Opinión

Cuando el miedo te mantiene despierta

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Cerremos los ojos durante un minuto. Sí, hazlo tú también. Durante ese rato, no pienses en nada, deja la mente totalmente en blanco. Y ahora piensa en cómo lo haces. No tienes miedo de cerrarlos, ¿verdad? Déjame decirte algo… hay muchas personas que no corren la misma suerte.

Ahora mismo, en otra parte del mundo, miles de mujeres están siendo violadas. Algunas de ellas por más de un hombre a la vez. Otras, incluso delante de sus hijos. Sufren la humillación, y la sufren acompañadas. Algunas intentan resistirse. Otras consiguen escapar. Y otras acaban muertas.

¿Te suena el nombre Amanat? Debería. Fue en 2012. Una chica, estudiante universitaria, de 23 años. Se subió a un autobús junto a un amigo. Hasta aquí, todo es normal. Se parece a mí, o incluso a ti. Podría haber sido mi historia o la tuya. Pero sucedió en la India, en Nueva Delhi para ser más exactos, una tarde de Diciembre. El caso es que en ese viaje de autobús, la chica fue violada por 6 hombres, uno de ellos era el conductor. Mientras, su amigo era agredido por los mismos individuos. Ambos fueron arrojados al asfalto desde el vehículo en marcha. Y dos semanas más tarde, el cuerpo de Amanat se despidió de la vida debido a la gravedad de las heridas.

Amanat no ha sido la única. En la India mismo, a finales de agosto del pasado año, dos hermanas fueron condenadas a ser violadas para saldar una deuda de su hermano, quién se fugó con una mujer de una casta superior a la suya. Algo similar sucedió a principios del 2014, cuando una pareja fue condenada a pagar una multa. Pero los padres de la chica no pudieron pagarla, por lo que fue condenada a ser violada por 12 hombres.

Trasladémonos a África en 2016. Hace poco leí dos noticias que me escandalizaron. Por un lado, una mujer había sido violada en grupo delante de sus propios hijos. Y por el otro, una chica de 14 años (creo recordar), había intentado huir, pero al ser pillada, la habían atado a un árbol y, a continuación, también violado. ¿Queréis saber lo más curioso? Ambas atrocidades, igual que muchas otras, fueron cometidas por soldados de paz de la mismísima ONU, conocidos como ‘Cascos Azules’. Parece increíble, ¿verdad?

Niñas, chicas, mujeres, ancianas… a quiénes les arrebatan algo tan básico como lo es la dignidad humana. Tienen que vivir con el peso de nacer mujeres en sociedades patriarcales en las que sus libertades han sido anuladas desde el minuto uno de su vida. Se trata de sociedades que viven guerras constantes. Y sus mujeres, además de vivir esas guerras, son humilladas, torturadas, violadas. Lloran, gritan, sufren… ante una sociedad que no les hace caso. Y entonces se rinden y su voz queda silenciada… Para siempre.

Una vez, me dijeron que todo en la vida son ciclos, que algo malo siempre acaba llevando a algo bueno. Lo cierto es que puede que lo sean para mí. Pero no lo fueron para Amanat. Ni tampoco para las demás mujeres que han perdido toda esperanza. Ellas, que viven con un insaciable miedo en el cuerpo, que luchan ciegamente por una vida que muchas veces ni siquiera quieren.

Imagino lo que será cerrar los ojos para ellas, si es que pueden. La verdad es que yo no estoy segura de poder pestañear siquiera. Vivir ataques constantes hacia mí persona o hacia aquellas a quiénes amo. A mis hermanas, a mi madre, abuela, a mis amigas o hijas. No, no soy capaz de imaginarlo. ¿Lo eres tú?

Cuando nacemos, no elegimos ser chico o chica, ni tampoco el año y lugar dónde nacemos. Nos toca la vida que nos toca. Y, por alguna razón, algunos son más afortunados que otros. El caso es que cualquier ser humano debería tener las mismas oportunidades.

Tal cómo dijo el alemán Andrew Sachs, “La muerte es más universal que la vida. Todo el mundo muere, pero no todo el mundo vive”. La cuestión aquí es que hay quién elige no vivir y hay otros a quién ni siquiera se les da la oportunidad de hacerlo.

Volvamos a cerrar los ojos durante un minuto. Esta vez, no dejes la mente totalmente en blanco, más bien piensa en todas esas mujeres que no pueden hacerlo porque el miedo las obliga a mantenerlos abiertos. Sí, siéntete afortunada/o de no tenerlo tú. Porque recuerda que hay muchas personas que no corren la misma suerte.

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