No sé si estás al día con la televisión en España pero en enero Disney Channel se despide de la emisión regular en televisión. Aprovechando tu paso por «Violetta» y «Soy Luna«, ¿Crees que tu vida hubiera tomado otro rumbo si no hubieras pasado por esos proyectos?
Seguramente el camino habría sido distinto, completamente diferente. No sé si hubiera llegado hasta aquí sin esos empujones, pero lo hubiera intentado, eso sí.
Violetta y Soy Luna fueron dos proyectos enormes para mi carrera, en los que muchas de las personas que me siguen hoy en día me conocieron y vivieron esos personajes. Siempre los recordaré con mucho cariño y estaré eternamente agradecido con Disney por darme una doble oportunidad. Una cosa es tener una, pero dos veces es un montón, y a mí me pasó dos veces. Fue una locura, realmente.

Fue increíble recorrer el mundo con los shows, hacer presentaciones gigantes en estadios con más de 50,000 personas. Fueron momentos que, de verdad, fueron una locura. Obviamente, es triste que cierre Disney Channel, pero como todo en la vida, lo que empieza, también termina.
Lo bueno es que sigue existiendo Disney+s. La tecnología avanza, el mundo cambia, las vidas cambian. Lamentablemente, tarde o temprano ese día iba a llegar. Pero lo más importante es quedarse con todos los recuerdos, que son lo que realmente perdura.
Para terminar, ¿cómo te encuentras a este momento mentalmente?
Con muchas incógnitas, la verdad, me siento con incertidumbres positivas, como con ganas de ver qué pasa. Siento que es la primera vez que un proyecto audiovisual como Cien años de soledad me lleva a ese estado de incertidumbre. No sé qué puede llegar a pasar, porque con Violetta fue algo completamente armado, Disney, todo muy claro, y luego fue un éxito. Soy Luna vino detrás de eso, con el empuje de lo anterior, así que ya se sabía que podía haber algo increíble con ese proyecto.
Este es mi primer proyecto con Netflix, y eso me tiene expectante. Siento que tiene una proyección global, es algo enorme. Estamos hablando de que me van a ver en lugares como Japón. Así que no lo sé, me dejo sorprender. Como dijimos antes, no hay que sobrepensar, solo dejar que la vida fluya.