Daniel Grao. Fotografía de Romero de Luque
Daniel Grao. Fotografía de Romero de Luque

Daniel Grao: “Busco apartarme para que exista el personaje”

Daniel Grao presenta Umbra Dei, su primera gran ficción sonora, mientras reflexiona sobre más de dos décadas de carrera construyendo personajes intensos, complejos y emocionalmente exigentes

A lo largo de más de dos décadas de carrera, Daniel Grao ha construido una filmografía donde la intensidad emocional, la complejidad psicológica y el riesgo creativo se han convertido en constantes. Daniel Grao ha transitado con naturalidad entre televisión, cine, teatro y plataformas, consolidando una carrera donde cada personaje parece responder a una misma necesidad: explorar territorios desconocidos.

Ahora, Daniel Grao suma una nueva dimensión a su recorrido con Umbra Dei, una ficción sonora de Audible que mezcla thriller histórico, tensión sobrenatural y misterio detectivesco. En conversación con Revista YOUNG, Daniel Grao reflexiona sobre su evolución profesional, sus propios miedos como actor, el peso de la experiencia y cómo sigue buscando personajes que le generen vértigo.

La incertidumbre como motor de la interpretación

Llevas más de dos décadas interpretando personajes muy distintos en televisión, cine y teatro. Echando la vista atrás, ¿qué dirías que ha cambiado más en tu manera de entender la interpretación desde tus primeros trabajos hasta hoy?

Creo que mi esencia sigue siendo la misma. Cada vez que me enfrento a un personaje nuevo siento una incertidumbre muy parecida, incluso inseguridad. Siempre aparece esa pregunta de si seré capaz de hacerlo, de si voy a encontrar la forma adecuada. Eso no ha cambiado tanto con el tiempo.

Es verdad que el oficio te da herramientas, seguridad y experiencia, pero en mi caso también ocurre que suelo decir que sí a los personajes que más me asustan. A aquellos que siento más alejados de mí, que no sé bien cómo abordar o que me obligan a buscar algo nuevo. Entonces, de alguna manera, sigo colocándome voluntariamente en ese espacio de riesgo e incertidumbre.

Quizás una de las diferencias más prácticas es que ahora trabajo con coach, y esa mirada externa me ayuda muchísimo en la composición de personajes. También ha cambiado mi deseo de alejar más los personajes de mí mismo. Antes probablemente tendía más a filtrarlos a través de mi propia personalidad. Ahora intento hacer el camino contrario: acercarme yo a ellos, modificar movimientos, maneras de pensar o expresarse, construir figuras que verdaderamente se distancien de Daniel Grao.

Los personajes intensos y la huella personal

Muchos espectadores te identifican con personajes muy intensos, complejos o emocionalmente exigentes. ¿Crees que hay algo en ti que te lleva naturalmente hacia ese tipo de papeles?

Muchas veces me lo pregunto, porque realmente sí que hay una tendencia bastante clara en mi carrera hacia personajes intensos, complejos o atravesados por dramas importantes.

Supongo que algo inconsciente hay. Si miro mi vida personal, sí que hubo etapas complejas, sobre todo en la adolescencia, con ciertas circunstancias familiares difíciles que evidentemente dejan una huella. Son experiencias que con el tiempo, con terapia y también con la propia profesión, uno va colocando y pacificando, pero probablemente dejan un poso.

Ese poso puede hacer que proyectes algo que lleva a otros a imaginarte en personajes con determinadas complejidades emocionales. Quizá si tuviera una energía más ligera o menos densa, se me asociaría menos con esos perfiles.

Pero también tengo una parte muy lúdica, muy payasa incluso, que a veces sorprende mucho a quienes me conocen trabajando. Hay personas que me perciben inicialmente como alguien muy serio o intenso, y luego descubren una faceta mucho más juguetona.

Pedro Almodóvar y la experiencia de Julieta

Has trabajado con directores de perfiles muy distintos, desde grandes producciones televisivas hasta cine de autor como Julieta de Pedro Almodóvar. ¿Qué aprendizaje te dejó esa experiencia?

Trabajar con Pedro fue, sinceramente, cumplir un sueño. Yo admiraba profundamente su figura mucho antes de colaborar con él. Me interesaba su universo, su manera de hablar, sus entrevistas, todo lo que representa como creador.

Formar parte de Julieta fue algo muy especial, y además lo recuerdo como un rodaje especialmente feliz. Pedro estaba contento, transmitía entusiasmo por lo que estaba viendo, y eso generó una atmósfera muy positiva.

También es evidente que trabajar con alguien como Almodóvar supone un hito en cualquier carrera, no solo por la experiencia creativa sino por todo lo que implica a nivel de proyección internacional. Después de trabajar con él, inevitablemente hay una resonancia distinta en la industria.

Pero al mismo tiempo, a mí siempre me ha interesado moverme entre proyectos muy diferentes. Me gusta alternar grandes producciones con cine más independiente, como El cuento del lobo, porque necesito esa variedad.

Gigantes y los personajes que redefinen una carrera

¿Hay algún personaje que marcó un antes y un después en cómo te percibe la industria?

No siempre soy del todo consciente, pero sí hay trabajos que generan una repercusión especial dentro del sector.

Por ejemplo, Gigantes fue una serie que dentro de la profesión tuvo muchísimo impacto. Quizá no fue el proyecto más mainstream de mi carrera, pero sí se convirtió en una referencia para muchos directores o profesionales que después me hablaban específicamente de ese trabajo.

A veces hay personajes que no necesariamente son los más populares para el gran público, pero sí los que dejan una huella más profunda dentro de la propia industria.

Umbra Dei y descubrir el poder absoluto de la voz

Daniel Grao. Fotografía de Romero de Luque
Daniel Grao. Fotografía de Romero de Luque

‘Umbra Dei’ propone una historia muy atmosférica y oscura. ¿Qué fue lo que más te atrajo del proyecto?

Para empezar, me atraía muchísimo explorar un formato nuevo para mí. Siempre me habían hablado de mi voz, de la posibilidad de trabajar más específicamente con ella, pero nunca había hecho una ficción sonora de esta dimensión.

Cuando Manu Sanabria me propuso el proyecto, me sedujo inmediatamente esa posibilidad. Y la experiencia fue apasionante. Me lo pasé realmente bien porque, aunque cambia el soporte, sigues interpretando escenas, sigues construyendo emociones y relaciones.

Además, la historia me pareció especialmente redonda. Tiene componente histórico, misterio, thriller detectivesco, crítica social, elementos sobrenaturales, incluso humor. Me parece una historia con muchísimas capas y con un enorme potencial.

Juan de Espiga, razón y superstición

Tu personaje vive entre la racionalidad y el misterio. ¿Qué te interesó de esa dualidad?

Me interesaba mucho esa mirada racional dentro de un contexto tan marcado por la superstición. Aunque proviene de la Iglesia y no descarta la posibilidad de lo milagroso, Juan de Espiga necesita analizar, investigar, comprobar.

No acepta automáticamente lo sobrenatural como respuesta fácil, sino que busca entender qué hay realmente detrás de lo que ocurre.

Esa dimensión detectivesca, analítica, pero abierta al misterio, fue probablemente lo que más me conectó con él.

La ficción sonora como experiencia inmersiva

¿Crees que este formato representa una nueva forma de consumir ficción?

Totalmente. De hecho, me ha conquistado. Yo no era especialmente consumidor antes, pero al descubrirlo desde dentro he entendido perfectamente su potencial.

No es simplemente escuchar una narración. Hay interpretación, atmósfera, diseño sonoro, música, texturas… Es una experiencia profundamente inmersiva que activa muchísimo la imaginación.

Además, tiene algo muy interesante: se adapta a momentos distintos de consumo. Puedes escucharlo mientras haces otras cosas o dedicarle una escucha más pausada.

Creo que cuantas más vías existan entre creador y espectador, mejor.

Daniel Grao frente a sí mismo

Si pudieras definir en una frase qué buscas sentir cada vez que interpretas un personaje, ¿cuál sería?

Busco apartarme del medio lo máximo posible. Intento que Daniel Grao desaparezca para que exista realmente el personaje.

Quiero ser un canal expresivo, prestar mi cuerpo, mi voz, mis emociones, pero para que sea él quien viva, no yo. Cada vez me interesa menos cómo diría algo yo y más cómo lo diría ese personaje concreto.

También busco ponerme al servicio de la historia, sin juzgar moralmente al personaje. Si toca interpretar a alguien oscuro o incluso terrible, mi responsabilidad es hacerlo con verdad, no intentar suavizarlo para resultar más amable.

Para mí, uno de los mayores elogios como actor es precisamente cuando alguien me dice que amó un personaje y odió profundamente otro, siendo ambos interpretados por mí. Ahí siento que el trabajo ha funcionado.

¿Qué te ha parecido este contenido?