Críticas

“Pequeñas Mentiras Para Estar Juntos”: Todo Cambia, Nada Cambia

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Son comunes las películas europeas, en particular francesas, que exponen las relaciones humanas y sentimentales de una forma aparentemente sencilla donde sus protagonistas se sientan alrededor de una mesa y debaten sobre sus miedos, sueños, logros o fracasos.

Guillaume Canet exploro este universo en 2010 con sus Pequeñas Mentiras sin Importancia, una película donde dibujaba la fragilidad humana con un reparto coral de los actores franceses  más reconocidos del momento. Ahora, nueve años después, vuelve a juntarlos para tratar los mismos temas pero de una manera diferente.

Así, Pequeñas Mentiras para estar juntos, sexto largometraje de Guillaume Canet, intenta cerrar el círculo de su antecesora con una narración mucho más extrema, en la que los personajes en lugar de madurar parece que han ido para atrás, mostrándose desquiciados y hasta, en algún punto, sobreactuados.

La película juega a combinar elementos cómicos con situaciones dramáticas y no se encuentra del  todo cómoda en ninguno de los aspectos.  Si consigue que la melancolía y las reflexiones sobre el pasado y sobre como proyectamos nuestro futuro para luego no conseguir nada, o casi nada, tengan la fuerza suficiente para sugerir en el espectador una emoción.

La primera parte del relato presenta a unos personajes involuciados desde su antecesora y pone en marcha un proceso de limpieza moral por el que pasaran todos, debido a recaídas románticas o a encuentros y desencuentros entre ellos, esto funciona bien debido al tremendo poder interpretativo de su elenco; en especial una Marion Cotillard que hace de Marie, una mujer frágil y malcriada pero emotiva y fuerte, con lo difícil que es eso.

La cámara de Canet intenta darle una similar importancia a todos y cada uno de sus actores pero no todos lo son para el espectador y la pesadumbre en algunas partes de una película, ya larga de por sí, hace que a veces no te interese tanto lo acontecido en la pantalla. Es una película sobre este grupo de amigos, no debería salirse del tratamiento de esos personajes llevándolos hacia secundarios que no aportan nada nuevo o relevante.  

Todo ello desemboca en un último acto más preocupado de ofrecer algo diferente y salirse de esos lugares comunes que pisa constantemente. Jugando a hacer giros con tirabuzón para intentar caer de pie, el problema es que Canet no lo hace, consiguiendo así un último acto más reiterativo que emotivo.

Pequeñas Mentiras para estar juntos es un remake a medio gas, entre esa comicidad y esa fuerza narrativa buscada en todo momento en la película. Innecesaria pero con píldoras interesantes y con un elenco interpretativo que salva la cinta.

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Pablo Vergara

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