En la 74 edición del Festival de cine de San Sebastián, se ha estrenado en la sección Tabakalera- zabaltegierlak la película Tristan Forever, del director suizo Tobias Nöelle.
En esta película seguimos la vida de Loran un médico parisino que decide mudarse a Tristan de acuña, la isla habitada más remota del mundo. Lleva treinta años siendo amigo de un pescador que vive en la isla y acudiendo cada verano. Esta vez su idea es diferente: quiere quedarse a vivir allí para siempre. Aunque eso le aleje de su familia y amigos.

Dicha isla es en realidad el lugar habitado más alejado de la civilización y aparece en el libro Guiness de los Records por ello. En la historia vemos como nos muestran partes de un antiguo documental que se intercala con la historia de Loran. En el nos cuentan diferentes personas lo que ocurrió realmente en Tristan de acuña en los años sesenta, la erupción del volcán de la isla que les obligó a evacuarla e irse a vivir un pueblo de Inglaterra. Un lugar que les acogió y ayudó pero que para ellos era el futuro y con una vida muy diferente a la que conocían hasta ese día en la que no podían cultivar su propia comida ni tener animales o una vida relajada.
Jugando entre los dos planos, es parte documental y parte una película que nos sumerge en la historia de un hombre que lleva muchos años trabajando para médicos sin fronteras en zonas de guerra y aunque su residencia oficial está en Paris y ha vivido allí un tiempo siente que no pertenece a ningún lugar.
Ha viajado constantemente, lo que hace que se plantee muchas cuestiones sobre que quiere hacer con su vida ahora que ha dejado la ONG mientras siente que no pertenece a ningún sitio. Irse a Tristan de acuña se presenta como un gran desafío que acepta con una sonrisa y entusiasmo esperando encontrar allí lo que tanto desea.
Un pingüino como compañero de casa
Loran decide mudarse a la isla, tiene muy buenos recuerdos de sus veranos allí y de su amistad con el pescador por lo que le parece una gran idea. Tras el largo y agotador viaje se encuentra con una comunidad que sigue considerándole un amigo y le reciben con los brazos abiertos. La vida es tranquila, lo que parece una utopía que emerge en pleno océano Atlántico en la que los animales pasean por la isla, las montañas son verdes y todo lo que ve por la ventana es el mar. No hay fábrica, la gente se lleva bien y la vida es tranquila y más alegre.
En su nuevo hogar aparece de pronto un pingüino que sin que nadie le diga nada y sin razón aparente se muda a vivir con Loran. Haciendo de la casa su hogar y acompañando al protagonista en su día a día por cada rincón de la misma. Mira por la ventana, se sube a la cama, observa el mundo con curiosidad y se hacen compañía el uno al otro. No parece querer irse y a Loran no le molesta que esté a su lado.
Huir del mundo para encontrar felicidad
Loran necesita sentirse tranquilo, feliz y arraigado a un lugar. Está convencido de haber encontrado todo eso en la isla además de amistad y un trabajo, algo imprescindible si quiere quedar de forma permanente y que exige el consejo que gobierna en ella. Se siente parte de la comunidad y disfruta de la naturaleza, afronta todos los desafíos que se le van presentando en la isla: incluido salir a pescar su propia comida. Algo que es común ente los habitantes. Pero no todo es tan bonito como pensaba.

Los reveses llegan y su familia en Paris le pide que vuelva algo que choca con la gran bienvenida y acogida de la isla, los amigos y los nuevos comienzos. A pesar de todo eso su corazón sigue preguntándose donde está la verdadera felicidad, donde está su hogar.
Loran se mantiene fiel a su idea mientras pasan los meses. Vemos como vive entre la naturaleza, mezclándose con ella y recordando como eran sus veranos allí cuando era más joven, observamos su sonrisa y lo bien que lo pasa con la gente y reírse mientras se entrelazan escenas en las que lo vemos a solas en su casa o cerca de ella pensando en su destino, en su vida.
La película está protagonizada por el verdadero Loran Bornardot, actor y guionista de la misma. Que ha vivido en la isla y conoce su historia. Además, es médico en la vida real. El resto de actores que salen en el filme son los residentes de la isla, incluido el amigo pescador de Loran. Por lo que estamos ante una película de docuficción que nos cuenta el pasado y presente de una isla, de un hombre y de un pueblo que buscan su lugar en el mundo, su arraigo a la tierra. Y es que en ocasiones uno puede pertenecer a muchos lugares, aunque nos acostumbremos a ser parte solo de uno.
Tristan forever ha ganado además el premio Lurra (Tierra en euskera) que otorga Greenpeace dentro del Festival de San Sebastián entre otras cosas por ser “un documental que nos expone, como al protagonista, a una forma de vida más sostenible”.
Una película que nos muestra una forma distinta de ver las cosas, de pensar y de disfrutar de la vida sin olvidar lo importante que es la felicidad y la vida en comunidad. Una historia en la que el protagonista debe lidiar con sus anhelos y el destino que le ha tocado.











