¿Nunca te ha preocupado no encajar?

No demasiado. No soy una persona que tenga una necesidad especial de encajar y creo que precisamente por eso me atrae tanto esa figura.

Me gustan las personas valientes que se atreven a defender aquello que sienten que es verdad. Soy muy defensor de la verdad, independientemente de cuál sea. Si hay algo que de verdad te mueve y puedes expresarlo desde un lugar honesto, para mí tiene muchísimo valor.

Además vivimos en un momento donde cada vez cuesta más saber qué es real y qué no. Hay muchísima falsedad, muchísima apariencia y ahora tenemos incluso todo el debate relacionado con la inteligencia artificial y con la facilidad para construir cosas que parecen verdaderas sin serlo.

Por eso creo que la honestidad dentro del arte cobra todavía más importancia. Precisamente cuanto más artificial se vuelve el entorno, más valioso me parece encontrar a alguien que simplemente está diciendo una verdad.

El vínculo con quienes encuentran su propia vida en sus canciones

¿Te pasa que alguien te diga que has escrito exactamente lo que estaba viviendo?

Constantemente. De hecho diría que ese es el perfil de la persona que lleva años escuchándome. Quien conecta con mi música suele hacerlo de una manera bastante visceral porque siente que aquello que estoy contando también podría estar explicando algo suyo.

Saben que detrás de las canciones no existe un personaje. Hay una persona real y creo que precisamente esa verdad genera el vínculo. No es simplemente alguien que escucha música, encuentra una canción que le gusta y después pasa a otra cosa.

Con buena parte de mi público existe algo bastante más profundo. Hay personas que llevan años relacionando canciones mías con momentos concretos de su vida y para mí esa conexión es una de las cosas de las que más orgulloso me siento.

Que alguien sea capaz de escuchar algo que nació de una experiencia tuya y convertirlo en parte de su propia historia es probablemente una de las mayores recompensas que puede tener escribir canciones.

«El rap me permite ser yo sin filtros»

¿Esa visceralidad es precisamente lo que te llevó al rap?

No sé realmente si elegí yo el rap o si el rap me eligió a mí. Lo he dicho muchas veces porque nunca hice esa búsqueda consciente de pensar: «Quiero dedicarme a la música, ahora voy a probar diferentes estilos y decidir cuál me conviene».

Empecé directamente escribiendo canciones de rap sin hacerme demasiadas preguntas. Era aquello que salía de manera natural.

Y con el tiempo entendí que también es un género que encaja perfectamente con mi manera de expresarme porque te permite hablar sin demasiados filtros. No necesitas ser constantemente políticamente correcto ni disfrazar determinadas emociones para que resulten más cómodas.

Hay letras antiguas donde aparece una parte mucho más animal y visceral. Y también tengo que entender que cuando escribí algunas de ellas tenía veinte años o incluso menos. Formaban parte de una etapa donde todo se vive con muchísima intensidad.

El rapero SHÉ sobre el escenario
El rapero SHÉ sobre el escenario

La adolescencia y la juventud tienen esa volatilidad. Todo parece enorme, las emociones están constantemente arriba y abajo y hay una forma mucho más impulsiva de enfrentarse a lo que sucede. Aquellas canciones defienden también esa parte.

Pero aunque hubiese terminado haciendo otro género, creo que mi manera de escribir habría sido parecida. Lo que ocurre es que el rap me ofrece un espacio especialmente cómodo para ser yo sin filtros.

Veinte años peleando contra el prejuicio hacia el rap

¿El rap sigue teniendo puertas cerradas en los grandes medios?

Sí. Ahora estamos bastante mejor que cuando yo empecé, pero todavía existe.

Hay medios que siguen considerando que aquello que hago pertenece a un nicho demasiado concreto y, simplemente por estar dentro del rap, ya parten de determinadas ideas preconcebidas.

A veces se mete a todos los artistas del género en el mismo saco: que si el rap es maleducado, que si utiliza determinadas palabras o que si su manera de expresarse no encaja en ciertos espacios.

Y para mí eso es un error. No puedes coger un género entero y reducirlo a una única personalidad. Habrá gente más provocadora, artistas más agresivos, otros mucho más introspectivos y otros que trabajan desde lugares completamente diferentes.

Además creo que todo el mundo debería tener libertad para expresarse como quiera aunque sea políticamente incorrecto o aunque aquello que diga resulte incómodo.

Parte de la belleza del arte está precisamente ahí: en provocar. Si convertimos absolutamente todo en algo con un lacito para que nadie se sienta mínimamente incómodo, estamos eliminando una parte importantísima de aquello que puede hacer el arte.

Los medios todavía tienen camino que recorrer en ese sentido, aunque evidentemente hemos avanzado muchísimo respecto a hace veinte años.

Hacerse mayor sin dejar de sentir

¿Madurar significa perder esa intensidad de la juventud?

No lo creo. Es verdad que cuando eres adolescente tienes una visión mucho más loca del mundo y una energía particular. Cuando empecé con quince años, todo parecía muchísimo más intenso y al mismo tiempo muchísimo más efímero.

La madurez va calmando algunas de esas cosas. Aprendes a relativizar, entiendes mejor ciertos procesos y quizá ya no reaccionas inmediatamente con la misma explosividad.

Pero eso no significa que dejes de sentir ni que desaparezcan experiencias capaces de golpearte con la misma intensidad.

Simplemente cambia la manera en la que las procesas y en la que las expresas. Sigues sintiendo muchísimo, pero ya no necesariamente lo haces exactamente como cuando tenías quince o veinte años.

De la música clásica al rap francés

¿Qué artistas fueron tus referentes cuando empezaste?

Nunca he tenido un referente al que mirara pensando que quería convertirme en él o copiar directamente su manera de hacer música. Entiendo perfectamente que muchos artistas cuando empiezan necesiten apoyarse en una figura porque todavía están buscando su identidad, pero en mi caso nunca funcionó exactamente así.

Cuando componía, mi referencia siempre estuvo mucho más dentro que fuera. Nunca miraba a un músico y pensaba: «Quiero escribir como esta persona».

Evidentemente sí tengo influencias porque he escuchado muchísima música y de estilos muy diferentes. Me gusta el flamenco, la música clásica y, por supuesto, el rap.

El rapero SHÉ sobre el escenario
El rapero SHÉ sobre el escenario

Dentro del rap siempre he sentido una conexión bastante grande con el francés. Me interesa muchísimo ese concepto más apoyado en piano, arreglos orquestales y una profundidad que muchas veces siento más cercana a mi forma de producir.

El rap estadounidense tradicionalmente ha tenido una referencia bastante más electrónica, aunque evidentemente he escuchado artistas como Tupac, Biggie y muchísima otra gente.

Como consumidor siempre he sido bastante abierto. Escuchar de todo termina ampliando muchísimo las herramientas que tienes después aunque no estés intentando copiar conscientemente ninguna de esas músicas.

El consejo que daría después de veinte años de carrera

Si un chico de 16 años quisiera empezar hoy a rapear, ¿qué le dirías?

Lo primero que le preguntaría sería cuánto le gusta realmente.

Porque ese es el motor. Aquello que estés dispuesto a hacer, soportar y trabajar va a depender directamente de cuánto quieras dedicarte a esto.

Hoy hay muchísima más gente intentando vivir de la música que hace veinte años y desde fuera puede parecer un camino muy atractivo. Ves artistas apareciendo constantemente, canciones que explotan en redes y personas que aparentemente pasan de no tener nada a estar arriba en muy poco tiempo.

El problema es pensar que esa es la norma.

Si empiezas tu carrera esperando que la tercera canción haga boom y te convierta inmediatamente en número uno, probablemente estás construyendo una relación tremendamente frustrante con la música.

Porque todo aquello que sube de una forma brutal también puede bajar exactamente igual de rápido. Y si tu primera referencia profesional ha sido estar en lo más alto, cualquier cosa que ocurra después puede parecerte un fracaso.

Tal vez nunca vuelvas a alcanzar ese mismo pico y entonces terminas midiendo toda tu carrera respecto a un momento excepcional que duró muy poco.

Por eso trabajar desde las expectativas y los estándares externos me parece peligrosísimo.

El motor tiene que ser la pasión. Si realmente amas la música, no necesitas empezar construyendo estrategias para convertirte inmediatamente en alguien. Necesitas ser honesto con aquello que quieres hacer y después trabajar.

Trabajar, trabajar y trabajar.

Nadie te regala nada y hace falta una disciplina enorme. Mi propia carrera ha sido bastante progresiva. Evidentemente A 700 kilómetros tuvo una repercusión muy grande, pero nunca he construido mi trayectoria alrededor de un gran boom.

He ido creciendo un poco cada año, consolidando gente y construyendo una carrera lentamente. Y personalmente creo que es una de las mejores maneras de conseguir que aquello que estás haciendo pueda durar.

Dos noches para cerrar veinte años

¿Se grabarán los conciertos de aniversario para quienes no puedan estar?

Es algo que hemos hablado y que hemos puesto sobre la mesa. Nos gusta muchísimo la música en directo y evidentemente sería bonito poder conservar de alguna manera estos conciertos.

Pero precisamente estamos tan concentrados en construir esas noches concretas que no hemos terminado convirtiéndolo en un proyecto pensado para después explotarlo como un evento global.

Además, hacer una grabación de ese nivel requiere muchísimos recursos. No consiste simplemente en colocar una cámara y grabar un concierto si quieres que aquello pueda funcionar después como un producto audiovisual de verdad.

Ahora mismo nuestra energía está puesta completamente en conseguir que esas dos fechas sean especiales: el repertorio, la banda de músicos en directo y toda la experiencia para quienes estén allí.

No creo que vayamos a hacerlo en estas fechas, pero tampoco es una idea que descarte para siempre. Quizá en otra gira tenga sentido grabar incluso un recorrido completo. Ahora simplemente estamos centrados en vivir estos conciertos como algo único.

¿Por qué Barcelona y Madrid y no cerrar también en tu tierra?

Me lo ha preguntado bastante gente [ríe]. Yo nací en Crevillente, que está en Alicante, y evidentemente hay muchísima gente de mi zona, amigos y conocidos que me han hecho exactamente la misma pregunta.

La decisión responde simplemente a una cuestión de aforos y de apostar por las dos ciudades donde tradicionalmente hacemos nuestros conciertos más grandes.

En nuestro caso Barcelona y Madrid son esas dos referencias y por eso decidimos concentrar ahí la celebración.

Eso no significa que haya olvidado de dónde vengo. Además, el concierto de Madrid cae el 9 de octubre, que es festivo, así que espero que mucha gente pueda desplazarse.

De hecho sabemos que va a venir público de diferentes puntos de España a las dos fechas, así que todo el mundo es bienvenido.

Un futuro que vuelve a empezar desde cero

Después de esta gira, ¿qué viene para SHÉ?

Tengo muchísimas ganas de volver al estudio. Quiero volver a escribir y construir canciones con letra, aunque todavía no sé exactamente cuál va a ser el camino.

No quiero imponerme desde el principio una idea concreta porque disfruto muchísimo ese proceso de descubrimiento.

Ya me ocurrió con Profundo. Inicialmente estaba preparando otro disco completamente diferente. Habíamos grabado incluso el videoclip de la primera canción y estaba terminado y editado.

Pero cuando lo vi comprendí que aquello no era el camino que quería seguir.

Paramos todo el mecanismo. Me tomé un tiempo para intentar descubrir qué necesitaba realmente hacer y un día, estando en casa viendo vídeos en YouTube, apareció de manera prácticamente aleatoria una actuación en directo de Hans Zimmer.

Empecé a escucharla y tuve una sensación inmediata: «Es esto».

Ahí nació Profundo. Ese universo orquestal apareció de aquella revelación y terminó convirtiéndose en un proyecto que probablemente jamás habría existido si hubiese seguido simplemente el plan inicial porque ya habíamos invertido tiempo y dinero en él.

Por eso me gusta tanto empezar sin conocer la respuesta. Nunca sabes dónde vas a encontrar aquello que desbloquee un proyecto.

Y si hablamos de Profundo, hay algo que tengo muy claro: la canción que lleva el mismo título continúa siendo, a día de hoy, probablemente la canción de la que más orgulloso estoy.

Entonces, ¿por qué no incluir Profundo en La Serpiente?

Porque eso no se puede mejorar.

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