Un año más asistimos a la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, que celebró su 36ª edición entre el 31 de octubre y el 7 de noviembre de 2025. Ocho jornadas en las que el Teatro Principal volvió a convertirse en el punto de encuentro de un público que no se limita a sentarse a ver películas, sino que participa, ríe, grita, aplaude y comenta cada una de las locuras que aparecen en pantalla. Porque si algo diferencia a esta Semana de otros festivales es precisamente el ambiente que se crea dentro de la sala y esa sensación de estar viendo cine entre gente que disfruta especialmente del fantástico, el terror, el gore y cualquier propuesta que se salga un poco de lo habitual.
El festival volvió además a repartirse por distintos espacios de Donosti. Aunque buena parte de las proyecciones tuvieron como escenario el Teatro Principal, también hubo actividad en el Victoria Eugenia, Tabakalera, Okendo Kultur Etxea y otros puntos de la ciudad. Como cada año, la programación cinematográfica se completó con exposiciones, encuentros con invitados, presentaciones y otras actividades relacionadas con el género, haciendo que la Semana vaya mucho más allá de limitarse a proyectar una película detrás de otra.
David Lynch y El Gran Wyoming dieron forma al cartel de 2025
Antes incluso de que comenzara el festival, uno de los elementos que más llamó la atención fue su cartel. La edición de 2025 quiso rendir homenaje a David Lynch, fallecido a comienzos de ese mismo año, recuperando la imagen de una de las películas que mejor representa ese cine tan personal, extraño y difícil de confundir con el de cualquier otro director: Cabeza borradora.

Para recrear el conocido cartel del primer largometraje de Lynch contaron con José Miguel Monzón, más conocido como El Gran Wyoming, que ocupó el lugar de Jack Nance, protagonista de la película original. El resultado fue una divertida reinterpretación de aquella imagen que terminó decorando las calles de San Sebastián durante el festival y sirvió al mismo tiempo para recordar la importancia que el fantástico tuvo a lo largo de toda la carrera de Lynch. La fotografía fue obra de Pedro Mambrú y Javier Bermejo, mientras que Ytantos se encargó del diseño.
Era además un homenaje bastante apropiado para una Semana que siempre ha entendido el fantástico de una manera muy amplia. Aquí tienen cabida tanto las películas pensadas para provocar miedo como aquellas que utilizan el género para construir mundos extraños, incómodos o simplemente distintos. Y si alguien hizo precisamente eso durante toda su carrera fue David Lynch.
Gaua abrió la Semana y Primate fue la encargada de cerrarla
La inauguración tuvo lugar el 31 de octubre en el Kursaal con Gaua, tercera película de Paul Urkijo Alijo después de Errementari e Irati. Un cuento de brujas ambientado en el siglo XVII y protagonizado por Yune Nogueiras, Ane Gabarain, Elena Irureta e Iñake Irastorza, que vuelve a utilizar la mitología y el folclore vasco como punto de partida. En esta ocasión pone especialmente el foco en las mujeres, las supersticiones y las historias que habitan la noche. La Semana fue además el estreno de la película en Euskadi antes de su llegada a los cines comerciales.

Si Gaua abrió el festival desde el folclore y las brujas, el cierre fue bastante más salvaje. El 7 de noviembre llegó Primate, dirigida por Johannes Roberts, responsable de títulos como A 47 metros y Los extraños: Cacería nocturna. Su propuesta no podía ser más apropiada para cerrar una Semana de Terror: un chimpancé convertido en una auténtica amenaza y un grupo de personajes intentando sobrevivir a sus ataques. Una de esas películas que funcionan especialmente bien delante del público del Principal, que sabe perfectamente cuándo reírse de una barbaridad y cuándo celebrar una muerte particularmente bestia.
Entre una y otra hubo espacio para prácticamente todo. Terror, fantasía, cine de autor, propuestas pequeñas, producciones internacionales y películas que simplemente querían hacer pasar al público un rato divertido. Esa variedad sigue siendo uno de los grandes atractivos de la Semana, porque uno nunca sabe exactamente qué se va a encontrar cuando empieza una nueva sesión.
Silencio, nuestro Premio Blogos de Oro
Un año más tuve el honor de formar parte del jurado de la crítica encargado de entregar el Premio Blogos de Oro y, después de ver las diferentes propuestas y de una deliberación que no fue precisamente sencilla, decidimos que entre lo mejor que había pasado por la Semana había una obra que merecía especialmente el reconocimiento: Silencio, de Eduardo Casanova. La producción terminó llevándose oficialmente el Premio Blogos de Oro al Mejor Largometraje de la 36ª edición.


Curiosamente, Silencio no es exactamente un largometraje tradicional, sino una miniserie de tres episodios producida para Movistar Plus+ y creada, escrita y dirigida por Eduardo Casanova. En el reparto encontramos a Lucía Díez, Ana Polvorosa, María León, Mariola Fuentes, Leticia Dolera, Omar Ayuso y Carolina Rubio, además de la participación de Paco León. La serie utiliza vampiras, humor negro y una puesta en escena muy reconocible para contar una historia que se mueve entre distintas épocas.
Durante la proyección ya estaba claro que detrás de la comedia y de toda esa estética había algo más, aunque el significado terminó quedando todavía más claro cuando la serie llegó posteriormente a Movistar Plus+. Silencio establece un paralelismo entre la Peste Negra y la crisis del sida de los años ochenta para hablar del estigma del VIH, del miedo al rechazo y de todas aquellas personas que durante años tuvieron que vivir ocultando su situación. Las vampiras funcionan así como una forma de representar a quienes deben esconderse para poder sobrevivir en una sociedad que las señala.
Es una mezcla bastante particular sobre el papel: vampiros, comedia, folclóricas y VIH. Sin embargo, precisamente esa combinación fue una de las cosas que terminó haciendo que destacara entre tantas propuestas distintas y que nos llevase a concederle el premio.
El terror también salió de las salas
Como ocurre todos los años, la Semana no se limitó únicamente al cine. Hubo también espacio para las exposiciones, y una de las más interesantes fue Cinegēmu: Fantasía y terror en el videojuego japonés, instalada en Okendo Kultur Etxea. La muestra, comisariada por Marçal Mora, Víctor Navarro y Alejandro Rodríguez, recorría la relación entre el videojuego japonés, el cine, la fantasía y el terror, prestando atención a cómo estos medios llevan décadas intercambiando ideas, personajes y formas de contar historias.
La exposición permitía comprobar hasta qué punto muchas imágenes que hoy relacionamos con el terror japonés han ido pasando del cine al videojuego y viceversa. Desde experimentos de cine interactivo hasta personajes que han acabado convirtiéndose en iconos populares, Cinegēmu ofrecía un recorrido muy interesante para quienes, además del cine, hemos pasado muchas horas delante de una consola.



La otra gran exposición estuvo dedicada a Fernando Vicente bajo el título Mitos del cine de terror. A partir del libro Cuando nacen los monstruos – Mitos del cine de terror, publicado en 2022, el ilustrador reunió trabajos inspirados en 25 películas fundamentales del género. Cada una estaba representada mediante una ilustración y una propuesta de cartel, recuperando personajes tan reconocibles como Drácula, el monstruo de Frankenstein, Norman Bates, Freddy Krueger o Hannibal Lecter.
Para cualquiera al que le guste el cine de terror y la ilustración, era fácil detenerse un buen rato delante de cada pieza. Son de esas imágenes que perfectamente podrías enmarcar y colocar en casa, porque Fernando Vicente no se limita a copiar una escena conocida, sino que la lleva a su propio estilo y consigue que incluso personajes que hemos visto centenares de veces tengan algo distinto.
De Drácula a La larga marcha
La programación volvió a demostrar que la Semana no entiende el fantástico como un único tipo de cine. Entre los títulos que pudieron verse estuvo Drácula: A Love Tale, la particular versión del personaje de Bram Stoker dirigida por Luc Besson, una de esas películas que difícilmente dejan al público indiferente y que demuestra que todavía se pueden buscar nuevas maneras de acercarse a uno de los personajes más adaptados de la historia del cine.
También pasó por Donosti La larga marcha, adaptación de la novela de Stephen King, dirigida por Francis Lawrence, que propone una distopía en la que un grupo de jóvenes debe caminar sin detenerse bajo la amenaza de morir si no mantiene el ritmo establecido. Otra de las propuestas más curiosas fue la tailandesa Un fantasma útil, que mezcla fantasmas, relaciones familiares y una idea bastante poco habitual de lo que significa convivir con los muertos.
Y, como siempre, también hubo espacio para el cine que simplemente quiere divertirse sin pedir permiso. Ahí destacó especialmente Deathstalker, dirigida por Steve Kostanski, una aventura de fantasía desvergonzada, exagerada y orgullosamente ochentera que entendió perfectamente al público del Teatro Principal. Espadas, monstruos, humor y efectos prácticos en una película que parecía hecha para verse precisamente en un festival como este.
El público opinó lo mismo. Deathstalker terminó llevándose el Premio del Público al Mejor Largometraje, convirtiéndose en la gran favorita de unos espectadores que durante toda la Semana volvieron a demostrar que en Donosti una película no se contempla necesariamente en silencio. Se ríe, se jalea, se grita y se celebra cada barbaridad que aparece en pantalla.
Un palmarés con mucho cine diferente
Deathstalker no fue la única premiada. El público eligió Borbulha, de Fernando Alle, como Mejor Cortometraje; Lucus, de David Fidalgo, recibió el premio al Mejor Cortometraje de Animación; y Pobre Marciano, de Alex Rey, fue reconocido como Mejor Cortometraje Español. El jurado concedió su premio a Come Sit With Us, de Elis Rumma, mientras que Mater Benefacta, de Marc Riba y Anna Solanas, obtuvo el Méliès de Plata al Mejor Cortometraje Fantástico Europeo.
El palmarés se completó con El fantasma de la Quinta, de James A. Castillo, como Premio del Jurado Joven; Depredador, de Javier Fesser, con el Premio Syfy al Mejor Cortometraje Español; y Olentzerori eskatu nion, de Amaia San Sebastián, con el Premio EITB al Mejor Cortometraje Vasco. Incluso la tradicional Guerra de Fanzines tuvo vencedor: Pantxineta Endemoniata fue elegida por el público como mejor fanzine de la edición.
Es precisamente ese palmarés tan variado el que refleja bastante bien lo que es la Semana. Aquí puede ganar una aventura de espada y brujería, una producción independiente, un corto de animación o una serie sobre vampiras y VIH. No hay una única manera de entender el género.
Más de 20.000 personas pasaron por la Semana
La 36ª edición terminó con un total de 20.542 participantes. De ellos, 11.845 acudieron a las proyecciones cinematográficas celebradas en el Teatro Principal, el Victoria Eugenia y Tabakalera, con varias sesiones que llegaron a agotar las entradas. Otras 8.697 personas participaron en exposiciones, talleres y el resto de actividades relacionadas con el festival.
Son cifras que explican bastante bien por qué la Semana mantiene una personalidad tan marcada después de tantos años. Hay un público fiel que vuelve edición tras edición y que acepta prácticamente cualquier propuesta mientras tenga algo interesante que ofrecer. Desde la película más pequeña e intimista hasta el cine más cafre, sangriento y pasado de vueltas, todo puede encontrar su sitio en Donosti.
Y eso también permite descubrir películas que probablemente sería muy complicado encontrar en una sala comercial convencional. No todas funcionan de la misma manera ni todas gustan a todo el mundo, pero ahí está precisamente parte de la gracia de pasar una semana entera viendo fantástico y terror: entrar en el cine sin saber demasiado qué te vas a encontrar y salir después discutiendo sobre ello.











