YOUNG España

Sensaciones magnificadas

Vivir junto a un familiar con Alzehimer puede ser una Odissea para paciente y familiares. Hoy os contamos mi experiencia personal.

Recuerdo hace 4 o 5 años que todo nos empezó a parecer un simple despiste o un mal día. Algo incluso digno de algunos jocosos comentarios.

Sin darnos cuenta, mi madre empezaba a cambiar, cogía el cigarro casi por acto reflejo, y una vez se lo terminaba cogía otro, pareciendo que no recordaba que acababa de fumarse uno.
Pasamos por una época de gran preocupación familiar, ya no solo por la peligrosidad de esas nuevas acciones y despistes, sino porque notábamos que mi madre empezaba a no entender bien lo que pasaba. Nosotros, disimuladamente empezamos a hacer sus tareas para evitar sobresaltos o accidentes. Nos dolía mucho tener que, de alguna forma, relegarla de las tareas que siempre había hecho, pero sentíamos que no teníamos elección.
Mi padre fue el ultimo en parecer querer darse cuenta de lo que estaba pasando. El carácter y comportamiento de mi madre, al volverse más rebelde y explosivo que de costumbre, hacia perder los nervios a mi padre. Y a pesar de que le decíamos que eso era parte de una enfermedad, el no lo quería ver, y entablaba conversaciones con ella que no les llevaba a ninguna parte más que a quedarse “con el mal cuerpo”.

Pasados algunos años, y aunque la evolución fue lenta gracias a dios, se iban notando más y más cambios. El animo se fue aplacando, las iniciativas también. Los ánimos de mi padre también fueron aplacándose y su fuerza se ha ido apagando tras años de esfuerzos, tras ver como la persona con la que paso casi toda su vida iba convirtiéndose en alguien a quien no conocía.

Cada minuto que paso con ella lo vivo con una intensidad enorme

Ahora ya todo es más sencillo, todos sabemos lo que sucede y nos hemos preparado mentalmente, lo máximo que pueda hacerse, para lo que ha de venir. Ella está calmada, sonríe, come, duerme, siente. Cada minuto que paso con ella lo vivo con una intensidad enorme.

No existen móviles ni televisiones, solo estamos ella y yo, bajo una manta, rozándonos. Pongo mis piernas encima de las suyas, y la cojo con la mano. Noto una manita un poco fría y temblorosa, pero no me suelta. Si muevo los pies ella dice “no no, tranquilita tranquilita”. Ahí me doy cuenta de que sigue siendo ella, de que siente, piensa, y nota que ha de protegerme porque soy su hija.

sigue siendo ella

Para mí sigue siendo mi madre, la misma que me pario, y no es porque me aferre a un recuerdo, es porque siento que ella esta ahí, que nota cuando tengo un mal día y que percibe todo lo que es emocional. Sus actos son ahora infantiles, confia en mí para que la ayude a caminar, para que la peine, y siempre me dice “no te vayas, quiero que estés conmigo siempre”. Y este tipo de expresiones no puede decirlas sino una madre. Ella es mi madre, la que siempre quise, es una madre más relajada, a la que puedo abrazar y tocar sin que haya distracciones.
A pesar de que esta enfermedad es de las más duras que pueda llevar una familia, aunque suene extraño, a mí me ha dado la oportunidad de conocer mejor a mi madre. Años atrás ella solía estar malhumorada, cargada de demasiadas presiones familiares y maritales, no creo que fuera muy feliz.

Esta enfermedad conlleva la perdida de conciencia, ademas de otras facultades, y en esa perdida de conciencia uno es más feliz, viviendo “en su mundo”.

Los demás somos quienes lo pasamos peor, pero yo aprovecho cada momento que puedo estar con ella y la siento, la cuido, le doy todo ese amor que en su día no le exprese, porque vivíamos en una vorágine de discusiones y problemas familiares que nos hacían a todos más agrios de carácter.

Siempre supe que nos queríamos, pero ahora es cuando más lo noto

Estoy cuidando de mi madre como si fuera mi hija, sé que mi padre la cuida porque es quien convive con ella, y en eso se está dejando su propia vida, pero hay una conexión entre ella y yo que es un regalo. Siempre supe que nos queríamos, pero ahora es cuando más lo noto, porque ya no hay orgullos, miedos, recelos de por medio. Ahora solo hay una mano temblorosa y un poco fría que no me suelta. Yo tampoco la soltare nunca.

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Lidia Fuentes Alonso

Colosal, intensa, indescriptible. Me licencié en psicología y posteriormente realicé un máster de psicología clínica, sin embargo tengo muchos conocimientos del porvenir humano, más que por mis estudios, debido a mi vida tortuosa y por mis supuestas “etiquetas mentales”.
Espero poder mostraros mi particular visión de la vida, que os interese y entretenga.

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