CUANDO ACECHA LA MALDAD

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La película argentina CUANDO ACECHA LA MALDAD, mezcla de road movie con cine de posesiones, ganó dos premios, entre ellos el de mejor película, siendo la primera película iberoamericana que lo consigue. Ha ganado también en la Semana de terror y fantástico de Donosti, el premio a la mejor película ex aequo con La mesita del comedor, y es una de las sensaciones de la temporada.

Demián Rugna – que ya nos trajo la notable Aterrados– dirige, con pulso firme, esta cinta en la que dos hermanos tratan de evitar el mal en forma de demonio, al tiempo que pretenden salvar a su familia a toda costa.

El director argentino tiene una gran habilidad para meternos en ese mundo fantástico y terrorífico, mezclado con lo cotidiano, con una pasmosa facilidad.

Va enturbiando la atmósfera del relato y enseguida, ya estamos dentro. Te atrapa de tal manera, que te dejas llevar en ese coche recorriendo una Argentina que se pudre y que incuba un mal para el que el hombre no está preparado.

Apenas tiene jump scares, pero sí que tiene unos estallidos de violencia tales, que cuando piensas que ya estás a salvo y viene un momento calmo, relajado, te da otro golpe para el que no estás preparado.

Además, posee una mitología propia, con una serie de reglas muy imaginativa que casi da para un universo propio, digno de expandirse.

Vamos, que esto en manos de los americanos te hacen una saga con secuelas y precuelas, con “enbichados” por todas partes.

Si a todo esto le sumas un dúo protagonista excelente, con Ezequiel Rodríguez y Demián Salomón como dos hermanos que, tras tiempo sin verse, se reencuentran en la peor de las situaciones posibles, Cuando acecha la maldad ya puede considerarse una de las mejores películas de terror del año.


Hablando con…

¿De dónde surge la idea para el guion?

Demián Rugna: La idea surge cuando me mudé de la ciudad, a un ámbito campestre.

Intenté crear una mitología alejada del ruido de la ciudad, alejada del tráfico. Tenía muchas ganas de hacer una road movie de terror, escaparme un poco de lo que había sido Aterrados, buscando algo diferente, con mucha acción.

La premisa fue esa, algo completamente diferente, que no estén encerrados en una casa y con pocos personajes. Esta es todo lo contrario, muchos personajes, mucho lío y afuera de las casas.

¿Qué diferencias has tenido a la hora de rodar Aterrados y esta? Se nota mayor presupuesto, más medios, todo más grande.

Demián Rugna: Esta es el doble de grande. El doble de lo que fue Aterrados, tanto de presupuesto, pero también en cantidad de jornadas. 40 jornadas de rodaje, duplicamos en todo.

Creo que el desafío fue tanto técnico, como actoral. Hubo un desafío doble en todos los aspectos de la película. Desde el guion, la puesta de cámara. Obviamente que tuvimos la suerte de poder contar con el apoyo del Instituto de Cine.

En lo personal creo que pude delegar mucho más que en Aterrados. Soy un director que estoy absolutamente en todos los detalles, sobre todo en la postproducción y en esta pude hacerla un poco más relajado, un poco delegar. Eso me ayudó también a poder llevar adelante tantos días de rodaje, tan fuertes e intensos.

¿La película tiene alguna influencia de la saga de Evil Dead, y si es que no, pues ¿ha habido algunas otras que si te hayan influenciado para Cuando acecha la maldad?

Demián Rugna: ¡Totalmente! Evil dead es una influencia directa. Soy fan de la saga. Otra influencia muy fuerte para la película es The road con Viggo Mortensen, que también es una road movie y a la vez un drama, tiene escenas muy desalmadas.

Otra película que tuvo gran influencia fue The wailing, película coreana de demonios que tiene como mucha cercanía.

¿Qué cosas que te asustan de la vida real trasladas luego a tus películas?

Demián Rugna: No me asusta lo paranormal, eso me encanta, me gusta mucho. Me causa mucha curiosidad, es como un dolor dulce.

A mí, en lo personal, lo que más me asusta es la vejez y la enfermedad.

Ezequiel Rodríguez: A mí también, la enfermedad. La decrepitud en todos los sentidos, lo que tiene que ver con lo físico y a la vez también lo que tiene que ver con lo económico.

Estamos viviendo por desgracia en una Argentina, hoy por hoy muy convulsionada. Eso genera un no saber qué, y se respira todo eso.

Sin embargo, tú reflejas ese miedo de tu país, esa decrepitud de las figuras, incluso vemos toques de folk horror.

Demián Rugna: La imagen de ese cuerpo decrépito me viene a mí, al pasar por la carretera y ver en la lejanía, esas casillas en los campos, que están sembrados con soja. Manejas el auto una hora y no ves más que soja, y están todos contaminados, la gente que vive ahí, está toda enferma.

Son gente muy pobre, que trabajan en el campo para gente rica, y lamentablemente no puede escapar de su propia enfermedad, y no puede hacer nada para denunciarlo.

Ese reflejo, ese que ¿está pasando con esa casilla? En medio de la nada, me vino a mí. Y en vez de que esté enfermo, está endemoniado. Y eso yo lo traslado un poco en paralelo a la historia de mi país.

¿Cómo te decidiste por Ezequiel para que fuese el protagonista principal?

Ezequiel Rodríguez: ¡Se equivocó! – en tono de broma- (risas)

Ezequiel, ¿cómo te llegó a ti la noticia? ¿Eres fan del terror?

Demián Rugna: Le pedí sugerencias para protagonistas para esta película, tenía muchas dudas porque era un papel muy complicado de hacer, yo tenía un par de opciones que no pudieron estar en la película.

A él no lo conocía, lo había visto poco, pero no en roles tan arriesgados. Lo poco que había visto de él, estaba bueno, pero lo necesitaba ver en esto.

Entonces pidiendo sugerencias, coincidieron que él lo podía dar perfectamente, le pedí un casting por video.

Ezequiel Rodríguez: Él dice que me mandó una escena, pero fueron siete (risas), con los momentos que te agarran de la butaca, con una persona con la que quieres trabajar, un director que te interesa lo que hace.

Además, todos coincidían, los amigos que tenemos en común en que es muy buen director, en lo que hace en el género está muy bien reputado con la gente que el dirige. Para mí era una presión enorme, a mí me gusta también, ponerme desafíos.

En relación con el género, vengo haciendo algunas películas de género. Lo estoy visitando, lo estoy reconociendo.

Lo llevo bien, lo paso bien, pues me doy cuenta de que pide mucho de uno, pero a la vez es muy generoso, pues te permite experimentar mucho y mostrar muchas emociones, colores distintos de actuación completamente muy visibles, muy intensos que en otros tipos de historias son más lineales.