Siderland
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Siderland: «Dejémonos de hacer los guais y seamos nosotros»

El grupo abraza el ridículo, la ironía y la electrónica en “Tutu Turú”

Hay canciones que nacen desde la reflexión y otras que aparecen casi por accidente. En el caso de Siderland, Tutu Turú pertenece claramente al segundo grupo. Pegadiza hasta el extremo, exagerada, irónica y consciente de su propio absurdo, la canción rompe con la línea más latina que había marcado la etapa reciente del grupo y abre una nueva vía creativa en la que el ridículo deja de ser un problema para convertirse en identidad.

Hablamos con Andreu Manyós y Roger Argemí sobre el origen del tema, la madurez artística, la música en catalán y ese momento en el que decides dejar de imitar para empezar a ser tú mismo.

El origen de “Tutu Turú” y la necesidad de ir al límite

¿De dónde sale “Tutu Turú”? Porque no tiene nada que ver con lo que veníais haciendo hasta ahora.

Roger: Esto salió porque nos encerramos dos días en un estudio que tenemos en la montaña para hacer música. Veníamos de una etapa bastante marcada por bases latinas y dijimos: vamos a darle una vuelta, mantener esa base, pero meterle electrónica y llevar la melodía al extremo, que fuera exageradamente pegadiza. Estábamos Andreu y yo metidos en un cuartito pequeño dentro del estudio, como un estudio dentro del estudio, y ahí empezó a salir la melodía. Fue muy inmediato, casi sin pensar demasiado, y cuando nos dimos cuenta ya teníamos algo que se nos había quedado en la cabeza a los dos.

Roder Argemí vestido de astronauta en el rodaje del videoclip "Tutu Turú" de Siderland
Roder Argemí vestido de astronauta en el rodaje del videoclip «Tutu Turú» de Siderland

Venís de un sonido muy latino y esto aparece casi como algo fuera de lugar. ¿Marca una nueva etapa?

Andreu: No sé si es una buena noticia o no, sinceramente, pero sí que estamos en una pequeña etapa en la que nos apetece mucho jugar con esto. Nos lo estamos pasando bien explorando esta vía y, por una cuestión de coherencia, seguramente la seguiremos durante un tiempo. No lo vivimos como un cambio radical ni como algo superplanificado, sino más bien como permitirnos hacer lo que nos da la gana en este momento y ver qué sale. No somos de decir “a partir de ahora solo haremos esto”, porque sabemos que dentro de unos meses igual nos apetece otra cosa completamente distinta.

Referentes, intuición y una mezcla sin complejos

Este sonido se sale bastante de vuestro marco habitual. ¿Qué referencias hay detrás?

Roger: La filosofía de Siderland siempre ha sido coger referentes internacionales y llevarlos al catalán. Eso ya estaba desde el inicio del proyecto, incluso antes de que yo entrara, y por eso también conecté tan bien con el grupo.

Ahora sí que es verdad que nos estamos desprendiendo un poco de mirar tanto fuera y tenemos más ganas de hacer cosas desde aquí y para la gente de aquí, pero es inevitable que aparezcan referencias.

Si escuchas Tutu Turú, hay partes de la melodía que te pueden llevar a Justin Timberlake o a Charlie Puth, cosas de la producción que recuerdan a Billie Eilish, y luego hay gente que nos dice que esto suena a Rosalía o incluso a Contando Lunares de Don Patricio. Al final acabas encontrando referentes de los dos mundos y ahí es donde está la gracia del tema.

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¿Es una canción con muchos más referentes de lo habitual?

Andreu: Totalmente. Probablemente es la canción con más referentes que hemos hecho nunca. Es algo que no se había visto antes en lo que habíamos publicado y también por eso nos parecía interesante sacarla ahora, porque nos obligaba a repensarnos un poco como grupo.

La intuición de estar ante algo especial

¿Sentisteis desde el principio que podía ser una canción importante?

Andreu: Esto depende de muchísimos factores, pero si lo miramos únicamente como canción, sin todo lo que la rodea, yo te diría que sí. Nosotros hacemos muchísima música y hay días que notas que estás haciendo algo especial. Con Tutu Turú pasó algo muy poco habitual: a los diez minutos de empezar ya estábamos los tres diciendo que aquello era muy bueno. Esa sensación de convencimiento no aparece casi nunca y para nosotros es un síntoma muy claro de que la canción tiene algo.

Roger: Piensa que hacemos más de cien canciones al año y muy pocas veces te sorprendes a ti mismo. Con Tutu Turú fue como si nos cayera un rayo divino encima. Fue una de esas raras ocasiones en las que dices: vale, esto me ha sorprendido incluso a mí, y cuando pasa eso lo abrazas sin pensarlo demasiado.

Por qué “Tutu Turú” tenía que ser de Siderland

También producís para otros artistas. ¿Por qué esta canción se la queda el grupo?

Roger: Esto se decide antes de empezar. Cuando dices “vamos a hacer una canción para Siderland”, te colocas mentalmente en otro sitio. Piensas quién es Siderland, qué código tiene, cómo habla, cómo compone. Te metes en la construcción de ese personaje y trabajas desde ahí, no como cuando haces algo para otra persona.

Andreu: Además, con cada persona con la que trabajas salen cosas distintas. Esta canción es de Siderland porque la hacemos entre los tres. Con otra persona habría salido otra cosa completamente diferente. Aquí hay discusiones, conflictos creativos y choques de ideas, pero son necesarios para que acabe saliendo algo que sea realmente nuestro y no de nadie más. Eso forma parte del ADN del grupo.

El ridículo como motor creativo

La canción tiene ironía, exageración y un punto de ridículo muy consciente. ¿Eso os define ahora mismo?

Andreu: La canción habla del amor, de las expectativas y de todo eso desde un lugar muy exagerado, casi teatral. Hay una imagen de alguien que quería ser muchas cosas y que, cuando se da cuenta de que lo importante era el amor, también se da cuenta de que ha estado haciendo un poco el ridículo. Y en ese ridículo nos hemos reconocido mucho como grupo.

Roger: Durante mucho tiempo hemos querido ser muy épicos, muy serios, como el futbolista o el astronauta musicalmente hablando. Y ahora estamos más en permitirnos hacer cosas que nos hacen gracia, que incluso nos parecen estúpidas, pero que conectan mucho más con lo que somos. Dejémonos de hacer los guais y seamos nosotros, que somos unos imbéciles, y no pasa nada.

Madurez, identidad y dejar de imitar

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¿Tiene que ver esto con una etapa de madurez?

Roger: Totalmente. Hay algo de conocerse a uno mismo. Tanto en las relaciones como a nivel profesional, llega un momento en el que encuentras el lugar donde te sientes cómodo y donde puedes aportar algo distinto. Diferenciarte no es una estrategia, es una consecuencia de aceptar quién eres.

Andreu: También influye mucho que somos tres personas muy distintas, con gustos y referentes muy diferentes. Si nos pusieras a imitar a otros grupos, cada uno querría imitar cosas distintas. Construir una identidad común donde los tres estemos cómodos es muy complicado y por eso discutimos tanto, pero de ese caos sale algo que sentimos muy nuestro.

La imagen de “Tutu Turú”, entre el arte clásico y el absurdo consciente

La portada del single recuerda a una pintura clásica, casi exagerada. ¿De dónde sale esa idea visual?
Andreu: Las últimas portadas que estamos haciendo tienen bastante que ver con la pintura al óleo, con una estética más clásica, porque nos apetecía jugar con esa idea de arte antiguo y mezclarla con cosas que, en principio, no tienen nada que ver, como una guitarra española o una base más latina. Con Tutu Turú estuvimos pensando qué elemento podía representarla y al final dijimos: no pongamos una sola cosa, flipémonos y hagamos un cuadro entero, no solo un símbolo.

Portada de Siderland del tema "Tutu turú"
Portada de Siderland del tema «Tutu turú»

¿Por qué un cuadro completo y no un solo elemento, como en otros singles?

Andreu: Porque la canción tiene muchas capas. Al principio habíamos dicho que no queríamos poner personas, que cada portada representara una idea con un solo objeto, pero aquí pasaban demasiadas cosas. Tutu Turú es exagerada, es excesiva, y nos parecía coherente hacer una escena completa, como esas pinturas antiguas en las que miras a cualquier rincón y está pasando algo distinto. Queríamos que la portada funcionara así, que tuviera varios protagonistas y varias lecturas.

Roger: Además, hay una relación muy clara con la letra. En la canción hablamos de “quería ser astronauta”, “quería ser pintor”, “quería salvar vidas”… y en la portada aparecen justo esas figuras. Es como si esas ideas que van saliendo en la letra se materializaran visualmente. Al final todo forma parte del mismo universo, no es solo una imagen bonita puesta porque sí.

Una estética bonita y ridícula al mismo tiempo

La portada tiene algo muy cuidado, pero también algo deliberadamente absurdo.

Andreu: Totalmente. A mí me gusta pensar que es una obra de arte y, al mismo tiempo, una obra de arte un poco de mierda, dependiendo de cómo la mires. Tiene algo muy trabajado, muy clásico, pero también algo estúpido, exagerado, casi incómodo. Y eso nos encanta porque es exactamente lo mismo que pasa con la canción.

Roger: Es bonita y ridícula a la vez, igual que Tutu Turú. La miras y dices “hostia, qué portada”, pero al mismo tiempo hay algo que chirría y te hace gracia. No queríamos una imagen limpia ni elegante en el sentido tradicional, queríamos que tuviera ese punto de “esto es demasiado”, que encaja muy bien con el espíritu del tema.

El videoclip como extensión del mismo universo

¿Ese imaginario visual también se traslada al videoclip?

Roger: Sí, totalmente. Los personajes que aparecen en la portada también están pensados como protagonistas del videoclip. Todo está conectado: la imagen, la letra y la historia que se explica. No queríamos que el videoclip fuera algo independiente, sino una extensión directa de ese cuadro que ves en la portada.

Andreu: Al final, la canción habla de expectativas, de querer ser muchas cosas, de ese momento en el que te das cuenta de que quizá estabas persiguiendo ideas muy grandilocuentes y que, cuando aterrizas, hay algo de ridículo en todo eso. El videoclip juega mucho con esa ironía y con esa teatralidad exagerada, igual que la letra y la música.

Imagen, identidad y coherencia con el momento del grupo

Da la sensación de que imagen y discurso van muy de la mano en esta etapa.

Andreu: Sí, porque todo nace del mismo sitio. No es una decisión estética aislada. La imagen clásica, el exceso, el ridículo, todo forma parte de cómo estamos entendiendo ahora mismo Siderland. No queríamos una portada neutra ni un videoclip discreto, queríamos algo que reflejara ese momento vital y creativo en el que estamos.

Roger: Al final, todo esto también tiene que ver con lo que decíamos antes de dejar de hacer los guais. Si la canción es exagerada y se ríe un poco de sí misma, la imagen tenía que ir por el mismo camino. Cuando todo encaja —la música, la letra, la portada, el videoclip— es cuando sentimos que el proyecto tiene sentido de verdad.

Música en catalán y un ecosistema complicado

¿Cómo veis ahora mismo el momento de la música en catalán?

Roger: Estamos en un momento extraño. Es verdad que hoy en día producir y distribuir música es más fácil, pero destacar sigue siendo muy complicado. Nos han vendido que todo está democratizado y no es del todo cierto. Los medios tradicionales siguen teniendo peso y encontrar la forma de que la gente haga clic en tu canción sigue siendo un misterio.

Andreu: También hay una cuestión de identidad. Hay estilos que históricamente han encajado mejor en catalán y otros que han quedado más al margen. Si haces algo que se sale mucho de esa idea, cuesta más que llegue al público. Poco a poco se va abriendo, pero todavía hay mucha música que se queda fuera por eso, y es una pena.

El futuro inmediato de Siderland

Después de “La vida líquida”, ¿estas canciones podrían acabar formando un EP?

Andreu: Un álbum es una carpeta que recoge una época. Aunque las canciones no estén conectadas discursivamente, el hecho de haberlas creado en el mismo periodo ya las une. Te permite volver atrás y descubrir una etapa concreta del grupo.

Roger: Estamos muy pendientes de lo que pase con Tutu Turú. Creemos que puede ser un punto de inflexión y marcar la dirección a partir de ahora. Teníamos un planning previo, pero también estamos esperando a ver qué vida tiene esta canción.

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