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“Sin olvido”: Ironía en la tragedia

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Sin Olvido

En líneas generales, cuando el cine se ha acercado al holocausto alemán lo ha hecho siempre con una mirada fría, serena y dejando que en las imágenes se perciba el dolor y el sufrimiento de los que padecieron aquel horror. En esta ocasión, el director eslovaco Martin Šulik (Gypsy, The Garden) se aleja de la frialdad de los escenarios y la atmósfera de trincheras abordando la temática desde una visión irónica y mordaz.

En Sin Olvido (2018) se rescatan las cenizas de la guerra apoyándose en la búsqueda que Ali Ungár, un anciano traductor, realiza del oficial nazi que ejecutó a sus padres durante el conflicto. Lejos de encontrar al responsable se topa con Georg, el hijo del oficial, un vividor que será el perfecto contrapunto a la honestidad y austeridad del protagonista. Šulik quiere construir su narración a partir del encuentro de dos personas completamente opuestas pero aderezándolo con momentos cómicos que destensan el contexto dramático que hay detrás de dicho encuentro.

Es en esos momentos burlescos o joviales donde la cámara del eslovaco se mueve con mayor precisión y traza una línea creíble entre los dos protagonistas, valiéndose de primeros planos para transmitir la diferente forma de ver la vida de cada uno de los personajes. En su particular “road movie” por los atractivos paisajes de Eslovaquia; se asiste a una historia de amistad entre una extraña pareja, que hace preguntarnos por los límites de la bondad, el olvido y la capacidad de culpa o de redención del ser humano.

Sin embargo, cuando el cineasta quiere llenar la pantalla de un mayor dramatismo y jugar a la emotividad, la película pierde fuerza debido a una banda sonora repetitiva y constante que solo hace subrayar las emociones que se quieren despertar. Šulik maneja este tipo de situaciones abriendo el plano, desestimando a sus actores (que son lo mejor de la cinta) y cayendo en esa sensiblería de la que huye en los momentos cómicos haciendo que la película no consiga despegar del todo. Su viaje será intermitente, dejando una sensación de leves chispazos más que de continuidad.

La película avanza hacia la tristeza y la solemnidad, hacia los recuerdos de la guerra, convirtiéndose así en un relato más pesimista de lo que pretendía ser al principio. El protagonista se topa con la realidad del mundo y los conflictos borran ese optimismo latente del que se hacía gala al principio de la película. La combinación de elementos cómicos y trágicos es interesante, pero el poder de la emotividad en los últimos compases gana fuerza y hace que la película caiga en el sentimentalismo propio de estos relatos. Por ello el desenlace es más tosco y cruel de lo que podríamos esperar, con todo ello Sin Olvido es un producto sobre la culpa, sobre la posibilidad de perdonar o de olvidar. Un viaje al final de sus vidas; quizá el viaje de sus vidas (con la compañía que nunca imaginarían).

Pablo Vergara

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