Susphyria

Capítulo 13 – Gisele

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Había dejado de jugar. Me apetecía bailar. Ver como todos babean el uno por el otro, y lo triste que es saber que “muestran esa atracción” a través de un estúpido juego de niños, era patético. Pero bueno, por eso decidí situarme en medio de la pista, con la bola disco haciéndome destacar. Todas las luces, se reflejaban sobre el traje blanco, dándole un aura casi mágica. Bailaba sumida en mi propio trance. Todos estaban o bien jugando, o bien practicando la anatomía humana. De momento, y no hacia ninguna de las dos cosas.

Ha decir verdad, aún no sabía si me gustaban más las chicas o los chicos. Cada vez que intentaba algo con alguien, indiferentemente del género, me cortaba. Así que si te haces la pregunta del millón, sí, sigo siendo virgen. Además, tampoco tuve una atracción tan grande hacia alguien, como para querer entregar mi preciada flor.

Bailaba pasando las manos por mi cuerpo, con los ojos cerrados, dejando que la música me transportara a tierras lejanas. Antes me había tomado una pastilla de éxtasis, y los efectos empezaron a aflorar. Sentía todo mi cuerpo sumido en una ola de deseo y excitación. Con cada movimiento, la tela del disfraz se me hacia pesada. Necesitaba quitármelo. El calor era insoportable. Miles de gotas de sudor, bajaban a toda velocidad, empapando el vestido.

Agarre la camiseta, y me la quite, dejando por fin libres mis pechos. Me quite la falda, dejando únicamente las botas y el tanga. Deje caer la cabeza hacia atrás, mientras miles de pétalos caían sobre mi como una cascada.

A lo lejos, como un mero eco, escuchaba voces gritar mi nombre, pero el trance era tan profundo, que no podía parar de bailar, de adorar mi cuerpo.

-Sigue Gisele.

Yo sonreía. Me adoraban, y yo quería complacerles. Entonces, sentí algo más caliente que yo rozarme, para después agarrarme y llevarme a no sé dónde.

-Os quiero¡¡¡

Gritaba a mis fans y les mandaba besos. El mundo iba hacia abajo, eso significaba que o bien caía hacia un vacío intermitente, o bien estábamos subiendo las escaleras. Un clic, y una puerta se cerró ante mi cara. Me entró el pánico. Me estaban secuestrando.

-Suéltame, o pienso gritar a todo pulmón.

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