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Copenhague

Copenhague es una de esas ciudades que lo tiene todo. Una genuina mezcla de arte moderno con arte clásico, de comida callejera con la mejor gastronomía del mundo. Un contraste tan magnífico que no deja a nadie descontento.

Empezamos, como cada viaje, en el Aeroport del Prat de Barcelona a las 12:10, vuelo con Vueling a Copenhague.

Al llegar, hacemos el check-in en nuestro hotel. Y esto es un punto clave, ya que no podía recomendar más nuestra estancia. Hotel Jorgensen, en pleno centro de Copenhague, cuenta con habitaciones privadas (para aquellos que tengan más presupuesto) y habitaciones compartidas (para aquellos como yo, que vamos con el presupuesto siempre ajustado). Se encuentra a escasos 3 minutos caminando de Nørreport, una de las principales estaciones de Copenhague.

Una vez hemos dejado nuestro equipaje en el hotel, nos dirigimos a Louisiana Museum of Modern Art, una galería de arte moderno a 30 minutos en tren de Copenhague. En ella, podréis ver esculturas tan míticas como las Arañas de Louise Bourgeois o la instalación de luces de Kusama. La verdad, recomiendo ir de día al museo, ya que tiene un jardín muy grande donde pasear. Por desgracia, nosotros no tuvimos la oportunidad de ir a este jardín, ya que cierra con el atardecer.

Segundo día en Copenhague. Nos levantamos pronto para aprovechar al máximo las horas de luz, ya que a las 8 amanece y a las 4 atardece (en invierno). Nos dirigimos a Original Coffee, una cafetería a dos minutos de Nyhavn (puerto nuevo) para tomar uno de los mejores cafés que he probado en mi vida. Jamás había visto un café tan cremoso y bueno como el de Original Coffee.

Seguidamente, nos cruzamos con el Nyhavn y tuvimos que parar a hacer la típica foto que todo el mundo tiene de el puerto nuevo.

Una vez hechas las fotos, ponemos rumbo a la Round Tower, o la Torre Redonda. Está incluida dentro de la Copenhagen Card, así que no tuvimos que pagar nada extra. Desde arriba, prepárate para contemplar toda la ciudad de Copenhague desde lo más alto.

De la Torre al Castillo, ¿no? Pues bien, después de perdernos por las coloridas calles de Copenhagen Nørreport, nos plantamos en el Castillo de Frederiksborg, dónde con la misma Copenhagen Card se nos da la oportunidad de sentirnos como Cristian IV. Este maravilloso castillo cuenta con una amplia variedad de joyas reales, a la vez que armería y estancias reales, todo visitable. Además, cuenta con unos jardines totalmente gratuitos donde, sea la estación del año que sea, cuenta con centenares de personas caminando, leyendo o paseando en bici.

Y hablando de pasear en bici… ¿Sabías que Copenhague es mundialmente conocida por ser una de las ciudades con más bicicletas? Es más, estadísticamente hablando hay más bicicleta que coches. Según una danesa de Sabadell que nos encontramos en un tren, el mantenimiento de un coche en Dinamarca es muy caro (por los impuestos), lo que incita a la gente a usar más el transporte público y las bicicletas.

No hay nada mejor que, después de sentirse como un rey, empaparse de cultura etrusca. Para ello, es necesario ir al Glyptotek (en frente de los Jardines Tívoli). Aunque no solo cuenta con arte etrusco, fue en lo que más me centré, ya que era el período artístico que había estudiado ese mismo mes. Además, pudimos ver algunas obras de pintores franceses como Claude Monet.

Y de arte clásico a arte callejero. Nuestra próxima parada era Christiania. Este barrio, según me han dicho, es totalmente ajeno al gobierno de Dinamarca. Aunque está prohibido sacar fotos dentro, puedes sumergirte totalmente en las casas de grafitis y la comida callejera.

Tercer y último día entero en Copenhague. Empezamos en la Bibliotek (la Biblioteca Real). Este edificio mezcla a la perfección un estilo contemporáneo, con líneas uniformes, con el estilo clásico de biblioteca, donde parece que hayamos cogido el Hogwarts Express y nos hayamos plantado en Hogwarts.

Caminando por Amalienborg (el palacio real que tiene una torre con vistas impresionantes y gratuitas) nos topamos con la nieve. Ver nevar es algo no muy frecuente en Barcelona, y cuando lo hace tarda mucho tiempo en cuajar. Allí, sin embargo en cosa de 30 minutos estaba todo recubierto por nieve, cosa que hizo más especial nuestro último día entero en Copenhague.

Y así, con todo Copenhague nevado, caminamos por sus calles de Nørreport para llegar al Hotel Jorgensen y descansar, ya que al día siguiente nos toca madrugar para ir a Malmö, Suecia. Pero eso ya es otra historia.

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Iván Saco Martin

Viajar y hacer fotos como estilo de vida. Estudio bachillerato de artes escénicas. Mi propósito para los siguientes años es estudiar Turismo y seguir viajando por todo el mundo.

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