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“Wonder”: Humanos Bajo Mascaras

La infancia es la etapa más difícil en la vida de cualquier persona, debajo del aura de inocencia ingenuidad y felicidad sin cortapisas que desprenden los niños se esconde la importancia de encajar en cualquier lugar al que vayas, y en ese punto esa inocencia infantil se puede tornar en crueldad.

Wonder aborda esa historia que nos conocemos tan bien porque todos hemos pasado por esa etapa, por el miedo a ser diferente y a no encajar en un ambiente nuevo y hostil, la diferencia es que el niño de la película, Auggie, siempre ha sabido que es diferente debido a su deformidad facial.

A priori, la premisa de la película nos hace creer que vamos a asistir a un relato sensiblero, manipulador y con el único fin de que acabes empapado en lágrimas en tu butaca  pero gracias a un guión extremadamente fiel a la novela de R.J. Palacio en la que se basa, se demuestra que un tema como este puede ser llevado a la pantalla de una manera  noble, honesta y nada pretenciosa. Y que las lágrimas que te pueden llegar a recorrer la mejilla en momentos de la narración se deben a la ternura y fineza del relato ya que portan tanta veracidad como la amistad entablada entre los niños protagonistas. Las lagunas que pueden considerarse se desarrollan sobre todo en la parte central de la película dando forma a situaciones previsibles y un tanto forzadas aun así Wonder aporta las dosis necesarias de emotividad como para que quedes embriaga por la fuerza actoral y personal de los niños protagonistas.

Posee unas intenciones maravillosas que se ven desde el inicio y no falla en la ejecución, entregando un producto cuidado y bondadoso el cual mas allá del eje central de la misma (Un Jacob Tremblay excelente) deja entrever una amalgama de satélites que orbitan a su alrededor  igual o más interesantes que la trama central de la película, en especial la figura de la hermana olvidada y compresiva (Izabela Vidovic) con la que empatizas desde el primer momento, por todo ello Wonder consigue hacerte sonreír y emocionarte al mismo tiempo y solo esa sensación ya es suficiente para levantarte de la butaca y aplaudir a Auggie.

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Pablo Vergara

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