Con más de 350 conciertos a sus espaldas en cuatro continentes, Dani J llega al Benidorm Fest con Bailándote, una canción que sintetiza su identidad artística y vital. Aunque su nombre lleva años sonando con fuerza fuera de España, esta participación supone algo muy concreto: volver a casa, quitarse una espina y presentarse, por fin, ante el gran público español desde un lugar honesto y propio.
A lo largo de esta conversación, Dani J habla de la bachata como lenguaje universal, de los prejuicios que aún rodean al género, de salud mental, de relaciones profesionales tóxicas, de amor, de independencia y de lo que significa seguir creyendo en la música cuando todo se tambalea.
Volver a casa y saldar una cuenta pendiente
¿Para ti Benidorm es una forma de regresar y presentarte de nuevo al público español?
Totalmente. Has dado en el clavo. A mí viajar me encanta, cantar para gente de otras culturas es algo que valoro muchísimo, porque te abre la cabeza y te enseña cosas nuevas, pero al final como en casa no te quieren en ningún sitio. Ese calorcito se siente distinto, es otra energía.
Llevo muchos años fuera, haciendo conciertos, giras, conociendo públicos muy distintos, y Benidorm es un poco esa ventana que se abre para poder decir: “oye, aquí estoy, soy de aquí”. Tenía muchas ganas de poder presentarme de verdad al público español, de sentir esa conexión más cercana, más directa, que a veces desde fuera se pierde.
¿El hecho de que este año no esté vinculado a Eurovisión te ha generado decepción?
Sinceramente, cuando me presenté al Benidorm Fest mi misión principal era esa: conectar con el público español y quitarme una espinita personal. Yo hago muchos conciertos, tengo la suerte de girar bastante, pero mi público está muy repartido por el mundo. No tengo un país concreto donde pueda hacer giras grandes con todo el pack completo, con vestuario, coreografías, un equipo enorme… como los artistas más establecidos. Eso siempre ha sido algo que me ha faltado y que me hacía ilusión conseguir aquí.
Eurovisión, claro, es un sueño. No te voy a mentir. Llevo toda la vida poniendo la bandera de España en muchos países, muchas veces sin que se sepa demasiado, y representar oficialmente a tu país es algo muy grande. Pero para mí eso era el regalo extra. Así que no me siento frustrado. Estoy igual de contento, igual de motivado y muy agradecido de poder estar aquí.
La bachata como idioma universal
Has actuado en países donde no se habla español. ¿Cómo se vive la bachata allí?
Yo no me imaginaba a un chino bailando bachata hasta que llegué a China el año pasado. Y ahí entiendes de verdad la magia de la música. Las letras seguramente no las entienden, pero los ves chapurreando, cantando fonéticamente, y es una pasada. Y la bachata tiene algo muy especial que no tienen otros estilos: su baile.
El idioma del baile es universal. Da igual de dónde seas o qué idioma hables. Si yo mañana bailo con alguien que sepa bachata, nos vamos a entender. Yo le indico y esa persona sabe perfectamente qué le estoy diciendo con el cuerpo. Eso no lo consigue ni el mejor traductor del mundo. Es conexión pura.

Siendo sevillano, ¿cómo gestionas cantar un género tan ligado al Caribe?
Creo que cuando estudias las raíces de verdad, cuando las entiendes, las respetas y las amas, todo lo que haces desde ahí se nota. La bachata viene de República Dominicana y los dominicanos, lejos de cerrarse, valoran mucho que alguien de fuera cuide su género y lo internacionalice.
Siempre hago una broma con amigos dominicanos. Me dicen: “es que tú no eres dominicano”. Y yo les contesto: “¿en qué idioma se canta la bachata?”. En español. No hay más preguntas. Que te reconozcan como un igual, que sientan que hay respeto y cariño detrás, es algo muy bonito.
El impacto que no siempre se ve
Hay gente que te ha bailado durante años sin saber quién eras. ¿Qué se siente al descubrirlo ahora?
Es un orgullo enorme. Saber que hay un sevillano llevando la bandera de España por tantos países es algo que me emociona mucho. Yo no soy un artista mediático, soy independiente, hago un género bastante de nicho, pero que alguien descubra una canción mía en una clase de zumba, en una pista de baile o en un festival, y que le guste sin saber quién soy, eso tiene muchísimo valor.
Ahí te das cuenta de que la música llega donde tiene que llegar, aunque tú no seas consciente en ese momento.
Independencia, ruptura y salud mental
En 2022 creas tu propio sello, 13 Pro Music. ¿Qué te lleva a tomar esa decisión?
Venía de una relación profesional muy tóxica. Estuve desde 2014 hasta 2022 con la misma compañía, también independiente, pero se creó una dinámica muy dañina. Por miedo a contratos, a represalias, a no saber qué hacer solo, me dejé pisotear demasiado.
Llegó un momento en el que perdí la ilusión por cantar. De verdad. Estuve a punto de necesitar una baja médica porque sentía que iba a explotar. Y antes de romperme, entendí que lo más importante era mi salud mental. Decidí parar, romper y empezar de cero.
Tuve la suerte de que mi pareja me apoyó al cien por cien. Dejó su trabajo y se lanzó conmigo. Encontrar un equipo que te quiera bien lo cambia todo. Recuperé la ilusión, las ganas y la felicidad. No hay dinero ni éxito que compense perder eso.
¿Qué aprendizajes te llevas de ese momento tan duro?
El primer aprendizaje es tan básico que casi da vergüenza decirlo, pero es fundamental: hay que leer. Leer los contratos, leer lo que firmas, no dar nada por hecho ni confiar a ciegas. Yo ahora no firmo absolutamente nada sin leerlo, ni aunque me lo haga mi madre. Parece obvio, pero cuando estás empezando, cuando tienes ilusión y ganas, muchas veces confías más de la cuenta y no te das ese tiempo.
Y el otro gran aprendizaje ha sido aprender a escuchar a la gente que te quiere de verdad. Muchas veces tu entorno ve cosas que tú no ves, señales que tú decides ignorar porque estás metido hasta dentro o porque quieres que todo funcione a cualquier precio. Cuando mucha gente coincide en que algo no huele bien, normalmente no es casualidad.
Dejarte acompañar es fundamental. Pensar que puedes con todo tú solo es un error muy común, sobre todo en este oficio. Rodearte de personas que te cuidan, que te dicen la verdad aunque no sea cómoda, es lo que al final te salva de repetir los mismos errores y te permite seguir adelante con más calma y con más conciencia.
La música como sentido vital
¿Te habrías arrepentido de dejar la música?
Sí, totalmente. Yo no concibo un día sin cantar. Aunque sea un rato en la ducha, aunque sea tarareando algo sin pensar, la música forma parte de mi día a día de una manera muy natural. Pero más allá de eso, está el impacto real que genera en otras personas, que es algo que a veces no eres consciente hasta que alguien te lo cuenta de frente.
Cuando la gente se te acerca y te dice que tus canciones han formado parte de su vida, que les han acompañado en momentos importantes, en etapas buenas y también en las malas, eso te remueve muchísimo por dentro. Ver tatuajes con letras tuyas, escuchar historias personales ligadas a una canción concreta… ahí te das cuenta de que la música no es solo entretenimiento, es vínculo, es memoria y es refugio.
Para mí es una relación completamente recíproca. Yo doy algo desde un lugar muy honesto, pero recibo muchísimo a cambio. Recibo cariño, historias, aprendizaje y una sensación de sentido que es difícil de explicar. Alejarme de todo eso habría sido perder una parte muy importante de mí mismo, no solo como artista, sino como persona.

El número 13, el amor y lo esencial
Si miras atrás, ¿qué momento te emociona especialmente?
Hay muchos momentos importantes en mi carrera, pero hay uno muy personal que siempre me viene a la cabeza. El número 13 ha estado presente en mi vida desde hace muchísimo tiempo, casi como una señal constante. Mi madre nació un día 13, mi sobrino también, y el amor de mi vida apareció en mi vida un día 13. De hecho, también fue un 13 cuando le pedí matrimonio. Por eso llevo el 13 tatuado conmigo, porque no es un número cualquiera, es una forma de recordar de dónde vengo y todo lo bueno que me ha pasado.
De ahí nació la canción 13. No fue algo pensado desde la estrategia ni desde la carrera, fue algo que salió directamente del corazón. Era una manera de ponerle música a todo eso que me había marcado como persona, no solo como artista.
Recuerdo perfectamente el día que estrenamos el videoclip. Estábamos rodeados de amigos y de mi familia, en un ambiente muy íntimo, muy real. Fue un momento mágico. No era un gran escenario ni un evento multitudinario, pero sí era un instante cargado de verdad. Ahí me di cuenta de que, sin la música, nada de eso habría sido posible: ni esa canción, ni ese recuerdo, ni esa atmósfera tan especial.
Es uno de los recuerdos más puros y más reales que tengo de toda mi carrera. De esos que no se fuerzan ni se fabrican, que simplemente suceden cuando estás haciendo las cosas desde un lugar honesto y con amor.
Benidorm, prejuicios y romper etiquetas
¿Qué podemos esperar de tu actuación en Benidorm?
La canción se llama Bailándote, así que sería bastante absurdo no bailar. Es como cuando saqué 13 el día 13: si no hubiera hecho lo que sentía en ese momento, habría sido muy torpe. Yo siempre digo que a la guerra se va con todas las armas, y si tengo dos manos, ¿para qué voy a usar solo una? Aquí voy a mostrar todo lo que soy. Va a haber baile, claro, pero no como algo accesorio, sino como parte del lenguaje de la canción. Porque para mí la bachata no se entiende sin el cuerpo, sin el movimiento, sin esa conexión física y emocional que tiene.
Y luego está el tema de los prejuicios, que es algo que me estoy encontrando mucho en este proceso. Hay gente que oye “bachata” y automáticamente se imagina algo muy concreto, muy antiguo o muy tópico, y la verdad es que eso está lejísimos de la realidad actual del género. La bachata ha evolucionado muchísimo. No es solo un estilo musical o un baile sensual sin más, es un espacio de encuentro, es comunidad, es terapia para mucha gente.
Hay personas que llegan a la bachata en momentos muy complicados de su vida, cuando se sienten solas, cuando no saben cómo relacionarse o cuando necesitan simplemente un abrazo. Y ahí encuentran un lugar seguro, un espacio donde conectar con otras personas sin juicios. Donde tocar una mano, abrazar, bailar, no es algo raro ni incómodo, sino algo necesario. Eso también es salud, eso también es bienestar emocional.
Me gustaría que la gente que vea mi actuación en Benidorm se permita descubrir ese mundo sin ideas preconcebidas. Que no piense “esto no es para mí” antes de verlo. Porque creo que muchos se van a sorprender. Y ojalá, aunque sea un poquito, alguien diga después: “oye, igual tenía una idea equivocada de lo que era la bachata”.
Mirar hacia adelante
¿Qué viene después de Benidorm?
Tenía pensado sacar un álbum porque en 2026 se cumplen diez años de mi primer disco de bachata, que para mí es una fecha muy simbólica. Era un proyecto que tenía bastante avanzado en la cabeza y que me hacía mucha ilusión, porque al final un álbum también es una forma de mirar atrás, de hacer balance y de decir “vale, este ha sido el camino hasta aquí”. Pero apareció Benidorm Fest y, de alguna manera, todo se ha puesto en pausa.
Eso sí, es una pausa muy bonita. Yo siempre digo que hay paradas que frenan y paradas que ordenan, y esta me está sirviendo para colocar muchas cosas, para coger aire y para vivir algo que no se vive todos los días. Así que bendita pausa. El disco sigue ahí, las canciones siguen ahí y las ganas están más vivas que nunca.
Cuando termine esta etapa y cuando sintamos, tanto mi equipo como yo, que es el momento adecuado, volveremos a ponernos en marcha. Seguiré creando, sacando canciones y volviendo a la carretera, que es donde me siento en casa. La música no se detiene, solo cambia de ritmo a veces.


