Quince años pueden transformar profundamente a una persona, pero hay preguntas capaces de sobrevivir prácticamente intactas. Cuando Quim Masferrer escribió este espectáculo, ya estaba interesado en una de ellas: qué hacemos con el tiempo que tenemos. Ahora regresa al mismo texto, una obra llamada Temps que ocupa la cartelera del Teatre Borràs, desde otro momento de su vida y descubre que, aunque él haya cambiado, su preocupación central continúa exactamente en el mismo lugar.
La muerte atraviesa la obra, pero no desde una mirada lúgubre. Masferrer utiliza precisamente el final de la vida para obligarnos a mirar aquello que sucede antes. El personaje dispone de apenas 90 minutos y esa cuenta atrás termina convirtiéndose en una provocación para el público: si supiéramos exactamente cuánto tiempo nos queda, ¿seguiríamos gastándolo de la misma manera?
En Revista YOUNG hablamos con Quim Masferrer sobre lo que ha cambiado durante estos quince años, aquello que todavía permanece, el legado que espera dejar y una sociedad que, según él, se esfuerza demasiado por esconder la vejez en lugar de aprender de quienes ya han vivido más.
«La muerte es lo que da sentido a la vida»
Han pasado quince años desde que escribiste este espectáculo. ¿Qué queda de aquel Quim?
El Quim de hace quince años y el de ahora evidentemente han ido evolucionando, pero la esencia sigue siendo la misma. Aquello que me llevó a escribir este espectáculo entonces es exactamente el mismo motor que me ha hecho recuperarlo ahora. Para mí, el gran tema de la vida es el paso del tiempo y eso no ha cambiado.
Llega un momento en el que nos morimos y creo que precisamente la muerte es aquello que da sentido a la vida. Si puedes tocar un asunto así desde la reflexión, convertirlo en un espectáculo, añadirle humor y además introducir cierta crítica, yo me siento como pez en el agua. Es un terreno en el que puedo hablar de algo muy profundo sin tener que hacerlo desde la solemnidad.
«Este rato que estamos compartiendo no volverá nunca más»
¿La gente sale de la obra con ganas de aprovechar más la vida?
Sí, y además ahora puedo decirlo teniendo el bagaje de haber hecho ya este espectáculo anteriormente. Llevo varias funciones de esta reposición y acabamos de vivir el estreno, que es precisamente uno de los momentos en los que tienes más contacto con el público después de la función. Por eso tengo muy frescas las reacciones y las conversaciones que aparecen cuando termina.
Hay personas que se acercan y te dicen cosas como: «Hoy he invertido muy bien mi tiempo viniendo a verte». Y para mí esa frase ya resume muchísimo. El tiempo es probablemente lo más importante que tenemos y, precisamente por eso, deberíamos administrarlo mucho mejor. El tiempo que estamos compartiendo tú y yo ahora mismo, y que además estamos compartiendo con toda la gente que después verá o leerá esta conversación, no volverá nunca más.

Ser consciente de eso cambia muchísimo la forma de mirar un momento. Este instante deja de ser algo intercambiable porque no puedes recuperarlo. El espectáculo lanza precisamente esa propuesta y después cada espectador la interpreta y la expresa de una manera diferente.
Hay alguien que puede acercarse y decirte: «Si me quedaran 90 minutos de vida, volvería a venir a verte». Eso es un piropo precioso porque está completamente relacionado con la idea central de la obra. En el fondo te están diciendo que ese tiempo les ha valido la pena, que lo han aprovechado.
Y si además todo eso puede hacerse desde el humor, todavía mejor. Creo que el humor seguramente sea una de las herramientas más balsámicas que tenemos. Somos capaces de utilizarlo incluso en situaciones extremadamente duras y hay personas que, encontrándose en circunstancias terminales, te hablan precisamente de la importancia de poder seguir riéndose.
El personaje de la obra está llevado evidentemente a un extremo: le quedan 90 minutos de vida, exactamente lo que dura el espectáculo. Pero he hablado con personas que se encuentran en situaciones reales muchísimo más cercanas a ese final y muchas de ellas destacan el humor. Eso demuestra hasta qué punto es importante. Si mezclas humor y tiempo, prácticamente tienes el espectáculo.
«Me gustaría que dijeran que era buena gente»
¿Cómo te gustaría que te recordaran?
Me gustaría algo mucho más sencillo. Que dijeran: «Era un buen tío». «Era un buen tipo». «Era buena gente».
Creo que ese sería un legado precioso. Después puedes haber hecho muchas cosas, haber trabajado muchísimo, haber creado programas, espectáculos o cualquier otra cosa, pero al final me parece muy bonito que el resumen que alguien haga de ti sea simplemente que eras buena gente.
Si cuando te has ido las personas que te conocieron son capaces de recordarte de esa manera, creo que significa que has hecho algunas cosas bien. Al menos para mí sería suficiente.
«Como sociedad no estamos escuchando suficiente a la gente mayor»
¿Con los años entiendes mejor la vida?
Sí, sin ninguna duda. Y precisamente por eso me gusta muchísimo escuchar a la gente mayor. Creo que como sociedad no estamos haciendo bien esa parte. Estamos arrinconando a nuestros mayores y apartándolos incluso de espacios donde deberían seguir teniendo muchísimo que aportar.
Hasta cuando hablamos de decisiones sociales importantes parece que la gente mayor queda desplazada. Envejecer está mal visto. Vivimos dentro de una sociedad que intenta constantemente frenar el tiempo, como si cumplir años fuera algo que debiéramos ocultar.
Intentamos operarnos para parecer más jóvenes de lo que somos cuando quizá deberíamos hacer exactamente lo contrario: sacar pecho, estar orgullosos de nuestra edad y presumir de todos los años que vamos acumulando. Porque hablar con una persona mayor significa hablar con alguien que tiene experiencia. Es aprender.
Además, a ellos les gusta hablar. Y también se dan cuenta perfectamente de que no estamos prestando suficiente atención a su colectivo. Son conscientes de que muchas veces los relegamos y de que su voz tiene menos espacio del que debería.
Por eso me parece maravillosa esa retroalimentación. Tú escuchas y aprendes, mientras ellos sienten que su experiencia continúa teniendo un valor para alguien. Las dos partes salen beneficiadas.
Ha habido momentos de nuestra historia en los que los mayores eran fundamentales precisamente porque eran quienes tomaban determinadas decisiones. Eran las personas que acumulaban experiencia y que sabían de qué iba la vida. Hoy, en cambio, creo que hemos perdido bastante de eso y es un asunto en el que no lo estamos haciendo suficientemente bien.

Volver al texto quince años después
¿Qué has cambiado al reencontrarte con el texto?
Sí, ha habido cambios, aunque la esencia continúa prácticamente intacta porque el tema es tan potente que permanece. Estamos hablando del tiempo, una de las grandes preguntas que acompaña a la humanidad prácticamente desde sus orígenes.
Siempre hemos fantaseado con construir una máquina del tiempo, con detenerlo o con volver a momentos anteriores. Es una preocupación que no pertenece a una generación concreta. Precisamente por eso muchas de las cosas que escribí hace quince años siguen siendo completamente vigentes.
Lo que sí ha cambiado evidentemente soy yo. Soy quince años mayor y, cuando vuelvo al texto, hay determinados momentos en los que pienso: «Esto ahora no lo diría exactamente así». Entonces cambio una expresión, modifico una idea o actualizo algo que siento que hoy necesita explicarse desde otro lugar.
Y también está la parte física [ríe]. Físicamente tampoco soy exactamente el mismo que hace quince años. Hay cosas del espectáculo que ahora miro y pienso: «¿Esto lo hacía sin jadear? ¿Sin sacar la lengua?». Pues ahora probablemente haga exactamente lo mismo, pero sacando la lengua.
Y en lugar de esconderlo, también puedes incorporarlo. El propio paso del tiempo te da material y te permite mirar de otra manera aquello que escribiste. De alguna forma, la obra sigue hablando del tiempo y mi propio cuerpo también está demostrando que esos quince años han pasado.
Al final todos los tópicos que existen alrededor de la palabra tiempo son tópicos precisamente porque son verdad. «El tiempo pone las cosas en su sitio». Puedes pensar que es una frase horrorosa, pero es verdad. «Tiempo al tiempo». También es verdad.
Son tópicos porque llevamos repitiéndolos toda la vida, pero los repetimos porque contienen algo que todos reconocemos. Y cuanto más tiempo pasa, más entiendes por qué esas frases han sobrevivido tanto.
«¿Qué harías si te quedaran solo 90 minutos de vida?»

¿Qué pregunta te gustaría que te hicieran y nunca te hacen?
Es difícil porque este espectáculo lleva ya un acumulado enorme de entrevistas con el paso de los años y creo que, en general, los periodistas sois suficientemente originales como para acabar tocando muchos temas diferentes. De hecho, esta misma pregunta me parece muy original, aunque no sepa darte una respuesta clara.
No sé exactamente qué pregunta me gustaría que me hicieran, pero sí puedo hacer yo una. Una que precisamente lanzo en el espectáculo y que normalmente sois vosotros, los periodistas, quienes tenéis el privilegio de hacer.
¿Qué harías si te quedaran solamente 90 minutos de vida?
Esa es la pregunta.
Y si quieres saber mi respuesta, tendrás que venir a ver el espectáculo.






