Críticas

“Reina de Corazones”: Desear a fuego lento

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Reina de Corazones

“No lo recuerdes como algo vergonzoso, sino como algo hermoso, que sólo sabremos tú y yo”. Frases como esta, eran las que escuchaba por parte de su madre el joven Laurent en “Un Soplo al corazón”, película de Louis Malle donde se exploraba el despertar de la sexualidad en la adolescencia y la provocación en todo su esplendor por esa relación incestuosa y perversa (en parte) entre la madre y el hijo. Como en la película de Malle la historia del cine tiene multitud de ejemplos sobre relaciones filiales siniestras y retorcidas en las que las pulsiones sexuales sobresalen por encima del vinculo de sangre.

Curiosamente, este viernes llegan a los cines dos estrenos que hablan sobre esta temática; la española “El Doble Mas Quince” de Mikel Rueda y la danesa “Reina de Corazones” de May el-Toukhy, premiada con el premio del público en el último festival de Sundance. Aquí  la directora danesa retrata a una mujer madura, de prestigio, con la vida resuelta pero sin deseo, vacía por dentro hasta que esa llamada de lo prohibido la hace despertar de su letargo y empezar a jugar, ese juego se basa en la seducción, en el deseo, en la incitación y en la persuasión.

La actriz Trine Dyrholm es capaz de provocar sentimientos encontrados en el espectador en el mismo fotograma, siempre juega con frialdad buscando su objetivo final, la cámara busca su belleza serena desde una perspectiva cercana y elegante. La habilidad de la directora es ir acercándonos a ese conflicto anímico y humano de una manera precisa y sin aspavientos en el tono o en la puesta en escena. Todo sigue una armonía en las típicas subidas y bajadas de esa prohibición sexual donde la fina línea entre lo moral y lo amoral no se precisa a dibujar del todo.

Gracias a esa construcción, el relato es hermético en todo momento y hace partícipe al espectador del juego llevado por la protagonista (que no por el adolescente) hasta la ruptura, el climax y la llegada de lo inevitable e indeseable a parte iguales. Con todo ello May el-Toukhy congela la cámara en los últimos compases de la cinta con la intrusión del primer plano, cambiando la escala de encuadres en el momento adecuado, para acercarse al rostro de la mujer retratada, de la necesidad de cariño, de ser amante, de seguir sintiéndose una mujer viva.

Pablo Vergara

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