Susphyria

Capítulo 17 – Gonzalo

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Para mi alegría, no tuve mucha resaca. Pasé un domingo sin complicaciones. Primero, di unos cuantos largos en la piscina. El agua tenía la temperatura ideal para alejar todo tipo de pensamientos, y voces que no quería escuchar. Mis padres se fueron a pasar el día a la sierra, según ellos, a hacer alguna ruta de senderismo, según yo, han ido a comer algo rico, y nada de deporte. Salí del agua, aprovechando que estaba solo, me bañé desnudo. Es una sensación que recomiendo a todo el mundo. Sin ninguna opresión, todo suelto a los cuatro vientos, y el agua rodeándote, diría que es hasta orgásmica la sensación producida por las efervescentes burbujas y pequeños oleajes.

Me di una larga ducha, nada de bañera, primero fría, y después caliente, un ritual que aprendí en un viaje a Moscú. La verdad es que cuando llegué ahí, me sorprendió su capacidad para el aguante del frío, más tarde aprendí que esta gente en vez de huir del frío, lo toma como una segunda piel.

Busqué una buena película, a decir verdad, me apetecía una comedia romántica, aunque sueñe irónico, porque mi vida parece más bien una telenovela. Primero el padre, y después que, ¿la madre? ¿La hija? O no, mucho mejor, los tíos. Que surrealista.

Abrí UberEats, y empecé a elegir mi comida. No tenía ganas de nada la verdad, pero me decanté por sushi. Abrí el Instagram y ojeé las historias de todos. En todas aparecía gente bailando, pasándoselo bien, el buen postureo nunca falla, y menos en nuestras fiestas. Abrí una historia de Gisele, y vi su audaz striptease. Está claro que no era consciente de lo que hacía, pero dio un buen espectáculo. Me metí en su perfil. Había un montón de fotos de sus viajes, y en una al azar, le vi a él. Arman. Era guapo el muy cabrón. Entré para ver su cuenta y como no, había fotos de sus hoteles, de sus viajes, y de su vida fit. Parecía el hombre perfecto.

Justo llamaron a la puerta. El sushi ya estaba.

-Un momento.

Me até mi bata de seda negra y fui a abrir la puerta.

-Hola, su pe…

Pero si era nada menos que el tío que me folle en la fiesta.

-Vaya, hola.

Sin alcohol en el cuerpo, pude apreciar lo guapo que era. Más de lo que recordaba.

-Tu pedido. Gracias por confiar en Sushi 99, que aproveche.

Cogí el pedido y él se giró para irse.

– ¿Quieres pasar?

Vi como se tensaba bajo la camiseta y la respiración se le aceleraba.

-No gracias.

Dejé el sushi en el suelo y fui detrás de él.

-Espera.

– ¿Qué quieres?

Me miró de arriba abajo enfadado.

-Es mucho sushi, ¿te apetece comer conmigo?

-No creo que alguien como tú se quiera rebajar. Ahora si me disculpas, tengo trabajo que hacer.

Pero le agarré por el brazo, de nuevo noté como la tensión subía de tono.

-Por favor. Estoy solo, y la verdad es que no me apetece comer solo.

-Ya ibas a comer solo antes de que llegara.

Que listo el guaperas. Sonreí.

-Cierto, pero ahora que has llegado, sería un desperdicio no disfrutar de tu compañía.

-Muy bien.

Sonreí para mis adentros. No suelo salirme con la mía, por lo que esto suponía un logro.

-¿Vino?

Entró y su rostro cambió drásticamente. Estaba como embobado mirando mi casa. Quizás para él fuese algo extravagante, pero para mí era tan común.

– ¿Vives aquí?

-No, estoy de prestado. Claro que vivo aquí.

Pero parecía ajeno a mi respuesta irónica.

-El arquitecto es un amigo de mi padre, así que cuando hicieron reformas, decidieron aplicar una mezcla de culturas. Entre el barroquismo francés, y extravagancia rusa. -hice una pausa para invitarle a que se sentara a la mesa. -Somos amantes de la cultura rusa, lo digo por si ves cosas típicas de allí.

-Nunca he estado en Rusia.

-Bueno, si tienes posibilidad, tienes que ir. Es una puta maravilla.

-Algún día tal vez. ¿Tienes agua?

-Si claro, ¿no prefieres vino?

-No, agua gracias.

– ¿Con limón?

-De acuerdo.

Comimos en silencio. Él aún mirando todo lo que le rodeaba, y yo mirándole a él.

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