Susphyria

Capítulo 15 – Serena

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Otra vez esa inspiración ruidosa, pero acompañada de una expresión indescifrable.

-El otro día, en la gala benéfica, pasó algo. Y no paro de darle vueltas a eso, a buscarle un sentido, porque la verdad es que no tengo la menor idea de porque lo hizo.

Estaba sufriendo. No del típico sufrimiento por pérdida, o por corazón roto, no, este era un nuevo tipo de sufrimiento. Le cogí la cara con las manos, y lo obligué a que me mirara.

-¿Qué pasó Gonzalo?

No intentó apartarse de mí, más bien medio se relajo al poder compartir con alguien su pesada carga.

-El padre de Gisele, me hizo un trabajo.

-¿Un trabajo de qué?

No le resultaba fácil decírmelo. Tragaba con dificultad, y al mismo tiempo, parecía divertirle el asunto.

-Estaba a punto de follar con un camarero, cuando apareció él y le echó. Por poco me estampa contra el cristal, y ….

-¿Y qué?

-Me hizo una paja Serena.

Me mordí el labio para no estallar en carcajadas. Empecé a pensar en cosas tristes, en películas dramáticas o de terror para alejar todo rastro de comedia. Cerré los ojos y limpié mi mente de imágenes sugerentes de Gonzalo y Armand.

-¿Me estás diciendo, que el padre de tu mejor amiga, te hizo una paja?

-Exacto. En medio de una gala benéfica, con su mujer e hija por ahí rondando.

Ahí estaba otra vez. Y no me dio tiempo reprimir la oleada de risa que salió por mi boca.

Estuvimos cinco minutos. Yo riéndome sin parar, y él con cara de cabreo mirándome, y vigilando para que no estuviese nadie escuchando semejante confesión. Cuando me di cuenta de que no estaba bromeando, mis pupilas se dilataron unos cuantos centímetros, lo suficiente para reflejar una gran sorpresa.

-Por dios Gonzalo, espero que haya sido una buena paja al menos, aunque por tu cara diría que no te ha gustado demasiado.

-No se trata de eso Serena, es el padre de Gisele, y se supone, que ama con locura a su mujer, que no está nada mal.

-¿Se lo has contado a Gisele?

-¿Estás loca? Jamás.

-¿Qué vas a hacer entonces?

-No lo sé, igual, por eso decidí abrirme a ti, para que me dieras un consejo de esos sabios.

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