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La casa junto al mar: una puerta sobre la orilla del Mediterráneo

 

Robert Guédiguian vuelve a su cine más sencillo, sensiblemente político y armonioso, junto a su trío fetiche formado por los curtidos Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin y Gérard Meylan como protagonistas en La casa junto al mar. Desde el drama familiar, con retazos de drama social y político, Guédiguian aborda el retrato de una pequeña familia, compuesta por tres hermanos: Angèle, una actriz parisina; Joseph, un hombre afable y con sentido del humor y que se ha enamorado de una chica mucho más joven que él, y Armand, el hermano más responsable, que vive en Marsella para regentar el restaurante familiar, anteriormente llevado por el padre, quien, a consecuencia de una enfermedad mortal, no puede continuar trabajando. Esta fatídica situación es el detonante para que los hermanos retomen su vida familiar conviviendo en el domicilio costero del padre. A lo Juste la fin du monde de Xavier Dollan, -bien alejándose del histrionismo de ésta última-, La casa junto al mar, se acerca a ella en la salida a la superficie de los secretos del pasado, del dolor y las aspiraciones de los protagonistas, para poner en evidencia el fuerte deseo común de los hermanos: la consecución de un estado armonioso y sosegado entre ellos pese al lastre del fatal paso del tiempo.

 

 

En La casa junto al mar no sobran reminiscencias a los motivos del cine de su director. Incluso, a partir de un precioso y coherente flashback, Guédiguian retoma una pequeña escena de su vasta filmografía, para iluminar la fuerte humanidad y rebeldía -de forma nostálgica, eso sí- que desprende su film en particular y su cine en general. Sin embargo, los fuertes cambios políticos e ideológicos que ha sufrido Francia a lo largo de los últimos 40 años han dejado mella sobre su cine, aunque manteniendo, con frescura y seguridad, su vocación por sacar a la luz los problemas políticos acuciantes de su tiempo. En este caso, el fuerte turismo, la crisis de refugiados y la inestabilidad laboral convergen en la casa del padre, que representa la figura portadora de ideales materializados en la regencia del pequeño restaurante del que se encargarán los hermanos, y que abrirá sus puertas a todo el mundo, pese a las advertencias y consecuencias que podrían acarrear. En él, se restauran los valores del padre, paralelamente a su paulatina muerte. La llegada de refugiados y otras gentes son el punto de partida con el que se ensalza la proyección social de un director socialmente comprometido. Cabe mencionar que su distribuidora, Golem, convocó un preestreno solidario de la película en beneficio a la Comisión de Ayuda al Refugiado, una organización sin ánimo de lucro que trabaja por el derecho de asilo y la defensa de personas refugiadas, apátridas y migrantes.

 

 

Su puesta en escena es de corte naturalista, propia del cine francés de largos diálogos. La historia se sitúa premeditadamente en una casa en la costa de Marsella para adquirir un fuerte valor simbólico que comparte con películas como Rompiendo las olas o Mar adentro. La casa y el restaurante, bañados por la costa mediterránea, sugiere la existencia de una puerta abierta: la que separa y comunica la vida y la muerte, la regeneración de ideales fraternales y la nostalgia de un pasado semi-glorioso. Los actores calibran la tensión del drama y de las pequeñas vicisitudes que atraviesan como personajes con gran altura. Algunos momentos adquieren una forma sobria y seria, aunque con una raigambre vitalista, divertida y revolucionaria, para no caer en la principal debilidad reprochable del cine con transfondo social: el maniqueo de panfleto social en el que se convierten algunas películas -probablemente admirables desde una óptica ética- y que, sin embargo, desarman al espectador de su papel como receptor crítico expuesto a la obra cinematográfica que, en tanto que obra artística, el autor debería respetar. Y Guédiguian lo consigue dejando una puerta abierta entre el mar y la tierra, entre la muerte y la vida, y otra construída entre el vasto océano en el que navega el cine independiente en busca de naufragar en una sala de cine, dejando a los espectadores reflexionar sobre cuántas puertas aún permanecen simplemente cerradas o invisibles para él.

 

TRAILER 

PUNTUACIÓN

(3,5 / 5)

 

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Pablo Borrega

Del '97. Cinéfilo y nómada por el mundo en potencia. Estudiante de Psicología y Filosofía.

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