Críticas

“Secretos de Estado”: El Poder del Pueblo

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Más de quince años después de que las tropas estadounidenses bombardearan por primera vez territorio iraquí, todavía no se sabe a ciencia cierta cuáles fueron todos los daños causados por una guerra, que desde el inicio, siempre contemplo dudas.

Así, la llamada guerra de Irak, se convirtió en el mayor conflicto de nuestro tiempo y en una de las guerras mas inútilmente orquestadas de la historia.

Secretos de Estado“, la nueva película de Gavin Hood, aborda esa inutilidad a la hora de gestionar una entrada a la guerra que todo el mundo desaconsejaba y daba por errónea. Apoyándose en la investigación de una trabajadora del GCHQ por un hecho delictivo, Hood escarba en la podredumbre de unos dirigentes corruptos y pone en la picota preguntas sobre la legalidad de las acciones o la moralidad de los políticos mundiales.

Todo se presenta con un corte clásico, con la delicadeza y la pulcritud británica. Sabemos cuál es el hecho desencadenante de todo el desarrollo posterior de la película pero lo importante es la solidez narrativa de Hood para, poner en tela de juicio, cualquier decisión tomada por unos gobernantes que nos mandaron a una guerra ilegal y sin la posibilidad de mirar mas allá de sus intereses.

Hacia la mitad del relato la historia se eleva debido a dos escenas de tensión donde el discurso de la protagonista se hace dueño de la pantalla y lanza todas esas preguntas que luego resonaran en la cabeza del espectador, sobre la legalidad de su hecho o la legitimidad de las acciones de los mandatarios. Aun así, el mayor estigma se encuentra en la imposibilidad de Hood de llevar al espectador siempre a ese momento de tensión y nos encontramos ante una montaña rusa de interés o desinterés según los hechos que transcurren en la pantalla, tenemos la sensación de que ya nos han contado antes esta historia y con similares herramientas formales.

No se le da una mayor relevancia a momentos judiciales ya que no es una película de juicios; es una película moral sobre la respuesta lógica y plausible de una ciudadana británica (al servicio del pueblo, no de sus dirigentes) ante una torpeza de los cabezas pensantes del gobierno. Más cerca de los relatos conspiranoides de los años 70 (Los tres días del Cóndor, 1975) que de relatos recientes sobre investigación periodística (Spotlight, 2015). Secretos de Estado cumple con su propósito de lanzar preguntas y dar respuestas sobre una guerra que nunca debió existir.

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Pablo Vergara

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