La venezolana Briella
La venezolana Briella

Briella: «Mozart escucharía a Daddy Yankee»

Briella presenta TINIKIJIMA en YOUNG y nos cuenta como ha sido su gira en España mientras con humor habla de un titular que la une con Shakira que jamás pronunció.

Briella lleva años demostrando que detrás de su música urbana existe una formación bastante menos previsible de lo que podría sugerir una primera escucha. Empezó con el piano clásico alrededor de los 14 años, estudió teoría y armonía en el Conservatorio de Música de Carabobo y terminó graduándose cum laude en Educación Musical por la Universidad de Carabobo en 2021. Una formación académica que ahora convive sin complejos con bajos saturados, merengue, reguetón, bolero y producciones digitales.

Después de Al mando y Código Rosa, la venezolana abre una nueva etapa con TINIKIJIMA, un proyecto formado por siete canciones y el primero desarrollado junto a Interscope. Su nombre procede de una playa de Choroní, Venezuela, mientras que musicalmente construye un universo mucho más juguetón. Canciones como Devuélveme a tu marido o Princeso permiten a Briella introducir una característica que hasta ahora no había explotado tanto: el humor.

La artista llega además después de pasar por España acompañando una gira que la llevó por Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria, Barcelona y Madrid. Una oportunidad para enfrentarse a públicos que no habían comprado una entrada específicamente para verla y comprobar si sus canciones eran capaces de conquistar a quien todavía no conocía demasiado su propuesta.

La venezolana Briella
La venezolana Briella

En Revista YOUNG hablamos con Briella sobre TINIKIJIMA, por qué piensa que Mozart escucharía a Daddy Yankee, cómo explicaría académicamente su propia música y qué tres canciones utilizaría para enseñarle Venezuela a alguien que nunca ha pisado el país. También regresamos a enero de 2023, cuando señaló las similitudes entre un fragmento de Solo tú y la sesión de Shakira con Bizarrap y terminó descubriendo cómo unas pocas palabras pueden convertirse en algo completamente diferente cuando entran en la maquinaria de los titulares.

«Me sorprendió muchísimo el público español»

Vienes de actuar en Tenerife, Gran Canaria, Barcelona y Madrid. ¿Cómo ha sido encontrarte con el público español?

Me sorprendió muchísimo, sobre todo porque no era una gira propia. Cuando haces tus propios conciertos puedes pensar que la gente ha comprado una entrada para verte y, por tanto, evidentemente conoce tus canciones y existe un interés previo. Cuando estás acompañando a otro artista aparece esa incertidumbre de preguntarte si realmente van a conectar contigo, si conocerán las canciones o si entenderán aquello que haces.

Y me llevé una sorpresa enorme. Había muchísimas chicas y sentí que conectaron muchísimo con las canciones y también con las temáticas. Cuando empezaban las partes de merengue, por ejemplo, la gente comenzaba a aplaudir y a moverse y yo pensaba: «Bueno, esta gente está dentro». Sentí un público muy abierto y con muchas ganas de disfrutar.

También creo que España lleva mucho tiempo teniendo contacto con estilos como el merengue o la salsa. Hay muchísima variedad cultural y determinadas músicas que quizá asociamos inmediatamente a Latinoamérica forman también parte del día a día de mucha gente aquí. Por eso el recibimiento me sorprendió, pero a la vez entendí rápidamente que existía una conexión muy natural.

En TINIKIJIMA aparece mucho más humor que en tus trabajos anteriores. ¿Cómo nació ese universo?

Fue algo bastante fluido. No empecé diciendo: «Voy a hacer un proyecto que hable exactamente de esto». Las canciones fueron apareciendo y poco a poco empezamos a descubrir qué tenían en común. La primera fue Devuélveme a tu marido, que tiene un punto muy pícaro y controversial, y ahí me di cuenta de que esa línea más graciosa me gustaba muchísimo.

Briella en la sesión de fotos de esta entrevista en YOUNG en la playa
Briella en la sesión de fotos de esta entrevista en YOUNG en la playa

En mis canciones anteriores ya existían la sensualidad y el empoderamiento, pero creo que no había explotado tanto esa pizca de humor. Después comenzaron a aparecer canciones como Princeso y, casi sin buscarlo, se fue construyendo un universo de temas divertidos, femeninos, pícaros y con una personalidad bastante concreta.

Cuando ya tuvimos más claro hacia dónde estaba caminando el proyecto pensé mucho en mirar hacia atrás. Me acordé de Las Chicas del Can, porque tienen canciones tremendamente divertidas y esa forma de contar cosas con humor que durante mucho tiempo ha estado muy presente en la música tropical. Pensé: «Hace bastante que no veo a alguien llevando esta diversión a una propuesta actual».

Entonces decidimos recuperar un poco esa energía y cruzarla con elementos urbanos. Hay merengue, hay bolero, hay reguetón y aparecen muchas cosas diferentes. Lo divertido era coger esa tradición y traerla a mi universo sin que pareciera simplemente una recreación de algo antiguo.

Es también tu primer proyecto con Interscope. ¿Te pidieron cambiar algo de Briella?

No sentí que llegara una compañía y me dijera: «Ahora tienes que convertirte en esto». Yo ya tenía bastante claro cuando entré con el equipo que quería hacer algo diferente respecto a mis dos proyectos anteriores. Había una necesidad personal de evolucionar, refrescar mi imagen y encontrar una especie de Briella 2.0.

Lo bonito es que esa evolución estuvo acompañada. Con mi equipo creativo, marketing y todas las personas involucradas íbamos compartiendo ideas y trabajando conjuntamente para construir esta etapa. No fue alguien imponiendo una dirección, sino muchas conversaciones de «podríamos hacer esto», «tengo esta idea», «¿qué tal si probamos aquello?».

Y eso lo agradezco muchísimo porque cuando trabajas sola o desde una independencia absoluta muchas veces te falta una visión general. Tener personas a tu alrededor con las que debatir ideas me ha permitido también evolucionar como artista y aprender a trabajar de otra manera. Siento que este proyecto es fruto de ese acompañamiento y no de que alguien me haya obligado a convertirme en una artista diferente.

Crear discos para construir universos

Has publicado proyectos con muchísima frecuencia. ¿Nunca te da miedo quedarte sin canciones?

Hasta ahora no lo he sentido como algo demasiado forzado. No ha sido sentarme y pensar: «Tengo que sacar un disco porque toca». Mi primer proyecto salió en 2023 y después fueron ocurriendo cosas que dieron una mayor visibilidad internacional a mi música. Cuando aparece una canción que comienza a conectar con más gente, también pienso mucho en qué universo puedo construir alrededor de ella.

A mí me gusta precisamente eso: crear universos. No me interesa demasiado pensar únicamente en una canción aislada y pasar inmediatamente a la siguiente. Me gusta que quien escucha pueda entrar en algo más grande, encontrar varias canciones relacionadas y sentir que existe un contexto alrededor de aquello que estoy haciendo.

Con TINIKIJIMA sí hubo quizá un proceso algo más pausado y pensado. Llevábamos trabajándolo desde agosto del año anterior, así que no apareció de repente por la necesidad de lanzar algo. Por eso tampoco me da miedo hacer proyectos con frecuencia mientras sienta que realmente hay un universo que quiero desarrollar y canciones que tienen sentido juntas.

Tus dos proyectos anteriores tenían trece canciones y TINIKIJIMA se queda en siete. ¿Por qué hacerlo más corto?

Realmente TINIKIJIMA lo pensamos más como un EP que como un álbum tradicional, aunque siento que es un EP bastante grande porque tampoco estamos hablando de cuatro o cinco canciones. Son siete, que además es un número que me gusta bastante, y está un poco en ese punto intermedio.

La venezolana Briella
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Pero también siento que es un proyecto que probablemente no termine aquí. Me gusta muchísimo el universo que hemos creado y creo que todavía tiene posibilidades de extenderse. Podría existir una versión deluxe, una especie de 2.0 o incluso otra extensión con un nombre diferente pero manteniendo esta misma esencia.

No quiero afirmar exactamente qué será porque todavía puede tomar distintas formas, pero sí siento que me gustaría seguir explorándolo. Las siete canciones funcionan como un proyecto completo, aunque no necesariamente significan que hayamos cerrado definitivamente este capítulo.

De Mozart a Daddy Yankee

Tienes formación clásica. Así que vamos con una pregunta importante: si Mozart escuchara reguetón, ¿qué escucharía?

Qué buena pregunta [ríe]. Creo que, siendo Mozart alguien tan clásico pero a la vez tan vitalista, le pondría a Daddy Yankee. Me imagino que escucharía a alguno de los grandes pioneros del reguetón porque existe esa energía muy directa y esa capacidad de construir algo tremendamente reconocible.

Y si hablamos de Bach quizá elegiría a Don Omar. Siento que Don Omar ha sido un poco más experimental y se ha atrevido a explorar caminos distintos. Daddy Yankee ha tenido una identidad muy clara alrededor de su chanteo y de aquello que domina perfectamente, mientras que Don Omar tiene una discografía muy versátil y ha jugado muchísimo más con diferentes registros.

Por eso, dentro de este juego, Mozart me suena más a Daddy Yankee y Bach podría ir hacia Don Omar. Evidentemente estamos haciendo una asociación muy libre, pero me gusta pensar qué características de esos compositores podrían encontrar equivalencias dentro de artistas urbanos.

¿Y cómo definiría académicamente su música alguien que ha estudiado teoría, armonía y Educación Musical?

Creo que utilizaría una palabra que escuchábamos muchísimo en el conservatorio y que siempre me ha parecido bastante cómica: yuxtaposición. Siento que mi música actualmente es una yuxtaposición entre lo orgánico y lo sintético o digital.

Podemos grabar unos metales en República Dominicana con músicos dominicanos increíbles y, debajo de esos instrumentos completamente orgánicos, colocar un bajo muy saturado o introducir elementos de Jersey Club. Esa convivencia entre mundos que aparentemente pueden parecer contradictorios es probablemente lo que mejor define aquello que me interesa ahora mismo.

No quiero renunciar a mi formación musical ni a los instrumentos reales, pero tampoco quiero hacer música que mire únicamente hacia atrás. Me interesa muchísimo la producción contemporánea, los sonidos digitales y toda la potencia que puedes conseguir mezclando esas herramientas. Técnicamente diría que Briella está ahora mismo exactamente en ese cruce entre ambos lugares.

¿Cómo decides cuánto debe tener una canción de orgánico y cuánto de digital?

Es muchísimo más una cuestión de feeling que de porcentajes. No entro al estudio pensando que una canción necesita un 50 % de instrumentos reales y otro 50 % de producción digital. Voy escuchando lo que aparece y la propia canción empieza a pedir determinadas cosas.

Por ejemplo, con Ojalá, que es el bolero del proyecto, inicialmente teníamos una guitarra bastante más sencilla. Mientras trabajábamos la producción sentimos que podíamos añadir metales y llevarla ligeramente hacia un imaginario mexicano, pero sin dejar de sentir que continuaba siendo una canción mía.

Briella en la sesión de fotos de esta entrevista en YOUNG en la playa
Briella en la sesión de fotos de esta entrevista en YOUNG en la playa

Y también me ocurre al contrario. A veces escucho una producción muy orgánica y pienso que le falta peso. Entonces puede aparecer un bajo, un kick o algún elemento que introduzca ese sonido urbano debajo. Forma parte también de mi personalidad: me gustan las canciones grandes, enérgicas y con fuerza.

Cuando algo suena excesivamente limpio tengo bastante tendencia a querer ensuciarlo un poquito. Ahí es donde encuentro ese equilibrio entre toda la formación que traigo de atrás y la manera en que me gusta escuchar la música actualmente.

«Me encantaría hacer un proyecto sinfónico»

¿Llegaremos a escuchar algún día un reguetón de Briella con una base completamente sinfónica?

No sé si llegaré exactamente a ese punto. Siento que Rosalía quizá es una de las artistas que más se ha acercado a determinados cruces entre esos mundos y lo ha hecho increíblemente bien. Yo también voy evolucionando y cambiando, así que tampoco puedo decir que sea algo que nunca vaya a hacer.

Lo que sí tengo muy claro es que en algún momento de mi carrera me encantaría hacer algo sinfónico. Podría ser una versión orquestal de mis canciones, un proyecto en homenaje a alguna música que me haya marcado o incluso una colaboración con alguien como Gustavo Dudamel y una orquesta. Un trabajo así me haría muchísima ilusión.

También podría imaginarlo desde la música venezolana. Cantar canciones populares tradicionales, recuperar determinados temas o coger algún éxito mío y reconstruirlo completamente desde una orquesta. Mi formación hace que ese mundo siempre siga existiendo dentro de mí aunque hoy mi música esté situada principalmente en otro lugar.

Tres canciones para entender Venezuela

Si alguien español quisiera entender Venezuela a través de tres canciones, ¿cuáles elegirías?

Empezaría con Simón Díaz. Podría recomendar prácticamente cualquier canción suya porque siento que lleva dentro una parte enorme del sentimiento venezolano, pero elegiría especialmente Mi Querencia. Es una de mis favoritas y representa esa cara más vulnerable, sentimental y emocional que tenemos.

Para nosotros Simón Díaz es un icono enorme, pero creo que su legado trascendió Venezuela. Hay algo en sus canciones capaz de explicar un país desde la emoción sin necesidad de que conozcas todo el contexto que existe alrededor. Por eso lo pondría primero.

Después elegiría Llorarás, de Oscar D’León, porque ahí aparece casi la otra cara. Oscar representa esa energía festiva, salsera, de celebración y de compartir. Cualquier persona a la que le guste la salsa en cualquier lugar del mundo sabe quién es y creo que representa perfectamente esa Venezuela mucho más alegre y fiestera.

Y para terminar escogería algo de una generación más actual, probablemente Chyno y Nacho. El merenguetón es un género del que siento que en Venezuela nos apropiamos bastante y yo crecí con él. Mis quince años, mis fiestas y muchísimos recuerdos tienen canciones de Chyno y Nacho de fondo.

Para mí Venezuela también suena a eso: ritmo, alegría y esa mezcla entre merengue y sonidos urbanos. Si juntas a Simón Díaz, Oscar D’León y Chyno y Nacho, tienes tres caras muy diferentes que permiten acercarte bastante a cómo sentimos y cómo hemos escuchado música distintas generaciones de venezolanos.

Cuando un parecido terminó convertido en una acusación

En 2023 señalaste similitudes entre Solo tú y la sesión de Shakira con Bizarrap, pero muchos titulares lo redujeron a «Briella acusa a Shakira de plagio». ¿Cómo viviste aquello?

Tuve varios días de muchísima impotencia precisamente por eso. Yo hice un comentario también desde la inocencia del momento. Era 2023, seguía siendo una artista independiente en Venezuela, Solo tú sería aproximadamente mi quinta canción y estaba acercándose al millón de reproducciones de manera completamente orgánica antes de que apareciera toda aquella controversia.

De repente escuché la canción, señalé una similitud y todo se convirtió en algo muchísimo mayor. Me produjo impotencia porque las palabras que aparecían en determinados titulares no eran exactamente las palabras que yo había utilizado ni tampoco representaban la intención con la que había hecho aquel comentario.

Briella en la sesión de fotos de esta entrevista en YOUNG en la playa
Briella en la sesión de fotos de esta entrevista en YOUNG en la playa

Entiendo que un titular busca el clic y muchas veces todo termina reducido a la expresión más contundente posible, pero eso provocó que muchísimas personas pudieran llevarse una impresión completamente equivocada sobre mí y sobre aquello que pretendía. Nunca fue mi intención presentarme como alguien buscando una guerra con Shakira o Bizarrap.

He hablado muy poco sobre esto después porque para mí es algo que ya pasó, pero sí creo que mediáticamente hubo una simplificación enorme y un malentendido que terminó siendo bastante dañino para mí.

Yo en aquel momento era prácticamente una niña dentro de esta industria. No sabía cómo funcionaban los medios, no conocía bien toda esa maquinaria y pasé de ser una persona medianamente conocida en Venezuela y Colombia a aparecer de repente en titulares de muchísimos países. Fue tremendamente abrumador.

Llegó un momento en el que tuve que plantearme dos opciones: o permitía que aquello me sobrepasara completamente o continuaba trabajando.

Y decidí continuar.

¿Qué hiciste cuando todo el mundo esperaba que respondieras?

Tomé una decisión bastante radical: durante aproximadamente un año no concedí entrevistas de radio ni de televisión. Había muchísima gente esperando a ver qué iba a decir, qué respuesta iba a dar o qué iba a hacer después de aquella polémica, y yo decidí que mi respuesta iba a ser seguir sacando música.

Fue curioso porque al principio muchas personas llegaron a mis redes con una idea preconcebida sobre quién era yo. Había gente que pensaba que era una persona enfadada con el mundo, que estaba buscando venganza o que había provocado todo aquello deliberadamente para conseguir atención.

Entonces aprendí lo que yo llamo el arte de fingir demencia [ríe]. Seguía haciendo mi vida, publicando cómo creábamos las canciones, enseñando el rodaje de un videoclip o contándole a la gente cualquier cosa que me hubiera ocurrido. Durante meses prácticamente ni siquiera miraba la sección de comentarios porque sabía que hacerlo no me iba a aportar nada bueno.

Y después empezó a pasar algo muy curioso. Aparecieron comentarios de personas diciéndome: «Me caías mal, pero ahora me caes bien» o «Te conocí por la polémica, pero ahora me gusta tu música». Habían llegado esperando una cosa y, como permanecieron pendientes para ver qué hacía, terminaron descubriendo realmente quién era yo.

Creo que ahí entendí algo muy importante de esta industria. Muchas situaciones dependen también de qué haces después con ellas. Aquello podía quedarse como algo horrible que había ocurrido o podía convertirse en una ventana por la que mucha gente llegara hasta mi música.

Yo elegí seguir haciendo exactamente lo que hacía antes: crear, enseñar mis procesos y ser yo misma, sin alimentar permanentemente la controversia. Con el tiempo, algunas personas que llegaron a atacarme terminaron conectando conmigo precisamente porque tuvieron la oportunidad de conocer algo más que aquel titular.

«Aquello me creó una coraza mediática»

¿Esa experiencia hace que ahora midas más lo que dices en una entrevista?

Sí. Evidentemente aprendí a ser algo más comedida y a pensar dos veces determinadas cosas antes de decirlas. No porque me arrepienta de aquello que hice o dije, porque creo que uno tiene que asumir lo que hace, sino porque ahora conozco mucho mejor cómo funciona todo.

Ya sé detectar determinados tipos de preguntas, determinados enfoques y también entiendo mejor qué puede ocurrir después con una frase que digo dentro de una conversación mucho más larga. Hay cosas que hoy ya no me sorprenden porque he pasado por ellas y forman parte de mi historia.

Tampoco quiero vivir hablando con miedo. A mí me encanta hablar, expresarme y conversar. No quiero convertirme en una persona que contesta absolutamente todo de manera calculada porque dejaría de ser yo. Lo que tengo ahora son más herramientas para entender el contexto en el que estoy hablando.

Aquella experiencia terminó construyéndome una especie de coraza mediática que sigue existiendo. Gracias a ella hay preguntas incómodas, sobre este asunto o sobre cualquier otro, que ya no consiguen desestabilizarme como quizá lo habrían hecho antes.

Y al final incluso agradezco esa coraza. Me hizo desarrollar más carácter, aprender a comunicarme mejor y entender que formar parte de esta industria también implica saber enfrentarte a determinadas conversaciones sin permitir que una pregunta o un titular controle completamente cómo te sientes.

Una última cuestión realmente importante

¿Qué pregunta nunca te hacen y te gustaría responder?

[Ríe]. Voy a poner una sencilla: ¿cuál es mi plato típico venezolano favorito? Nadie me lo pregunta. Muy mal por todos los periodistas con los que he hablado hoy.

Mi favorita es la arepa Reina Pepiada.

Así que ya está. Ahora probablemente aparecerán mis fans en los conciertos con un táper y una arepa.

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