Hay un momento de la Navidad en el que la mesa está puesta, los invitados empiezan a llegar y alguien continúa encerrado en la cocina preguntándose si el asado estará listo a tiempo. Las reuniones familiares pueden ser uno de los grandes placeres de estas fechas, pero asumir el papel de anfitrión también tiene una cara menos amable. Y parece que en España la vivimos con especial intensidad.
Según el estudio europeo The Art of Hosting, elaborado por AEG entre 1.000 participantes de once mercados europeos, el 51% de los españoles siente presión cuando tiene que cocinar para sus invitados. Es el porcentaje más elevado entre los países analizados y nos coloca por delante de Alemania, con un 39%, y Portugal, con un 36%.

El dato llega en un momento bastante oportuno. Con diciembre acercándose y los grupos de WhatsApp empezando a decidir dónde se celebrarán Nochebuena, Navidad o Fin de Año, vuelve una de las preguntas clásicas: ¿quién pone la casa este año?
Queremos cenas relajadas, pero seguimos buscando que todo salga perfecto
La forma de recibir invitados parece estar cambiando. El 59% de los españoles considera que ser un buen anfitrión ya no significa exactamente lo mismo que hace unos años. En Europa, un 36% relaciona ese papel con encuentros más informales y otro 27% con celebraciones más personales, alejadas de reglas demasiado rígidas.

De hecho, el 70% de los europeos piensa que los mejores anfitriones son aquellos que hacen las cosas a su manera. El problema aparece cuando esa teoría llega a la práctica: el 69% sigue sintiendo presión para que todo resulte perfecto.
Y en Navidad hay terreno de sobra para ello. Elegir un menú que guste a todos, calcular cantidades, cuadrar los tiempos del horno, adaptar platos para diferentes necesidades y conseguir que todo llegue caliente a la mesa puede convertir una comida que debería ser divertida en una pequeña operación logística.
Quizá por eso las cualidades que más valoramos en quien nos recibe tienen poco que ver con preparar una mesa de revista. Los europeos destacan principalmente el respeto (36%) y la calidez (31%), por delante de otros elementos relacionados con la puesta en escena.
La inteligencia artificial también entra en la cocina
Ante la presión de preparar una comida para varias personas, muchos españoles están dispuestos incluso a pedir ayuda a la tecnología. El 74% afirma que utilizaría inteligencia artificial para escoger recetas o adaptarlas a los ingredientes disponibles.
No resulta difícil imaginar el escenario durante las próximas fiestas: qué preparar con lo que queda en la nevera, cómo sustituir un ingrediente, calcular cantidades para diez personas o encontrar una alternativa cuando uno de los invitados anuncia a última hora que no come determinado alimento.

La IA se suma así a buscadores, vídeos de recetas y aplicaciones como una herramienta más dentro de una cocina que también se ha digitalizado. Puede que no consiga que el pavo se cocine solo, pero al menos puede ayudar a resolver algunas de esas dudas que aparecen cuando faltan dos horas para sentarse a la mesa.
Cinco maneras de enfrentarse a una cena en casa
No todos vivimos esa responsabilidad de la misma forma. El estudio divide a los anfitriones europeos en cinco perfiles y el más habitual es precisamente el que probablemente peor lo pase cuando se acercan las grandes celebraciones: el Perfeccionista, que representa al 34% y planifica cada detalle para intentar que nada falle.
Después aparece el Atento (25%), más preocupado por que sus invitados estén cómodos; el Arquitecto (17%), que piensa tanto en la comida como en el ambiente y el ritmo de la reunión; y el Alquimista (16%), mucho más amigo de improvisar. El último es el Comodín (8%), que cambia completamente su forma de organizarse dependiendo de la ocasión.
Las categorías tienen algo de juego, pero también retratan comportamientos bastante fáciles de reconocer en cualquier reunión familiar: desde quien tiene la mesa preparada dos días antes hasta quien todavía está decidiendo el postre cuando llaman al timbre.
A pesar del estrés, seguimos queriendo reunirnos
Lo curioso es que los nervios no están haciendo que dejemos de recibir gente en casa. El 54% de los europeos organiza encuentros con familiares o amigos al menos una vez al mes. España coincide exactamente con esa media, por detrás de Grecia, Portugal y Alemania.
Y las emociones que asociamos a ejercer de anfitrión continúan siendo mayoritariamente positivas: un 39% habla de felicidad y un 29% de ilusión. Puede que nos preocupemos por el menú, que revisemos tres veces si hay suficiente bebida y que suframos porque el plato principal no salga exactamente como habíamos imaginado, pero seguimos queriendo sentarnos juntos alrededor de una mesa.
Quizá sea una buena idea recordarlo cuando lleguen las primeras cenas navideñas. Nuestros invitados probablemente recordarán mucho más la noche que si las patatas estuvieron diez minutos de más en el horno.











