Michael. La historia del rey del pop

Michael Jackson ostenta el récord de discos más vendidos de la historia con su LP Thriller. Nada menos que 70 millones de copias. Un artista irrepetible que con su música y su forma de bailar fue la estrella más grande que nadie pudiera imaginar, pero ¿conoces a la persona detrás del mito?

Michael es el nuevo biopic musical destinado a arrasar en las taquillas. Dudo que haya alguien en el mundo que no conozca al cantante, por lo que una película sobre su vida, es casi una apuesta segura y un éxito rotundo.

Pero más allá de los números que pueda dar la cinta en el box office ¿qué tal es?

Tras las cámaras tenemos a Antoine Fuqua, un director más que solvente, que la verdad es que me gusta bastante, y que está detrás de títulos como Training Day, la trilogía de Equalizer con Denzel Washington o la última versión de Los 7 magníficos donde también repetía con dicho actor.

En la producción, la gente que estuvo tras Bohemian Rapsody, el biopic de Queen que fue un hitazo e incluso le valió un Oscar a Rami Malek por su interpretación de Freddy Mercury.

Así que con estos mimbres, uno no puede sino esperar una cinta similar a aquella, pero centrada en El Rey del pop.

Y este que escribe adora la música del cantante nacido en Gary, Indiana. Es una parte indivisible de mi. Con el tiempo su música me fue interesando menos, y creo que el personaje devoró al músico, y era más noticia por sus excentricidades y las acusaciones que todos sabemos, que no por haber sacado un nuevo disco mejor que el anterior.

La cinta se sitúa en 1988, con un concierto durante la gira del disco Bad, para de inmediato saltar a su niñez y mostrarnos el inicio y la carrera junto a sus hermanos como los Jackson 5.

Aquí se nos presenta al villano, su padre Joseph Jackson que es una especie de Darth Vader, siendo Michael el Luke Skywalker de la función, un ser todo bondad y luz al que lo que más feliz le hace es cantar y bailar.

Colman Domingo es malo, muy malo y se ensaña con el pequeño de los Jackson a correazos cada vez que ve que este se conforma con el resultado de una actuación o un ensayo.

Su padre busca la excelencia, y no dudará en ser un tirano para conseguirla sin importar con ello si Michael va a crecer siendo feliz o sintiéndose querido.

Así que nuestro artista crece sintiéndose distinto, pues su don parece ser su mayor maldición también. Todo el mundo quiere estar cerca de él, pero no con el.

Y pronto se refugia en la lectura de Peter Pan, con ese Neverland donde Joseph sería Garfio y en las mascotas, sus mayores amigos, pues parece tener dificultades para relacionarse con niños de su edad.

Y conforme va pasando el metraje, y viendo lo extensa que es esta parte, uno ya intuye que este largometraje no va a abarcar toda la historia del autor de Smooth Criminal, y solo te van a contar parte de ella.

Hay anunciada una segunda entrega, prevén el taquillazo y quieren alargar el éxito todo lo posible.

El problema es que van pasando de una cosa a otra casi parece que por cumplir la papeleta. Falta emoción en lo que se cuenta.

En los apartados técnicos recreando la época y las actuaciones musicales está todo excelente, pero casi parece que hayan elaborado una lista de cosas a poner y que vayan tachando para pasar a la siguiente sin más.

Tenemos el debut de Jaffar Jackson, sobrino de Michael, quien tiene la difícil tarea de emular a su tío. Y en los números de baile, lo clava. Pero la caracterización a veces está lograda y otras, no veo yo ese supuesto parecido.

Y a nivel interpretativo, su voz se asemeja mucho a la de su tío, pero es un actor justito a la hora de mostrar las emociones del ídolo.

Ya he mencionado antes a Colman Domingo con pelucón, mostacho y siendo malo muy malo. La madre la interpreta Nia Long, de quien sabemos es muy amorosa con su hijo, pero por otra parte permisiva con la villanía de su esposo.

El resto de hermanos del mítico grupo, casi parecen figurantes, pues más allá de compartir ensayos, éxito y actuaciones, poco más sabemos de ellos.

La Toya Jackson está encarnada por Jessica Sula, que tampoco aporta gran cosa a la trama. Y me llama la atención la ausencia de Janet Jackson, pero parece ser que declinó aparecer en el largometraje ¿tal vez por no estar conforme con la visión que iban a dar de su hermano?

Tenemos a Laura Harrier como una ejecutiva de la Motown, a Miles Teller como John Branca, abogado y manager del artista, o un cameo de Mike Myers que ya apareciera en Bohemian Rapsody.

Aquí da vida a un jefazo de Cbs Records, que fue quien consiguió que los videoclips de nuestro protagonista se pusieran en la MTV, aumentando de forma considerable las ventas del Thriller.

Y quiero detenerme en esto último pues me resultó llamativo. En un momento determinado de la narración, vemos cómo se recrea el rodaje del video de Thriller con los zombis y el inolvidable baile.

Según se nos cuenta, graba el video y luego hace todo cuanto puede, para que se ponga tanto Billie Jean como este en la cadena de videos musicales por cable.

Y no es que sea yo biógrafo oficial del cantante de Black or White, pero con una simple búsqueda es fácil averiguar que dicho costoso y memorable video fue producido por la propia MTV junto con Showtime, que del rodaje hicieron un making off que se vendió como rosquillas, y que fue empeño del propio Michael para relanzar las ventas del disco, en lugar de sacar otro nuevo, como le pedía la discográfica.

Es decir, sus videos ya se ponían en la “Music television” y la propia cadena pagó en parte la producción del casi cortometraje Thriller. Y aquí nos dicen que primero se rodó y luego se hizo lo imposible para que se emitiera.

Si algo tan esencial para la carrera del cantante está contado como a ellos les parece y no hay ni rastro de su exitosa noche en los Grammy -llevándose nada menos que 8 gramófonos – ¿qué más no nos están contando o lo cuentan a su manera? ¿Y en benéfico de qué? ¿Del ritmo del largometraje?

No me estoy refiriendo a posibles detalles escabrosos que mucha gente menciona, sino que me pregunto, cómo es que hay cosas significativas por las que se pasan de puntillas y otras, el ritmo se detiene, sin que la trama avance y se recrean en dicho momento.

Una figura tan importante como Quincy Jones solo pasa por ahí, ni una sola mención a su película Moonwalker -supongo que saldrá en la anunciada secuela- y así podría seguir.

En cuanto a la dirección de Fuqua, me resulta planísima. Solo parece esmerarse en las actuaciones musicales, recreando todo tipo de detalles, aunque con ello, perdamos un poco de vista lo bien que baila Jaffar, consiguiendo aquí si, ser un clon de su tío.

Pasamos por muchos éxitos distintos, un greatest hits, va avanzando el metraje y cuando nos damos cuenta, volvemos al inicio, a ese 1988 en Londres donde canta Bad y de repente un “To be continued” y ya está.

¿Ya está? ¿Eso es todo lo que me vais a contar? No creo que acabe en un punto álgido, y esto no es Vengadores: Infinity War con un cliffhanger que me haga rasgarme las vestiduras, pues hasta dentro de un año no voy a saber cómo acaba.

Es la vida de Michael Jackson y puedes encontrarla con una simple búsqueda de Google. Si no me vas a ofrecer nada más que números musicales bonitos y poco más, se me queda en algo soso y sin mucha gracia.

Casi que prefiero coger los cds de mi estantería para darles una nueva escucha o buscar en YouTube algún concierto o el video de Beat It o Scream.

Yo hubiese preferido una sola cinta con un componente más humano y no tan aséptico cuya narración fuese adelante y atrás en el tiempo mostrando sombras y luces.

Terminan en el año 88 antes del escándalo que todo el mundo sabe, y dejando eso para la segunda parte. Si quieren que Michael acabe por todo lo alto, habiendo dejado la parte donde la estrella se apagaba y era más la comidilla de la prensa rosa para una segunda película , se les va a quedar algo bien oscuro, poco optimista y que ensalce a uno de los mejores vocalistas que nos ha dado la historia de la música.

Veremos ¿el año que viene? Si consiguen salirse airosos con dicha empresa. Pero más vale que se esmeren en todo, para entregarnos algo más a la altura de semejante artista.

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