Susphyria

Capítulo 2 – Daniel

0
Una fotografía de Dario Cavero (@dario.cavero)

-Pero mamá, ¿por qué no puedo quedarme en Málaga? Tengo amigos aquí, no quiero otra mudanza.

-Cielo, ya sabes que no podemos quedarnos aquí. Mi jefe me ha trasladado a Madrid, y creo que necesitamos un cambio de aires.

-Pero si hace poco nos mudamos de Cabo Verde, siquiera ha pasado un año.
-Nunca dije que Málaga fuese nuestro destino final Daniel. Nos mudamos aquí porque el muy cabrón de tu padre se quedó con su secretaria y con la casa.

La miraba empaquetar las cosas de nuevo, como aquel día que salimos y no volvimos. La familiar emoción que ha estado conmigo todos estos meses empezaba a florecer. La rabia.

-Lo va a pagar mamá, te lo prometo.

Dejó de empaquetar y se limpió las lágrimas. Odiaba verla llorar, pero sobre todo odiaba al hijo de puta que le hizo esto.

-Daniel, el tiempo lo cura todo. Tu padre y yo no éramos felices, lo que pasa es que en vez de sentarnos a hablar como dos seres civilizados tu padre prefirió acostarse con su secretaría y echarnos de casa.

-Esto no, créeme. Ha jodido a esta familia, lo mínimo que merece es que le odie.

Se acercó a mí. La veía tan frágil, pero a la vez tan fuerte que me encogió el corazón. Sentí la calidez que desprendía y cómo disipaba todo rastro de rabia de mí.

-Te quiero mucho cielo, siempre estaré a tu lado. Pase lo que pase.

-Y yo a ti mamá, pase lo que pase.

La abracé y dejé que todo el dolor se lo llevara ese curativo abrazo.
Madrid. Nunca estuve ahí a pesar de lo mucho que viajé con mis padres. Estuve en Barcelona, en París, en Londres incluso Moscú, pero nunca Madrid. Será divertido.

-Venga cielo, vamos a acabar de empaquetar todo. El camión de la mudanza estará al llegar.

-Yuhu, unas 6 horas en coche. Que emoción.

El piso que le asignaron a mi madre era muy pero que muy grande. Tenía unas vistas de envidiar hacia el Retiro, y un jacuzzi solo para mí.

-Gracias por todo. Las cosas han llegado intactas, valoraré positivamente a vuestra empresa.

-Que disfrute mucho de su nuevo piso señora Dary y bienvenida a Madrid.

-Bueno, ¿qué te parece?

Esperé a que el transportista se esfumara y grité.

-Esto es una pasada Mama, dime que este piso será definitivo por un largo período de tiempo.

-Bueno, creo que sí porque ya mandé toda la documentación necesaria para empadronarnos aquí y….

Puso esa cara cada vez que tramaba algo, y esa no iba a ser una excepción.
-Y mañana empiezas el instituto.

La alegría se esfumó, como si nunca hubiera existido.¿Instituto?

-Sí, La Mérida.

-Mamá, no llevamos ni 24 horas en Madrid ¿y ya me has encontrado instituto?

-Te recuerdo que el verano acabó hace mucho Daniel, y necesitas hacer algo con tu vida además de pintar cuadros.

-El arte es mi vida, ya lo sabes.

-Bueno, he leído que este instituto tiene varios talleres, igual podrías apuntarte a uno en el que imparten arte.

-¿Taller? ¿Me has visto pinta de friki?

Mi madre suspiro. Siempre que hablábamos de mis ocupaciones se ponía histérica.

-Por favor, Daniel, pon de tu parte.

-Bueno, si total, solo es un año ¿no?

Me dio un beso de mamá orgullosa.

-Te quiero.

__

Al día siguiente toda la casa olía a café recién hecho y a tostadas. Algo a lo que me aficioné cuando llegué a España. Mi madre no estaba, era su primer día y quería dar buena impresión como directora.

Me di una larga ducha con mi Mozart de fondo. Dejé que todo mi cuerpo se relajase. Aspiré el aroma del vapor enjabonado por última vez antes de salir.

-Está de coña ¿no?

Un uniforme bien planchado reposaba sobre mi cama. Ojalá estuviera de coña, pero creo que no. Había una nota. “Mucha suerte en tu primer día cielo, te quiero”.

Menudo año me espera. Me puse el uniforme y salí.

El instituto no podía ser más pijo. Lleno de niños y niñatas mimadas. Todas llevaban uniforme, pero no sé si del instituto o de una película porno. Pero ¿dónde me he metido?

-Buenos días, mi nombre es Daniel Dary, soy el nuevo alumno de Bachillerato.

-Buenos días, acompáñeme.

La secretaria era maja, pero ya le tenía odio. Creo que odio a todas las secretarías del mundo.

-Tu primera clase es de historia, cuando la acabes ven a buscarme y te asignará una taquilla y te daré todo lo necesario, horario y demás. Bienvenido al instituto La Mérida.

-Gracias.

Abrí la puerta y entré. Casi pude sentir en el nido de víboras que me metí en ese instante. Esa clase estaba llena de testosterona de futbolistas. Modelos anoréxicas y mucha zorra suelta.

Suspire. Me dispuse a mirar con detenimiento a cada uno de los integrantes de esa clase cuando la vi. No llevaba bragas y estaba muy, muy mojada.
Este curso puede ser interesante.

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Carrito

Iniciar sesión Registrarse