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Saw VIII: la fidelidad del espectador visceral.

 

Corre el rumor entre los cineastas de autor europeos que, una vez has encandilado al público francés con tu obra, te has ganado un puesto en el panteón de los autores indispensables. Desde Pedro Almodóvar hasta el nuevo descubrimiento del cine español, Carlos Vermut, se han ganado su hueco entre este público fiel. El cine afortunadamente es un arte que rompe barreras internacionales, y se propaga por casi todas las naciones de la Tierra, por lo que no sólo en Francia el cine es el arte más seguido. Aun con corrientes y públicos diferentes, hay un género que, por encima de los demás, es el que arrastra una cada vez mayor legión de seguidores: el terror. El placer de una dosis de terror  desde una butaca segura, de la experiencia indirecta del sufrimiento de horrores, torturas y fenómenos sobrenaturales por los protagonistas de un film, han conseguido que este año, el 2017, sea el más taquillero para el género en toda la Historia. Su atractivo in crescendo no es otra prueba sino de la fidelidad del público a las obras que les encandilan y les aterran, y a este placer sadomasoquista de vivir miedo de forma segura. Prueba de ambas es, sin lugar a dudas, la saga Saw, que, tras el estreno de su primera película en 2004, sus creadores, James Wan y Leigh Whannell, han compilado miles de fans por todo el mundo cuya fidelidad a cada secuela de la saga es impulsada por la expectativa de la llegada de una tan sorprendente y glorificada nueva película como fue la primera.

 

Tras 7 años desde la que iba a ser la última película de la saga, Saw VII 3D (Kevin Greutert, 2010), los hermanos Spierig (con éxitos comerciales como PredestinationDaybreakers ) han tomado el mando en la dirección de la nueva secuela de la saga, Saw VIII, que llega este año 2017 a nuestros cines. La sorpresa y la expectativa, conjugada con una buena dosis de mercadotecnia aplastante, convierte a esta nueva obra de la saga en un objeto susceptible de críticas inevitables: desde Saw III, la saga se ha convertido en una fiesta gore con los mismos códigos, conflictos y artificios predecibles que no puede dar más de sí misma a menos que se reinvente y su esencia fresca e intrigadora inicial renazca en las pantallas. Y no ha sido así. Saw VIII no supone una renovación positiva en la evolución de la saga: sus fórmulas caducas, dadas de sí, y la artimaña narrativa del guión cogida por los pelos para justificar esta nueva entrega echan por la borda sus 7 películas predecesoras.

 

Saw VIII peca, entre otras cosas, de ser engañosa y torpe, además de conseguir uno de los mayores defectos que cualquier guión podría padecer: ser irrisorio y predecible en las escenas más dramáticas y reveladoras de los horrores de los protagonistas, como con la muerte del bebé de una de las víctimas o la caída de objetos en la trampa de arena. Probablemente una nueva visión del guión teniendo más nociones sobre drama y física básica habría beneficiado al guión firmado por Josh Stolberg y Peter Goldfinger, artífices de la repudiada por la crítica, Piraña 3D. Ahora bien, pese a sus aparentes defectos, la cinta pretende satisfacer medianamente al espectador asiduo de este tipo de películas. Hace justicia, de algún modo, con los fans que pedían una nueva entrega de la saga con los elementos que más les enloquecen: trampas ingeniosas, escenas escalofriantes y entretenidas, actores medianamente decentes que interpretan personajes que juegan con la dicotomía bondad-maldad, etc.

 

Además, la nueva película de la saga devuelve de las tinieblas a Jigsaw, el ingeniero maquiavélico promotor de la cadena de horrores. Aunque su contribución para la historia no sea, al igual que la película para la saga, pertinente, sí que instaura en los fans de la saga un sentimiento de felicidad por la vuelta a los viejos tiempos. La presencia de constantes guiños a sus predecesoras y el renacer del psicópata protagonista hace que Saw VIII siga siendo un producto que se autoparodie, se repita y viva de los viejos y buenos tiempos con los que añoran sus seguidores.  El conflicto moral que plantea la saga es un ejemplo claro de las constantes que se perpetúan a lo largo de toda la saga: Jigsaw puede ser tanto un psicópata maquiavélico como un justiciero, pues sus víctimas sufren daños equivalentes a los que han causado. Ahora bien, ¿no resulta extenuante para espectador la reiteración constante de este conflicto en las películas más comerciales? Tan sólo hay que pensar en The Dark Knight (Nolan, 2008). La frivolización de la ética al servicio de intereses narrativos, dirigidos a la visceralidad del espectador, planea otra cuestión: por qué se mantiene viva la ilusión durante catorce años por ver escenas de gore gratuito sobrellevadas por la misma cuestión ética de fondo de siempre. Sin embargo, piense lo que se piense sobre ella, Saw VIII está condenada a pertenecer al grupo de obras que triunfan en taquilla sólo por un título que recuerda a viejas glorias pasadas.

 

PUNTUACIÓN

(1,5 / 5)

 

 

TRAILER EN ESPAÑOL 

 

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Pablo Borrega

Del '97. Cinéfilo y nómada por el mundo en potencia. Estudiante de Psicología y Filosofía.

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