Opinión

El Titanic del siglo XIX, primero se vacunan los políticos

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Es curioso como, casi 109 años después, volvemos a vivir un nuevo episodio de injusticia social. El 14 de abril de 1912, el transatlántico Titanic se hundió después de chocar contra un iceberg, dejando un total de 1496 fallecidos. La mayoría de ellos, eran de tercera clase, es decir, la más pobre y la que no tenía acceso a los botes salvavidas en primera posición.

En ese momento de desesperación, muchos pasajeros utilizaron muchas artimañas para conseguir un sitio en algún bote salvavidas. Desde sobornos hasta robar miserablemente un hueco cuando el barco estaba en las últimas. Con los años, toda esta gente fue juzgada por la sociedad y fue rechazada por la misma por haberse salvado de esa forma tan ruin y miserable. Incluso se llegó a pensar que este accidente iba a marcar un antes y un después en la diferencia de clases, ya que hasta los propios privilegiados sentían vergüenza de aquellos que, una vez salvados, se negaron a volver al lugar donde se hundió el barco para buscar posibles supervivientes. Por increíble que parezca, el Coronavirus ha vuelto a sacar en mucha gente esa actitud de primera clase que había en el Titanic.

Es evidente que estamos hablando de todos aquellos altos cargos de la política que se han vacunado cuando no era su turno. La vacuna sería un símil perfecto de los botes salvavidas, con la diferencia que a los que estamos viviendo la pandemia se nos ha asegurado que todos recibiremos nuestra dosis (o eso nos han garantizado desde la UE). Si en el Titanic decían “primero mujeres y niños”, hoy la consigna es “primero personal de riesgo”. Y por lo que parece, este orden se está cumpliendo, ya que las vacunas se están administrando a ancianos de residencias y al personal que trabaja ahí. Pero, como pasó en el Titanic, hay gente que ha decidido que su turno para ser salvado debe adelantarse.

Los deshonestos supervivientes

La diferencia entre los deshonestos supervivientes del Titanic y los que se han vacunado cuando no le tocaba es que los primeros acabaron arrepintiéndose de sus actos (cosa que no les sirvió para ser perdonados). A los alcaldes y consejeros de sanidad que se han saltado la cola de vacunación, ni se les ha

pasado por la cabeza arrepentirse. Al contrario, nos quieren convencer de que lo han hecho de manera legal y con todo el sentido del mundo. Si dimiten es porque no quieren tener reprimendas más severas de su partido político, pero la consciencia ya la tienen tranquila. Total, ya se han vacunado.

Mientras tanto, algunos seguimos esperando a que sea nuestro momento para inyectarnos la vacuna como todos esos de tercera clase del Titanic que hacían cola hasta ser llamados a ocupar su bote salvavidas. Y esperemos que el final no sea el mismo, porque ahora las farmacéuticas que han creado la vacuna se ponen remolones para administrar las dosis, que ahora mismo son el bien más preciado de la humanidad. Recuerda mucho a la escena mítica de la película de James Cameron, cuando Rose no le dejó hueco en la tabla a Jack y le condenó a la muerte (perdón por el spoiler). Mientras tanto, nuestros sanitarios siguen desbordados de trabajo intentando calmar la situación, como los violinistas del Titanic tocando música para que la gente no se alterara.

Decíamos en marzo que el Coronavirus nos iba a convertir en mejores personas, pero parece que volvemos a cometer errores del pasado. Solo espero que el egoísmo de todos esos que se han vacunado fuera de su turno elimine, por fin, las diferencias de clases cuando lo que hay en juego son vidas humanas. Porque todo aquel que se ha vacunado cuando no toca, le ha quitado una dosis a quién sí la debía recibir. Y por quererte salvar antes, puede costarle la vida a otro (que perfectamente puede ser un ser querido). Personalmente, no me gustaría vivir con esa carga. Seamos pacientes, por favor.

Gabriel Corominas
Redactor de Deportes. Mi especialidad: futbol y motor. En mis ratos libres hago carreras populares y maratones. También soy locutor de radio

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