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Puesta de sol sobre un viñedo en Argentina
Puesta de sol sobre un viñedo en Argentina

Del Torrontés al Malbec de altura así queda el catálogo argentino que busca conquistar España

Repasamos algunas de las referencias comentadas junto al sommelier Matías Montenegro Becerra, con sus perfiles de sabor, estilo y precio aproximado en tienda

El crecimiento del vino argentino en España no se está apoyando solo en una narrativa de origen o en el tirón de la gastronomía latinoamericana. También se sostiene sobre un catálogo cada vez más amplio, capaz de cubrir desde el consumo cotidiano hasta botellas pensadas para regalo o para un perfil más especializado. Esa amplitud fue una de las claves que destacó el sommelier y especialista Matías Montenegro Becerra durante la conversación mantenida con Revista YOUNG.

La idea de fondo es sencilla: no existe un único vino argentino. Bajo esa etiqueta conviven blancos muy aromáticos, tintos jóvenes de perfil frutal, Malbec con paso por barrica, vinos orgánicos y referencias de altura con un trabajo más preciso detrás. Para quienes se acercan por primera vez, el abanico puede resultar incluso más amplio de lo esperado.

A continuación repasamos algunas de las referencias mencionadas durante la charla, ordenadas de menor a mayor precio aproximado en tienda, con el tipo de consumidor al que pueden encajar y los rasgos principales que se detectan en copa.

Los vinos más asequibles para entrar en el catálogo

En el tramo de entrada aparecen varias etiquetas pensadas para un consumo cotidiano, con precios que se mueven entre los 4,99 y los 8,99 euros en gran superficie. Matías citó aquí nombres como Cafayate, Los Árboles, Misterio, Tanguero o Ricordi, todos ellos como parte de una gama orientada a quien quiere una botella para el día a día sin renunciar a personalidad.

Dentro de ese grupo, uno de los más interesantes durante la cata fue Cafayate Torrontés, con un precio aproximado de 9,50 euros. Se trata de un blanco seco elaborado en Salta, a unos 1.700 metros de altura, con un perfil muy expresivo en nariz. El vino destaca por su intensidad aromática, por una sensación floral marcada y por notas de fruta que pueden recordar al lichi. En boca aparece fresco, con acidez clara, muy directo y fácil de beber.

Es una de esas botellas que funcionan bien para quien busca un blanco afrutado pero no empalagoso. Su interés está en esa dualidad: parece dulce por aroma, pero mantiene un paso seco y vivo. Para un público joven o para alguien acostumbrado a blancos aromáticos, puede ser una de las puertas de entrada más accesibles al vino argentino.

Blend de Malbec de Perro Callejero (Mendoza)
Blend de Malbec de Perro Callejero (Mendoza)

En ese primer escalón también se mencionó El Bautismo Malbec, con un precio situado en torno a 6,90 o 7 euros. Aunque no se profundizó tanto en su cata como en otras referencias, se presentó como una opción competitiva para quienes quieren acercarse al Malbec sin saltar todavía a gamas más complejas. Es la prueba de que el vino importado no tiene por qué moverse siempre en precios altos para ser atractivo en el lineal español.

El salto a la gama media con más identidad

A partir de los 10 euros cambia el tipo de búsqueda. Según Montenegro Becerra, el consumidor ya espera un plus, tanto en el contenido como en la imagen. Ahí entra una de las líneas que más visibilidad está consiguiendo: Cordero con piel de lobo, que se sitúa alrededor de los 13 euros y que ha ganado peso por su diseño, su etiqueta llamativa y su forma de comunicarse.

Más allá del envoltorio, lo interesante es que esta gama ha conseguido convertirse en un puente entre el vino y un consumidor más joven, menos condicionado por las formas clásicas del sector. Durante el encuentro se mostró, además, cómo la botella incorpora realidad aumentada a través de una aplicación propia, un detalle que no cambia el vino, pero sí su capacidad para atraer atención en tienda o en redes.

También en torno a ese escalón se situó Colomé Torrontés, una referencia que Matías colocó en torno a los 13 euros y que durante la cata dejó un perfil claramente más gastronómico que el Cafayate. Aquí la misma variedad cambia mucho por la elaboración y por la procedencia. Tiene viñedos entre 1.700 y 2.300 metros y una crianza sobre lías que aporta mayor cremosidad y volumen en boca.

Frente al primer Torrontés, más inmediato y perfumado, este Colomé se percibe con más peso, más estructura y un final más cítrico. Aparecen recuerdos de naranja, una textura más densa y una sensación más compleja, pensada no tanto para un vino de trago rápido como para acompañar comida. Para quien quiera descubrir hasta dónde puede llegar la Torrontés sin caer en lo obvio, probablemente sea una de las botellas más interesantes del catálogo medio.

Malbecs para quien busca fruta, estructura o madera

En el terreno tinto, uno de los vinos que mejor ejemplifica el perfil más frutal y amable es Finca Flichman Estate Malbec. Su precio no quedó fijado con una cifra exacta durante la charla, pero se situó dentro de una franja intermedia y se presentó como un Malbec con muy poca influencia de barrica, pensado desde la fruta y la facilidad de beber.

Reserva de Malbec de la Finca Flichman
Reserva de Malbec de la Finca Flichman

Procede de Mendoza, concretamente de Maipú, a unos 750 metros de altura, y muestra una textura fluida, bastante amable para quien no suele disfrutar de tintos excesivamente secos o duros. Tiene muy poca madera y la que aparece procede de barricas usadas, por lo que el vino conserva una lectura más fresca, más limpia y menos agresiva en boca. Para alguien que se inicia en los tintos argentinos o que prefiere un paso menos secante, es una recomendación clara.

Un peldaño más arriba aparece Navarro Correas Reserva Malbec, que representa una lectura muy distinta del mismo universo. En este caso sí entra en juego la barrica con más peso, con un paso por roble francés durante doce meses para una parte del vino. El resultado es más oscuro, más estructurado y con una nariz donde aparecen claramente notas ahumadas y recuerdos de madera.

En boca, este Malbec deja una sensación más larga y más secante, con tanino más marcado y una persistencia más seria. Si el Flichman funciona como tinto amable y directo, el Navarro Correas juega en un registro más clásico y profundo. Es el tipo de botella que puede gustar más a quien asocia el vino tinto a una experiencia más intensa y con más huella.

Botellas para regalar o para subir de nivel

Cuando la intención deja de ser el consumo diario y pasa a ser una botella para una cena, un regalo o una ocasión especial, Montenegro situó varias referencias entre los 18 y los 30 euros. En esa franja citó nombres como Sapo de otro pozo, Single Parcel de Finca Flichman y la línea Estate de Colomé.

Aquí ya se busca una expresión más singular, etiquetas con más personalidad y vinos que ofrezcan algo diferencial. No son precios desorbitados para quien quiere quedar bien sin entrar todavía en la gama alta, y encajan bastante bien en el segmento gourmet. Según explicó, es una franja en la que el consumidor español sí se anima a gastar cuando la botella tiene relato, identidad y una calidad que se percibe desde el primer sorbo.

Carro tradicional de transporte de vino
Carro tradicional de transporte de vino

En ese mismo espíritu se mencionó también Bodega López, una referencia que Matías comparó en conversación con los grandes vinos de larga crianza. Habló de una botella con unos quince años de edad que se sitúa en torno a los 28 o 32 euros en tienda. Es un vino pensado ya para un consumidor que busca profundidad, madurez y una experiencia más pausada.

La gama alta y el vino de altura llevado al extremo

En la parte más exclusiva del catálogo apareció Altura Máxima, señalado como el tope de gama del porfolio con un precio de alrededor de 120 euros por botella. Aquí el argumento central ya no es solo la marca o la crianza, sino el propio origen del viñedo: parcelas situadas a 3.111 metros de altura, una cifra que convierte el vino en una rareza incluso dentro del propio mercado argentino.

Esa altura extrema implica condiciones duras, baja producción y un trabajo más delicado tanto en viñedo como en bodega. Es un vino de posicionamiento alto, dirigido a un público muy concreto o a ocasiones especiales, pero sirve para mostrar hasta dónde puede llegar la diversidad argentina cuando el catálogo no se limita a las botellas de rotación más rápida.

Entre medias también aparecieron otras referencias más ambiciosas, con precios en torno a 35, 40 o 55 euros, que funcionan como paso intermedio entre la botella de regalo y la gran etiqueta. Son vinos que ya hablan de una búsqueda más precisa y que pueden interesar a quien quiera explorar zonas, elaboraciones o estilos menos comerciales sin llegar todavía a la cúspide del portfolio.

Un catálogo pensado para distintos paladares y no solo para expertos

Una de las conclusiones más claras que deja este repaso es que el vino argentino en España ya no vive de una sola etiqueta ni de un único estilo. Hay opciones para quien quiere un blanco aromático y fresco, para quien busca un tinto más frutal y amable, para quien prefiere madera y estructura o para quien simplemente necesita una botella resultona sin gastar demasiado.

Eso explica parte del crecimiento del sector. El consumidor no entra al catálogo argentino porque ya lo conozca de antemano, sino porque encuentra una gama suficientemente flexible como para probar sin miedo. Y cuando además el discurso se aleja del elitismo y se centra en el gusto real de quien bebe, el vino deja de parecer una prueba técnica para convertirse en lo que debería haber sido siempre: una experiencia de placer, curiosidad y descubrimiento.

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