Con apenas veinte años, Rodrigo Fenix se encuentra en uno de esos momentos en los que todo empieza a acelerarse. Su último single, Misma Luna, ha empezado a circular con fuerza en plataformas y redes sociales, impulsado por el algoritmo imprevisible de TikTok y por una comunidad de oyentes que ha ido creciendo de forma orgánica en los últimos meses. El joven artista canario vive ahora ese punto delicado entre la ilusión y la incertidumbre: cuando el proyecto deja de ser un juego y empieza a convertirse en una carrera.
Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, Rodrigo comenzó escribiendo canciones como una forma íntima de canalizar lo que sentía. La música era, en principio, un espacio personal más que una estrategia profesional. Con el tiempo, ese impulso creativo fue tomando forma y hoy su propuesta mezcla elementos del urbano, el pop y el rap emocional, evitando tanto los clichés del mainstream como las etiquetas demasiado rígidas.
“Al principio todo el mundo te compara”
Empezaste haciendo rap y ahora tu música se acerca cada vez más al pop. ¿Cómo ha sido ese proceso?
En realidad ha sido algo bastante natural. Al principio todo el mundo te compara con alguien, eso pasa siempre cuando empiezas. Y en mi caso todavía más, porque soy canario y tengo acento canario. Automáticamente mucha gente te relaciona con otros artistas que han salido de allí y eso, quieras o no, pesa un poco al principio.
Con el tiempo lo que he intentado es encontrar mi propio sonido. Me gusta la música comercial porque es la que llega a más gente, eso es una realidad, pero tampoco quiero sonar como todo el mundo ni repetir fórmulas que ya existen. Intento que, aunque una canción sea más pop o más urbana, tenga algo mío dentro. Que cuando alguien la escuche pueda reconocer que hay una identidad detrás.
¿Recuerdas cuándo decidiste que querías dedicarte a la música de verdad?
Fue algo bastante sencillo en realidad. Mi hermana tenía un micrófono en su casa y un día lo cogí y empecé a grabar cosas. Al principio era pura curiosidad, experimentar, escribir lo que me salía y ver qué pasaba. No había ningún plan ni ninguna intención de dedicarme a esto profesionalmente.
Pero poco a poco me fui enganchando. Empecé a dedicarle cada vez más tiempo, a escuchar más música, a aprender cosas nuevas, a grabar más canciones. Hubo un momento en el que me di cuenta de que aquello ya no era solo un hobby. La profesionalización llegó hace más o menos un año, pero el momento en el que dije “voy a apostar de verdad por esto” fue cuando el último tema empezó a funcionar bien y sentí que tenía que tomármelo en serio.
“A veces sientes que te estás tirando al vacío”
Cuando decides convertirte en artista y construir una carrera alrededor de tu nombre, ¿da vértigo?
Sí, bastante. Y además depende mucho del día. Hay días en los que lo ves todo muy claro y otros en los que te entra más miedo. Muchas veces lo comparo con tirarte desde un sitio sin saber exactamente qué hay abajo.
Puede ser un primer piso o puede ser un décimo. Puede que no pase nada o puede que de repente tu vida cambie muchísimo. Y las dos cosas dan vértigo. Porque si te sale todo también tienes que aprender a gestionar muchas cosas nuevas: la exposición, las expectativas, la presión. Es una sensación bastante fuerte.

¿Qué daba más miedo: fracasar o no intentarlo?
No intentarlo, sin duda. Yo tengo veinte años y estaba empezando a estudiar cuando todo esto empezó a tomar forma. Llegó un momento en el que me di cuenta de que no podía hacer las dos cosas a la vez.
Si intentaba estudiar y dedicarme a la música al mismo tiempo, ninguna de las dos cosas iba a salir bien. Iba a estar dividido y al final no iba a avanzar en ninguna dirección. Así que decidí arriesgarme. Pensé que el momento de la música era ahora. Los estudios siempre pueden volver más adelante, pero esta oportunidad quizá no. Prefería intentarlo que quedarme toda la vida pensando qué habría pasado.
El apoyo inesperado de la familia
¿Cómo reaccionó tu familia cuando les dijiste que querías dedicarte a la música?
Curiosamente fueron ellos los que me animaron a hacerlo. Cuando estaba empezando la carrera tuve una conversación bastante sincera con mis padres porque yo mismo tenía muchas dudas. Sentía que la música cada vez me estaba ocupando más tiempo, más energía, y que no podía seguir manteniendo las dos cosas al mismo nivel. Llegó un momento en el que necesitaba decidir hacia dónde quería ir.
Les expliqué cómo me sentía, que tenía la sensación de que si no lo intentaba ahora quizá me quedaría siempre con la espina. Y su reacción fue justo la contraria a lo que mucha gente espera. En lugar de decirme que lo dejara como un hobby o que me centrara en algo más seguro, me dijeron que si realmente era lo que quería, tenía que probarlo ahora.
También sabían que siempre he sido buen estudiante. Terminé el bachillerato sin problemas y empezaba la carrera con buenas notas, así que para ellos tampoco era una puerta que se cerrara para siempre. Me dijeron que los estudios siempre van a estar ahí si algún día quiero retomarlos, pero que el momento de intentar algo como la música es cuando eres joven y tienes esa energía para dedicarle todo.
A partir de ahí yo también sentí la responsabilidad de tomármelo en serio. No es solo cantar y subir canciones. Intento formarme, entender la música desde más ángulos. Voy a clases de piano, de canto, intento mejorar cada día y aprender más sobre lo que estoy haciendo. Porque si quiero dedicarme a esto de verdad, también siento que tengo que hacerlo con respeto por el oficio.
El piano como herramienta para crear
Se ha dicho muchas veces que empezaste tocando piano y guitarra.
Lo del piano sí es verdad, pero lo de la guitarra no sé de dónde salió. Me lo han preguntado muchas veces y no sé quién lo puso primero, pero se quedó ahí.
El piano lo uso sobre todo para componer. No soy el típico pianista que se sienta y toca piezas completas. Para mí es más una herramienta. Me sirve para sacar acordes, encontrar melodías y empezar a construir la base de las canciones. Es una forma de ordenar las ideas.
¿Cómo es el proceso cuando trabajas con un productor en el estudio?
Muchas veces llego con bastante trabajo hecho. En mi casa tengo un pequeño estudio y estoy haciendo un curso de producción, así que suelo preparar maquetas, acordes, melodías y letras.
Luego llevo esa idea al productor y allí terminamos de construir la canción. A veces también empezamos desde cero en el estudio, depende mucho del momento y de la energía que haya ese día. Pero normalmente me gusta llegar con una base clara y luego ir moldeándola juntos.
“No quiero contar siempre la misma historia”
¿Dónde está el límite entre hacer música comercial y mantener tu identidad?
Para mí el límite está en no acabar diciendo siempre lo mismo que todo el mundo. Me gusta la música comercial, no lo niego, porque al final es la que llega a más gente y la que consigue conectar con un público más amplio. Pero eso no significa que quiera repetir las mismas fórmulas o contar exactamente las mismas historias que ya se han contado mil veces.
Hay muchas canciones que siguen el mismo patrón: la típica historia de discoteca, conoces a alguien, pasa algo y ya está. Son cosas que pasan en la vida real, claro, pero a mí me interesa contarlas desde otro lugar, desde una perspectiva más personal. Al final todos vivimos situaciones parecidas —relaciones, rupturas, dudas, momentos de felicidad o de bajón— pero cada persona las siente de una manera distinta.
Por eso intento escribir desde ahí, desde algo más interior. No me interesa tanto repetir frases que ya hemos escuchado mil veces como encontrar una forma propia de explicar lo que me pasa o lo que siento en un momento concreto. Creo que cuando una canción sale desde ese sitio más sincero, la gente lo nota y se identifica mucho más con ella.
Cuando una canción cambia el rumbo de todo
Tu single Misma Luna ha cambiado bastante el rumbo de tu proyecto.
Sí, totalmente. Yo tenía preparado un EP de seis canciones que iba a salir en febrero. Estaba todo bastante organizado, ya teníamos claro el orden de los temas, el calendario… todo el trabajo estaba encaminado hacia ese lanzamiento.
Pero de repente esta canción empezó a moverse en TikTok. Subí un vídeo con un fragmento, casi sin pensarlo demasiado, y empezó a funcionar muchísimo. La gente empezó a reaccionar, a compartirlo, a comentarlo… y ahí nos dimos cuenta de que estaba pasando algo con esa canción que no estaba pasando con las otras.
En ese momento paramos un poco a pensar. Decidimos aprovechar ese impulso y sacar el tema, porque al final también tienes que saber escuchar lo que está pasando alrededor de tu música. Y cuando volví a escuchar todo el material que tenía preparado para el EP, me di cuenta de que ya no me representaba tanto como este nuevo sonido o esta nueva etapa que estaba empezando.
Así que tomé una decisión que no era fácil, porque había mucho trabajo detrás: dejar ese proyecto aparcado y empezar prácticamente desde cero a construir algo nuevo a partir de ahí. Pero al final sentí que era lo más honesto con el momento que estaba viviendo como artista.

¿Cómo ves que la música funcione ahora tanto a través de fragmentos virales?
Tiene una parte buena y otra que no me gusta tanto. Está claro que ahora mismo es una herramienta muy potente y gracias a plataformas como TikTok mi canción ha llegado a mucha gente que probablemente no la habría descubierto de otra manera. En ese sentido no puedo decir nada malo, porque al final es una forma muy directa de conectar con el público y de que tu música circule.
Pero también tiene algo raro. A veces vas a conciertos o ves vídeos de conciertos y te das cuenta de que la gente se vuelve loca justo en los quince segundos que se hicieron virales. Cantan ese momento con muchísima energía y cuando pasa ese fragmento la intensidad baja otra vez. Y claro, una canción es mucho más que ese trocito que se hizo viral. Detrás hay una historia, una letra completa, una producción, muchas horas de trabajo.
Por eso intento que toda la canción tenga fuerza. No quiero pensar solo en ese momento que puede funcionar en redes, sino en que el tema entero tenga sentido y pueda sostenerse por sí mismo. Que si alguien la escucha completa encuentre algo más que un simple fragmento pegadizo.
Gran Canaria como refugio
Hay una frase en la canción que habla de una noche en Gran Canaria. ¿Qué significa ese lugar para ti?
Para mí el sur de la isla es un sitio muy especial. Cuando estoy muy agobiado o tengo la cabeza demasiado llena, suelo irme allí. Me gusta caminar por la playa, dar vueltas sin pensar demasiado y simplemente estar un rato tranquilo.
Es curioso porque cuando bajas al sur parece casi que te has ido a otro lugar distinto dentro de la misma isla. Cambia completamente el ambiente: hay muchísimos turistas, el ritmo es diferente, todo va un poco más despacio. De alguna manera eso te ayuda a desconectar de lo que tienes encima.
De hecho, cuando pasó todo lo relacionado con la canción estaba bastante agobiado con muchas cosas a la vez y decidí irme allí solo. Estuve caminando por la playa un buen rato, sin música ni nada, simplemente pensando. Y la verdad es que me ayudó bastante a ordenar la cabeza y a ver las cosas con más calma.
El sueño de Rodrigo Fenix detrás de todo
¿Cuál es tu sueño como artista?
Llegar a estar tranquilo. Parece algo muy simple, pero para mí es probablemente lo más importante. Soy una persona bastante ansiosa, le doy muchas vueltas a todo y siempre estoy pensando en mil cosas al mismo tiempo.
A veces desde fuera parece que el éxito tiene que ver solo con números, con reproducciones, con seguidores o con que las canciones funcionen bien. Y obviamente eso es importante, porque al final si la música no llega a la gente tampoco puedes seguir haciendo este trabajo. Pero para mí el verdadero objetivo va más allá de eso.
Lo que realmente me gustaría es poder vivir con tranquilidad. No estar todo el tiempo pendiente del móvil, de las estadísticas, de lo que está pasando en redes o de si algo sube o baja. Poder hacer música, disfrutar del proceso y tener una vida un poco más equilibrada.
Si algún día consigo ese punto en el que todo está más en calma y puedo vivir de esto sin que me consuma por dentro, para mí eso sería lo más grande.

Cuando estás a punto de salir al escenario y el público está esperando, ¿qué pasa por tu cabeza?
La verdad es que no pienso en nada demasiado profundo. Lo primero que pienso es en que no me duela la barriga, porque a mí los nervios siempre se me van ahí. También pienso en acordarme de las letras, aunque haya escuchado las canciones mil veces. Y justo antes de salir siempre rezo un momento.
Rodrigo, cuando empezaste a hacer rap, ¿sobre qué escribías?
Sobre cosas tristes, sobre relaciones, sobre momentos personales, sobre no saber muy bien qué hacer con mi vida. El rap siempre fue una forma de desahogarme. Nunca he sido mucho de escribir cosas agresivas. Siempre me ha salido más escribir desde lo emocional, desde lo que me pasa por dentro.
¿Te sientes un artista diferente dentro del género urbano?
No creo que sea el único que hace esto. Hay muchos artistas que también intentan contar cosas de verdad. Lo que sí tengo claro es que no me gusta la música vacía. Me gusta escuchar canciones con letras que digan algo y con las que me pueda identificar. Y eso es lo que intento hacer yo también.










