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Patria: Heridas Abiertas

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“ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada”. Con esta declaración histórica muestra su compromiso claro, firme y definitivo. ETA, por último, hace un llamamiento a la sociedad vasca para que se implique en este proceso de soluciones hasta construir un escenario de paz y libertad”.

Era 20 de octubre de 2011 y con estas palabras la banda terrorista ponía punto y final a su lucha armada; a sus espaldas quedaban asesinatos, secuestros, torturas y dolor. Sobre todo dolor, en multitud de familias y en todo un país que se descomponía por momentos.

Ese fue el final del camino, pero la travesía no fue sencilla. Para llegar hasta ese momento fue necesario más de 30 años de conflicto, en las que el miedo era un elemento más en las calles del País Vasco, acompañando a cada persona en su día a día. Y desde ahí se construye Patria, una miniserie de 8 episodios producida por HBO, basada en la novela homónima de Fernando Aramburu; en la cercanía de las víctimas y los verdugos.

La historia se sustenta en dos mujeres, amas de casa, gente común. Mujeres férreas, que ven como su familia se desmembrana por la organización terrorista; una, Bittorri (Elena Irureta), por el asesinato de su marido a tiros a la puerta de su casa. La otra, Miren (Ane Garabain), porque su hijo cumple condena por ello. Las dos caras de la moneda, las dos hojas del conflicto. Victimas todas ellas porque su vida se destroza por una lucha que solo trae sangre, represión, miedo y dolor.

La miniserie está basado en la obra homónima de Fernando Aramburu

Junto a esas dos mujeres conviven multitud de personajes secundarios, complejos, diferentes que son capaces de observar y entender el conflicto de manera dispar. Parte de la valentía y de los aciertos de la serie son gracias a esa cantidad de personajes secundarios que son capaces de acercarte a todas las aristas del conflicto; y a comprender las complicaciones territoriales y personales del problema. Hasta el último vecino del pueblo tiene algo interesante que decir, y si no lo dice lo cuchichea, lo dice con la mirada o con un silencio más esclarecedor que cualquier afirmación.

Al contrario que la reciente “La línea invisible” de Mariano Barroso, en Patria no interesan las “motivaciones” de la banda ni sus conflictos de intereses dentro de ella, aquí lo que verdaderamente mueve la historia es el corazón del conflicto. La historia del País Vasco, de las familias que sufrieron los golpes de la banda en sus carnes. En la capacidad de las víctimas por avanzar, en la cotidianidad de los gestos, en los detalles de las personas traspasadas por el dolor de la pérdida donde la serie se llena de fuerza.

Se percibe que Aitor Gabilondo ha vivido el conflicto en sus propias carnes por la cercanía de la cámara a sus personajes, por lo humano de cada personaje, por el tratamiento de la violencia en fuera de campo, por el trazo familiar que se le da a cada interpretación y por la dificultad de concentrar un conflicto tan extenso en una miniserie de solo 8 episodios. Por ello opta por jugar con dos líneas temporales en todo momento, para que las elipsis cobren vida propia y la historia se vaya formando sola ante nuestros ojos. La capacidad de volver al pasado para mostrar el germen de las heridas de un pueblo tocado por la violencia durante décadas. Esta es la única manera de comprender el presente; él porque el pueblo cuchillea o mira con malos ojos a Bittorri; para comprender lo que sucede en nuestros días hay que mirar atrás y abarcar la historia de esa ciudad y, por ende, la de sus habitantes.

Todo en Patria grita a dolor, a desesperación, a silencios incómodos, a miedo en las esquinas. Y eso es posiblemente lo que más valor tenga, como Gabilondo tiene la capacidad de crear una serie que irradia dolor en cada fotograma. Gracias a una fotografía gris, plomiza que rezuma tensión y negrura en el ambiente capaz de trasmitir los sentimientos de un pueblo ante una situación que les sobrepasa. En Patria llueve constantemente, llueve en el exterior y en el interior de los personajes, pero la lluvia no es capaz de llevarse los rastros de dolor y sangre que se dejan en las calles. Esa angustia acompañara al pueblo vasco de por vida; el dolor de la lucha por la paz.

Pablo Vergara

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