Un año después de Mis notas de voz, Mafalda Cardenal vuelve desde un lugar vital muy diferente. Si aquel primer disco reunía canciones escritas durante años de adolescencia, inseguridades y desamor, Belonia nace ya con conciencia de álbum y con una artista que siente que ha encontrado mucha más seguridad en aquello que hace. El cambio también se percibe en las letras: ahora hay más amor, más luz y una Mafalda que reconoce haberse enamorado y haber perdido parte de aquel síndrome del impostor que antes le impedía terminar de creerse todo lo que estaba viviendo.
Belonia es también un lugar que no existe. Una palabra inventada dentro de una canción terminó creciendo hasta convertirse en el nombre de todo el proyecto y, precisamente porque no tiene una definición cerrada, cada persona puede encontrar dentro de ella algo distinto. Mafalda sabe qué significa para ella, pero no quiere imponer esa lectura a quien escucha el disco.
La evolución también está en su manera de crear. Mis notas de voz fue escrito completamente por ella porque necesitaba demostrarse que podía construir un proyecto sola; Belonia, en cambio, abre la puerta a amigos, productores y colaboradores que llevan años acompañándola. El resultado es un disco más intencional, más colectivo y, paradójicamente, también más libre.
En YOUNG volvemos a hablar con Mafalda Cardenal sobre esa transformación, sobre el miedo que tenía a escribir canciones románticas, sobre cómo nació Que tiene, sobre la importancia de seguir trabajando con la misma gente y sobre por qué cada vez confía más en su propia intuición.
«Ahora ya me creo más mi vida»
Ha pasado solo un año desde Mis notas de voz. ¿Cómo has cambiado tú?
Estoy más feliz que nunca y sí siento que he madurado bastante. Creo que ahora ya me creo mucho más mi propia vida, porque antes tenía bastante síndrome del impostor y no terminaba de sentirme completamente segura con todo lo que estaba pasando. Ahora estoy feliz, pienso que soy cantante y espero serlo toda la vida de Dios, y me siento súper agradecida por estar viviendo todo esto. También se nota inevitablemente en las canciones: ahora escribo sobre amor porque una se ha enamorado y, claro, cuando eso pasa también tienes que escribir sobre ello.
No podría estar más feliz ni más orgullosa del resultado de Belonia. Llevaba muchísimo tiempo guardándolo como un secreto y tenía muchas ganas de que por fin pudiera escucharlo la gente, porque cuando tienes algo así tanto tiempo contigo llega un momento en el que necesitas compartirlo y dejar que empiece también a pertenecer a los demás.
¿Este disco lo has pensado mucho más como un proyecto completo?
Totalmente. Mis notas de voz surgió un poco sin querer porque nunca empecé aquellas canciones pensando conscientemente que estaba haciendo un álbum; en realidad terminó siendo una recopilación de temas que había escrito con 17, 18, 19 y 20 años. Con Belonia ha sido completamente distinto, porque desde la primera canción ya sabía que aquello iba a convertirse en un disco, aunque todavía no supiera cómo se llamaría. Tenía claro que quería que todo siguiera una misma dirección y que las canciones pertenecieran a un universo común.
También ayudó muchísimo haber pasado ya por la experiencia de grabar un primer álbum. Esta vez sabía mejor cómo funcionaba todo y pude permitirme disfrutar mucho más del proceso en lugar de vivirlo únicamente desde la incertidumbre. Además, lo he hecho rodeada de amigos y creo que eso ha sido fundamental, porque si tienes la suerte de dedicarte a un trabajo como este, que ya puede ser muy divertido por sí mismo, compartirlo con personas a las que quieres hace que todavía lo disfrutes más.
De hacerlo todo sola a aprender a compartir
¿Qué te ha dado más seguridad entre un disco y otro?
Sobre todo ir aprendiendo. Poco a poco encuentras tu propia voz, empiezas a saber mucho mejor qué te gusta, qué no te gusta y qué cosas quieres defender. Cuando ya estás realmente cómoda con aquello que haces, también puedes permitirte explorar lugares que antes te daban más miedo porque tienes una base mucho más sólida desde la que partir.
En Mis notas de voz no quise escribir con nadie. Ese disco está escrito al cien por cien por mí porque necesitaba demostrarme a mí misma que podía hacerlo sola. Creo que era exactamente el ejercicio que necesitaba en ese momento: sentarme, escribir mis canciones y sentir que todo aquello me pertenecía completamente antes de abrir ese espacio creativo a otra persona.
Una vez conseguí hacerlo fue cuando pensé: «Vale, para el siguiente ya puedo dejar entrar a más gente». Elegí además a mis amigos y creo que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado, porque escribir acompañada no solamente ha sido muchísimo más divertido, sino que me ha permitido aprender y crecer. Muchas veces necesitas hacer primero las cosas exactamente como tú crees que deben hacerse para descubrir después que existen otras maneras que también pueden llevarte a sitios buenísimos.
Y muchos de ellos llevan contigo desde el principio.
Sí, y para mí eso es de las cosas más bonitas de todo este proceso. Hemos empezado prácticamente todos juntos y me encanta que siga acompañándome la misma gente, especialmente porque son personas tremendamente profesionales y nunca he sentido ninguna necesidad de cambiarlas simplemente porque mi proyecto haya crecido.

Álex Palomo, por ejemplo, produjo mi primera canción y Milo produjo Tu fan. Son personas que llevan trabajando conmigo muchísimo tiempo y siento que probablemente continuemos haciendo música juntos durante muchos años. En este disco también está Jo, con quien trabajamos en Londres, y están Jordi y Claudia, que además de colaborar en algunas canciones son amigos míos desde hace muchísimo tiempo.
Jordi toca conmigo desde el primer festival que hice y a Claudia la conozco de Alicante de toda la vida. Compartir un proyecto así con gente que conoces desde hace tantos años ya sería especial por sí solo, pero cuando además resulta que todas esas personas tienen muchísimo talento, todavía lo es más.
Belonia, un lugar que no existe
¿Qué es exactamente Belonia?
En realidad Belonia fue la última canción que escribimos del disco y surgió porque queríamos hacer algo menos serio, menos intenso y un poco más distendido. Álex Palomo siempre hablaba de hacer una canción de «tontipo», algo simplemente divertido, y eso fue exactamente lo que terminamos haciendo.
Lo curioso es que originalmente ni siquiera decíamos Belonia. En todos esos lugares de la canción decíamos «Antonia», que es una forma de broma con la que llamo a mi novio. La canción empezó casi como una tontería entre nosotros, pero nos gustó tanto el resultado que pensamos que necesitábamos cambiar aquella palabra porque, si no, todo podía quedarse demasiado en la broma privada.
Nos pusimos entonces a buscar cosas que rimaran con Antonia y terminó apareciendo Belonia. Lo primero que hicimos fue buscar rápidamente en Google para comprobar si realmente significaba algo y prácticamente no era nada. Había alguna referencia muy pequeña, pero precisamente eso nos gustó porque nos permitía apropiarnos de la palabra y construir alrededor de ella algo completamente nuestro.
Además, simplemente me parece una palabra preciosa. Tiene un sonido muy bonito y terminó funcionando tan bien dentro de la canción que acabó creciendo hasta convertirse en el nombre de todo el disco.
¿Por qué dejar Belonia para el final?
Porque creo que Nada Mal, que es la canción que abre el disco, funciona perfectamente como introducción. Tiene una entrada muy cinematográfica, con músicos tocando de verdad, y recuerdo que cuando vimos todo aquello materializarse hubo un momento en el que terminamos emocionándonos muchísimo porque era exactamente como lo habíamos imaginado.
Además, siento que el sonido de Nada Mal representa muy bien aquello que quiero que sea Belonia, así que funciona como una declaración de intenciones desde el principio. En cambio, la última parte de Belonia me parece perfecta como despedida y por eso tenía mucho sentido cerrar el disco con ella.
Tampoco quería condicionar a nadie explicando desde el principio qué significa Belonia. Yo sé lo que representa para mí, pero no soy quién para decirle a otra persona qué tiene que significar para ella. Prefería dejarlo al final y que cada uno llegara hasta ahí habiendo construido ya su propia interpretación del disco.
De hecho, en el directo tenemos muy claro que Nada Mal será una canción de principio y Belonia una canción de final. Todavía estamos trabajando muchas cosas del concierto, pero esas dos posiciones las tenemos clarísimas.
El miedo a pasarse de romántica
Dijiste que te daba miedo escribir canciones de amor porque podían quedar demasiado cursis. ¿Por qué?
Porque yo inherentemente soy una persona bastante cursi [ríe]. Mi color favorito es el rosa, soy muy de vestidos, me encanta la purpurina, tengo una voz muy aguda… entonces sí que existía ese miedo a que, si además escribía una canción romántica, todo junto terminara siendo demasiado.
Por eso en las canciones de amor me he esforzado bastante en encontrar maneras de contar las cosas que no me dieran vergüenza a mí misma. Intentaba buscar metáforas, describir sentimientos desde lugares diferentes y no caer simplemente en decir algo bonito porque sí.
Al final creo que lo he conseguido. Igual hay alguien que escucha una canción y piensa que es cursísima, pero por lo menos he conseguido no darme cringe a mí misma, que ya me parece un avance bastante importante porque normalmente una misma es su peor crítica.
Y tampoco quiero huir ya del romanticismo. Estoy feliz, estoy enamorada y sería absurdo intentar escribir constantemente desde un lugar triste simplemente porque es aquello con lo que empecé. También hay que aprovechar toda la felicidad que podamos.
Que tiene, una canción que estuvo a punto de quedarse fuera
¿Cómo nació Que tiene?
Es una canción que tenía escrita desde hace muchísimo tiempo. De hecho, antes de existir No estábamos juntos, la letra que tenía aquella canción era prácticamente la de Que tiene. En ese momento me gustaba un chico y estaba bastante celosa de otra chica, pero pensé que no quería que él supiera todo aquello, así que terminé cambiando completamente la historia.
La letra original me seguía gustando mucho, así que tiempo después la recuperé, cambié la armonía y terminé la canción. Lo que me faltaba era una parte que realmente explotara y, estando con Claudia, Jordi, Palomo y Milo, empezamos a pensar en canciones que todos habíamos escuchado muchísimo saliendo de fiesta.
Ahí apareció Obsesión, de Aventura. Empezamos a cantar aquellos coros un poco de broma y nos dimos cuenta de que encajaban perfectamente. Grabamos unos coros casi riéndonos y al final esos mismos coros de broma son los que se han quedado en el máster definitivo.
Pedimos permiso y nos lo dieron, muy simpáticos [ríe]. Eso sí, nosotros inicialmente queríamos llamar a la canción Obsesión, pero tuvimos que cambiar el título y por eso terminó llamándose Que tiene. Aunque, entre tú y yo, yo sigo llamándola Obsesión.
¿Fue también la canción que más peligró del disco?
Probablemente sí. Tampoco soy especialmente tiquismiquis una vez que una canción está terminada. Durante la grabación puedo ser bastante mandona, pero después tengo la suerte de trabajar con productores increíbles que se preocupan por todos esos detalles que a mí quizá ni siquiera me obsesionan tanto.

Álex, por ejemplo, es muchísimo más perfeccionista con determinadas cosas, así que sé que tengo a personas alrededor que van a pulir aquello que haga falta. Para mí lo fundamental sigue siendo lo que transmite la canción y, en general, estoy muy contenta con cómo han quedado todas.
Si tuviera que decir una que en algún momento pudo peligrar, sería Que tiene. Primero porque ese coro había nacido casi como una broma y también porque una parte tan importante de la canción no era completamente mía. Además, como era una canción escrita hacía bastante tiempo, sentía que pertenecía más a la Mafalda antigua.
Pero precisamente por eso acabé pensando que tenía que estar. También forma parte de mí y del camino que he recorrido, así que tenía sentido que apareciera dentro del disco.
Dos días de rodaje para construir todo un universo
Habéis hecho visualizers y videoclips para prácticamente todo el proyecto. ¿Cómo fue?
Muy intenso [ríe]. Grabamos todos los visualizers en un día y todos los videoclips en otro día. Fueron jornadas larguísimas, desde por la mañana hasta la noche, y además mientras grabábamos también teníamos que hacer fotografías y todo el contenido que acompaña después al lanzamiento.
Pero ocurre una cosa: cuando ves el resultado y sale exactamente como lo habías visualizado, se te olvida bastante lo duro que fue llegar hasta ahí. En el momento estás agotada, pero después miras todo terminado y piensas que ha merecido completamente la pena.
Aitor y Lucía llevan dirigiendo mis videoclips desde el principio y siempre lo hacen increíble. También Tuchi, que es la directora creativa, hizo un trabajo espectacular. Al final volvemos a lo mismo: es gente que conoce el proyecto, que me conoce a mí y que entiende perfectamente cómo quiero que se vea este universo.
¿Cuál fue el último que grabaste?
Gigantes. Me acuerdo perfectamente porque llevaba unos tacones y en ese momento pensaba que quería tirarlos por la ventana [ríe]. Estaba agotadísima, pero el resultado quedó increíble.
Además, como teníamos que hacerlo todo en un solo día, prácticamente no había margen para repetir. Hacíamos una o dos tomas de cada cosa y teníamos tres cámaras grabando, así que había que confiar mucho en que todo saliera bien.
Si me preguntas si volvería a grabarlo absolutamente todo en un día pudiendo elegir… probablemente no [ríe]. Si existe otra opción, prefiero repartir un poco más el sufrimiento.
Las colaboraciones tienen que aparecer de manera natural
¿Te ves colaborando con artistas como Ana Mena?
Nunca me lo había planteado y es verdad que estamos además dentro de la misma compañía, así que tampoco sé muy bien por qué nunca lo había pensado.
Pero creo muchísimo en que las cosas llegan cuando tienen que llegar. No me gusta demasiado forzar una colaboración simplemente porque estratégicamente pueda parecer que encaja. A Ana, por ejemplo, no la conozco personalmente y me resultaría un poco extraño acercarme de repente a decirle que hagamos una canción juntas.
Para mí las mejores cosas salen de un sitio genuino y espontáneo. Cuando escribes con alguien necesitas abrirte bastante y contar cosas personales, y si estoy delante de alguien a quien no conozco absolutamente de nada probablemente no me salga hacerlo de forma natural.
Así que ya veremos. Todo llegará cuando tenga que llegar.
«Me fío muchísimo de mi intuición»
¿Piensas mucho cada decisión o eres más intuitiva de lo que parece?
Muchísimo más intuitiva. Creo que mucha gente que escucha mis canciones piensa que detrás de absolutamente todo hay una reflexión enorme y una explicación súper profunda, pero la realidad es que hay muchas cosas que simplemente hago porque se me ocurren en ese momento.
Me fío muchísimo de la intuición. Muchas veces lo primero que me viene a la cabeza es lo que siento que tiene que ser y, aunque después le dé cien vueltas, termino regresando exactamente a aquella primera idea.
Supongo que también eso tiene que ver con haber ganado seguridad. Cuando confías más en ti misma dejas de necesitar justificar constantemente por qué has tomado una decisión y puedes aceptar que algunas cosas simplemente funcionan porque las sientes así.
No necesito que absolutamente todo tenga una explicación complejísima. A veces algo está ahí porque me gusta, porque me parece bonito o porque en ese momento sentí que tenía que ser así.
Lo que viene después de Belonia
¿Quedaron muchas canciones fuera?
No tantas como podría parecer. Esta vez estaba muy satisfecha con aquello que teníamos y siento que las canciones que están dentro del disco están porque tienen que estar.
Las que se quedaron fuera igual no salen nunca. No lo sé. Tampoco tengo esa necesidad de recuperar absolutamente todo lo que escribo y convertirlo tarde o temprano en una canción publicada.
Pero sí estoy escribiendo cosas nuevas. Así que quizá en algún concierto aparezca alguna canción que todavía nadie conozca. Me gusta también esa posibilidad de probar algo en directo y que el público lo escuche por primera vez ahí.
¿La Mafalda que está escribiendo ahora pertenece ya a una tercera etapa?
Creo que en el fondo siempre soy la misma. Lo que van cambiando son las circunstancias de mi alrededor y mi propia madurez, y evidentemente eso hace que las canciones terminen sonando o hablando de cosas diferentes.
Pero nunca voy a dejar de escribir sobre determinados sentimientos aunque ahora esté súper enamorada. Yo empecé a escribir canciones precisamente porque cuando no encontraba ninguna canción que describiera exactamente aquello que me estaba pasando, me sentaba y la escribía yo.
Y quiero seguir haciendo eso. Tengo muchísimos sentimientos que recuerdo haber vivido y todavía hay muchas canciones de desamor en mi cabeza y en el bolsillo esperando salir. No porque esté viviendo eso ahora mismo significa que haya dejado de entenderlo o de sentir conexión con aquella parte de mí.
Y al mismo tiempo seguiré haciendo canciones de amor. Si ahora estoy feliz, quiero aprovecharlo también para escribir desde ahí. Después de tantos años utilizando la música para atravesar determinadas tristezas, tampoco está mal dejar espacio para disfrutar todo lo bueno que está ocurriendo.










