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Entrevista a Arantxa Etxebarria: “Carmen y Lola” habla de la mujer”

Carmen y Lola se está convirtiendo en un fenómeno cinematográfico que viene avalado desde el prestigioso Festival de Cannes. Pocas veces en la industria española hemos visto un comportamiento tan a contracorriente al que suele ser habitual en las salas de cine. Las películas se suelen ir retirando de las salas pero, en cada fin de semana, desde su estreno la película no para de crecer en su presencia en cines por toda España. Desde las Islas Canarias hasta el País Vasco.

Por no hablar de la respuesta emocional del público a la película.  Les invito a hacer la prueba: Buscar en cualquier red social las palabras Carmen y Lola.

Como ya olíamos que la obra de Arantxa Etxebarria iba a ser importante para la historia del cine español, y nosotros amamos el cine español, movimos cielo y tierra para hablar con ella. Realmente, su equipo de prensa y medios se portó de lujo con nosotros y pusieron muy facil la entrevista que leeréis ahora.

Aquí hablamos de cine, de cómo es levantar una película con una premisa tan grande, tan importante y tan bonita. Sin más, disfrutadla.

Mis sinceros agradecimiento a Ainhoa, por ponernos en contacto con Arantxa. A la responsable de RRSS por ponernos en contacto con Ainhoa. A mi Editor personal por su objetividad.

Bueno, antes que nada, ¿cómo estás?

Muy bien, muy bien con muchas ganas de estrenar ya. Muy contenta, muy contenta.

Bueno, yo he de presentarme también, qué maleducado. Me llamo Deva, soy de la Revista Young, y este acento es canario. Te contactamos desde la revista porque estamos entusiasmados con Carmen y Lola.  Yo, personalmente, sigo la película desde Cannes. 

¿En serio? ¡Qué bueno! ¡Muchísimas gracias cariño!

Te digo una cosita y yo vengo de Canarias para hacer cine… 

¿A si?

Sí, y se me ponen los pelos de punta solo con empatizar contigo…

Claro, imagínate tío… Es mi primera película y de pronto llegas a Cannes, o sea es un sueño, tu sueño, que se convierte en realidad. Cuando ves que a alguien le toca la lotería (y es verdad que hay personas a las que le toca). Por eso, no pierdas la esperanza en ningún momento ¿Haces dirección también?

Sí, ya he hecho unos cortitos amateurs, pero muy cómodo. Me encanta el cine, estoy enamorado de él, como tú…

…si estás enamorado del cine olvídate, porque es que no vas a hacer otra cosa. Es una pequeña droga que es peor que cualquier cosa. Es una pasada. Un subidón que es increíble.

Bueno y no solo Cannes recientemente Carmen y Lola ha sido nominada a los EFA ¡Muchas felicidades!

Sí, y preseleccionada a los Fénix. Lo de los EFA (European Films Awards) ha sido una sorpresa enorme porque son los académicos europeos y han cogido Handía y Petra de Jaime Rosales que fue conmigo a Cannes. Yo no me lo creo.

Nosotros sí porque la vimos hace poco en la Academia y es una película maravillosa. La consideramos una de las películas más importantes de los últimos años en el cine español.

¿En serio? ¡Cómo te quiero ya! Muchas gracias, mi amor. Es que, no es por nada, pero los canarios… es que adoro a los canarios; tengo tantos amigos canarios que ya me dicen “la canariona”. Desde la universidad he tenido muchísimos amigos de ahí y sois tan maravillosos y tan pasionales que os amo (entre risas). Es que yo estoy feliz y como estoy feliz me va bien, porque lo que me está pasando me genera una felicidad tan grande…

Claro, y tu felicidad todavía no ha acabado porque todavía quedan los feroz y los Goya.

Calla, calla. Yo ya no quiero pensar más allá. Solamente con haber hecho una película tan pequeñita, porque el concepto era pequeño, la temática era difícil de encajar en el interés general, y conseguir que te llamen desde la Quincena de Realizadores y te digan que estás dentro del mejor festival del mundo es el premio más grande que te puedes imaginar. Estaba en la misma sección que han estado Martin ScorseseSofía Coppola, Gaspar Noe. Es que es muy fuerte. Un sueño.

 

He podido ver que antes de Carmen y Lola ya habías realizado varios cortos…

He hecho 8 cortos. Llevo muchos años, adoraba el cine y desde los 18 he trabajado dentro de la industria, he sido técnico, ayudante de dirección o directora de producción y como en el año 2010 ya dije: “déjate de ayudar a otros y ponte a dirigir de una vez que parece que te da pudor”. A partir de ahí, hice documentales, cortos, tuve la suerte de estar nominada a los Goya con De noche y de pronto, también estuvimos con mi otro corto Yo Presidenta en el que trabajé con Chus Lampreave. No he parado. Soy feliz, para que me quiero engañar, yo lo que quiero es rodar y rodar y rodar.

Sí, el dinero si está bien pero no puede ser la preocupación del artista. Alejandro Jodorowsky decía que él hacía películas para perder dinero.

A ver, el cine es algo que nunca tienes ni idea de cuál es la tecla que pulsas que hace que la emoción surja. No hay fórmulas. Tiendes a creer que algo que te emociona a ti le tiene que emocionar al de al lado y, eso, el 90% de las veces no es cierto. No sabes la cantidad de esfuerzo que hay detrás de una película. Cuando de pronto hablas de algo tuyo muy interior, muy particular y conecta, es como una sensación de comunicación brutal y es un subidón increíble.

Y me dices que tienes claro que quieres dedicarte al cine desde los 18 años. Es muy temprano…

Es que yo quería dedicarme al cine desde que tengo uso de razón. Tengo una familia muy cinéfila. Veíamos películas clásicas casi todas las semanas, a Godard, a LubitschMankiewicz. El cine y la literatura siempre me habían rodeado en casa. Recuerdo que yo veía las películas de Bob Fosse cuando mis amigos veían las de Disney. Me parecía fascinante contar historias. Entonces me metí a estudiar Comunicación Audiovisual. Me pareció nula ¡No la he terminado, eh! Me queda una asignatura creo. Lo bueno de la carrera es la gente que conoces. Empezamos a hacer cortos, hacer publicidad y, de pronto, me vi que tenía 25 años y que trabajaba en cine como técnico. Ahí descubres que el cine no es estudios sino práctica y si no ruedas es imposible que te lo expliquen. Empecé a trabajar en el cine, bueno, a subsistir…

¿Siempre tuviste claro que tu rama era la dirección? ¿O la parte creativa?

Sí, siempre he querido contar historias. Soy muy práctica y tengo la cabeza muy amueblada. Para comer me he dedicado los últimos años a ser directora de producción. En los rodajes me di cuenta de que cuando estaba haciendo producción venía el director con el guion y yo empezaba a tocárselo, le comentaba sobre posibilidades de reparto o de localizaciones (entre risas) pensaba que estaba haciendo invasiva. Lo que realmente pasaba es que tenía ganas de dirigir como una perra.

Hubo un momento en el que un amigo mío productor, que aparte es un productor gordísimo, me dijo: “déjate de tonterías, tú tienes que dirigir. Deja de ayudar a los demás a hacer sus películas, haz la tuya y exponte”. Me di cuenta de que era justo de eso de lo que tenía miedo. El cine es un arte caro, no es que yo me ponga con un lienzo en mi casa, es un arte que conlleva mucho dinero, mucha gente implicada y tienes que enamorarlos a todos para que den lo mejor de sí.

Con lo cual tienes que tener una capacidad de mando de organización y un gran deseo por hacer algo. Implicar al resto es lo más difícil. Seguro que hay directores fabulosos que no consiguen enamorar a todo el mundo y no pueden avanzar en sus proyectos. Hay que enamorar, tanto a productores, como a las de sonido, así como a las montadoras. Es muy difícil; no es un arte sencillo. Lo que me pasaba era eso, tenía timidez y pudor por si no valía.

Ahora quería hablarte del proyecto de Carmen y Lola porque para ser una primera película es difícil meterse, perdóname la expresión, en un berenjenal…

Totalmente.

… Porque no tenemos en la historia del cine español obras basadas en este tipo de temática en el que se mezclan dos temas que se repelen y a la vez necesitan voz…

Muy bonito lo que acabas de decir. Yo creo que cuando uno quiere hacer algo tiene que hacerlo con todas las consecuencias. Cuando se me ocurrió la idea pensé en la mujer, soy muy feminista, pero muchas veces estamos pensando en la situación de la mujer en el Tercer Mundo, dije “¿por qué me voy tan lejos, si tengo aquí a mi madre?, que hasta hace poco ha sufrido machismo más descomunal o tengo aquí a la hermana gitana a la que ni siquiera miro, que cuando pasa a mi lado hago que no la veo, es invisible.” Luego está el tema de la homosexualidad. Me parece tan increíble… ¿Sabes que hace 2 días un niño de 9 años se suicidó por acoso escolar? Esto no puede pasar, no puede seguir pasando. Si tengo encima la capacidad de contar historias, de ser una creadora, debo intentar levantar la alfombra para sacar el polvo que hay debajo. El cine social ahora en España no está de moda. Lo están las comedias para sacar a la gente en su rutina diaria. Creo hay que sacarlos de su rutina diaria, pero de otra manera: enfrentando lo que está pasando en nuestra sociedad de frente. Un ejemplo es que, cuando murió mi padre, mi madre, casi analfabeta, ponía en las tarjetas del funeral “Viuda de Etxebarría”, se cosificó.

Esta historia siempre la he tenido por ahí detrás, en mi cabeza. Me parecía que si hacía mi primera película, que quizá podría ser la última, porque sabes cómo es el cine español de difícil, pues tenía que poner toda la carne en el asador que me metí en el mayor de los berenjenales, en una comunidad dónde iba a tener mis problemas por ser mujer y plantear el problema de la homosexualidad. Dónde me iban a dar por todos lados, seguro, pero cuándo quieres algo y deseas algo de esta forma, te empeñas y lo consigues.

¿Siempre has tenido claro que tú obra y tu trabajo iban a lanzar un mensaje?

Sí. Además, vivimos en una situación perfecta para poder hacerlo sin tener repercusiones. Autores como Carlos Saura han tenido que pasar la censura y más problemas para hacer una película como La caza y denunciar el régimen franquista. Me parecería un insulto hacia esa generación de directores no hacer cine con denuncia en la época tan privilegiada en la que vivimos.

Bueno, ahora me gustaría hacerte un poquito de regresión. ¿Recuerdas la primera vez que tuviste una cámara en tus manos? ¿Qué sentías? ¿Cómo te veías?

Uf sí, la recuerdo perfectamente. Fue cuando lo de mi primer corto que se llamaba Panchito. Recuerdo esa sensación de cuando eres niño y llegaban los Reyes Magos. Se ha cumplido, uno de mis sueños se ha cumplido, estar con la cámara en la mano para mí fue un regalo, lo es cada vez que lo hago, aunque sea para otros. Para mí, rodar… Es que me ponen los pelos de punta.

 ¿Hubo alguna película con la que se te ha encendido la bombilla y has pensado “quiero hacer cine así, quiero hacer esta película”?

Me ha pasado muchas veces. La última que dije “joder, es que tengo que hacerlo como él” fue con Funny Games de Michel Haneke. No tiene nada que ver con mi cine, pero me dejó completamente perpleja entonces pensé: “¡Que cabrón! Yo quiero ser Haneke”. Me fascinó. Desde pequeña tengo Eva al desnudo en la cabeza siempre, siempre. Me parece una película increíble.

Luego películas de Agnes Varda. Como Cleo de 5 a 7, la primera vez que vi esa película en el cine fui sola, porque nadie quería ver una película francesa que no tenía guion, de una directora extraña. Entonces tenía yo 15 años y mis amigos del colegio querían ver Indiana Jones. Recuerdo que lo pasé muy mal porque quería hablar. Estaba tan emocionada con la película que le di un abrazo al señor que tenía a mi lado, era el típico cultureta, y yo decía: “pero esto es especial, esto es espectacular”. Cuando terminó la peli me dijo: “mira me has hecho la vida imposible viendo la película, pero la he disfrutado por partida doble”.

La pasión por el cine…

¿A ti no te pasa? Cuando una peli te subyuga… Con Call me by your name, hace poco, me pasó lo mismo, sentí eso también.

Claro, el primer amor cómo Carmen y Lola.

Me dijeron que tiene un cierto parecido y es verdad, las dos intentan retratar la pureza del amor.

Hablando de Carmen y Lola ahora te voy a hacer una pregunta un poco difícil, pero seguro que, en el fondo, algo reacciona, así que yo me lanzo a ver qué me dices ¿Tienes alguna escena favorita de la película?

Sí que es difícil pero sí que la tengo. Hay una parte que siempre que la veo me olvido de que la he dirigido yo. Estoy viendo la película de otra persona. Es difícil cuando eres autor despegarte, ves los fallos piensas que aquí le falta un segundo allí le sobra… Hay una secuencia que se me olvida que es mía y me hundo en la película: cuando están en la piscina vacía.

Es una película que está llena de ausencias. Todo lo que ellas no tienen. La piscina sin agua era tan poética y me pareció tan definitorio hacia su relación que carece de libertad, que carece de sueños… Como decía Lola en un par de ocasiones: “los gitanos por no tener no tenemos ni sueños”. Es una película que está inundada de música, pero con ciertos momentos en silencio. Quería marcar esas ausencias. Igual que la ausencia de libros en la casa de Carmen. A veces es tan importante lo que ves, como lo que no ves.

¿Desde el guion contemplabas como compleja o difícil emocionalmente alguna escena en particular?

Sí. Había un par. En la escena de sexo, en realidad es al revés, que es cuando la viste después de hacer el amor, porque a mí personalmente me parece más bonito. Porque cuando tenemos relaciones por primera vez siempre es un sexo torpe. Por lo menos en mi caso fue así porque también coincidí con alguien que también era su primera vez. Era un juego, no era voy a follar, eso ya surgió con relaciones posteriores. El sexo era algo que pasaba, o no pasaba. Te excitas, pero no sabes muy bien porqué. No quería supeditar esta escena al sexo. Era una de las secuencias más complejas porque es muy íntima. Si no la rodábamos con amor y cariño podía quedar banal y para mí era muy importante. Luego, por supuesto, la escena de la madre y Lola con la carta esa era otra. No son actrices profesionales, no tienen herramientas, ¿cómo voy a crear ese grado de sensibilidad y de empatía con estos personajes, si no lo conocen? Es muy difícil, pero, al final, lo grabamos todo en una sola toma. No se podía repetir ese grado de emoción porque lo han dado todo en una misma secuencia.

Bueno, desde el punto de vista del espectador el trabajo que has hecho con los actores está resuelto de puta madre.

Sabes lo que pasa, que estoy muy orgullosa porque pensaba que no la podría hacer jamás. Hubo cuatro veces que le dije a mi productora: “perdóname, hay que devolver la financiación porque no puedo”.

La primera, fue cuando empecé a buscar a los actores, a buscar a las historias de verdad, de las gitanas lesbianas, porque no las encontraba. Estas chicas no van a COGAN. No tienen nada que ver con ese mundo. Yo no podía realizar algo que desconocía de esa forma. Esa fue la primera vez que casi tiro todos los papeles hasta que pude encontrarlas a través de las redes. Un día la maravillosa idea de pensar que gente se tiene que comunicar de alguna forma, no pueden vivir aisladas. Me metí en todos los chats LGTB que encontré, tenía la pantalla llena de ventanas de chats con el nick de GitanaGuapa que luego lo metí en la película. Hice un grupito de unas 15 chicas que jamás he conocido y que, más o menos, me contaban sus historias, entonces ya pude empezar a escribir.

La segunda vez que quise tirar la toalla fue con la financiación. Iba a las televisiones a decirles que tenia una historia de dos gitanas lesbianas y ellos me decían: “¿ves esa puerta de ahí? Cógela y hasta mañana”.

La tercera fue en rodaje porque íbamos con mucha prisa, me venían a preguntar mucho porque, claro, no son profesionales y es normal que tengan muchas dudas y ganas de hacerlo bien. A la vez, la actriz me contó que tenía un día malo y no podía sacarle nada. En rodaje había días que maldecía al cielo enfadada conmigo misma.

Y la cuarta fue en montaje, se hizo un primer churro de montaje de 2 horas y media. Aquello no había quien lo viera, siempre pasa lo mismo. Un día volví a casa pensando “He hecho una película, pero Dios mío, ¡cuánto va a tardar hasta que la saque!”. Entonces hablaba con ellos, les decía: “mira aquí hay algo, pero no está”. De pronto me dije: “voy a quitar todo lo que no me crea, todo lo que no me sienta al 100% contenta con ello y a ver qué pasa”. Lo quitamos y, te juro por Dios, que encontramos la película.

 

Como las películas no se terminan, ahora te toca “abandonar” a tu hijo. Le toca al público.

Esto es lo que más me gusta. Mira, te voy a contar una cosa que no viene a cuento, pero creo que te puede interesar. En el Festival de Múnich hubo un Q&A después de verla. Una chica con el pelo rojo, la típica alemana de Bellas Artes, por decirlo de alguna manera, me quería hacer una pregunta, se queda sin voz y se echa a llorar. Cuando terminó, me acerqué a ella y le pregunté: “oye, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?”. Me dijo que no había podido hablar de la emoción, dijo que era porque: “esa madre, la madre de Lola, es igual que mi madre y soy una tía de 25 años, estudio Bellas Artes en la Universidad de Múnich, me he independizado, soy lesbiana y mi madre es exactamente esa madre”. Me quedé estupefacta. Yo supuestamente estoy contando la historia de una minoría marginal que vive sin las libertades que tenemos gracias a ser payos y pasa exactamente lo mismo en una capital europea, hipermoderna, dónde se hacen los Erasmus con la misma frecuencia que tú y yo vamos al metro. Me dejó helada, es un tema que de verdad es universal. Si consigo esto con Carmen y Lola pues estoy más que contenta.

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Deva H. Reyes

Amante y estudioso del cine con todas sus consecuencias.

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