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Call me by your name: la sensualidad del fruto no prohibido.

Call me by your name es una de las películas más importantes de estos años para el cine romántico protagonizada por una relación LGTB.

El cine hace gala de sus atributos más excelsos y maravillosos haciendo uso de dos sentidos predilectos: la vista y el oido. Pero hay ocasiones en las que el juego cinematográfico extiende su experiencia hasta el resto de sentidos, haciendo se sientan con los cinco sentidos, podiendo olerlas y sentirlas de lleno.

Su capacidad de crear una experiencia inmersiva depende de innumerables e indefinidas razones. Por eso, muchas de las películas que se enmarcan en esta categoría, tienden a dividir al público entre aquellos que les ha maravillado y no saben por qué -sus juicios se acercarán a una descripción emotiva y cursi- y aquellos que, decepcionados o insatisfechos con la obra, se limitan a hacer una crítica con dificultades para expresar por qué no disfrutan la película cuando otros sí.

Dentro de este grupo entra, sin lugar a dudas, Call me by your name, una de las películas más importantes de estos años para el cine romántico-LGTB.

 

Su director, el italiano Luca Guadagnino, recoge los frutos de su última obra: desde el éxito con su estreno en el festival de Sundance, arrasa con numerosas nominaciones y premios en Toronto, Berlín, los Círculos de Críticos de Nueva York y Los Ángeles, llegando hasta, a día de hoy, conseguir cuatro nominaciones para los Oscar, incluyendo mejor película, guíon, actor (Chamalet) y canción.

“Call Me by your name” ha arrasado festivales y aspira a 4 Oscars

Su éxito no sólo se encuentra entre jurados y críticos. El público adora Call me by your name, por la historia de amor entre Elio (interpretado por el prometedor Thimothée Chamalet) y Olivier (encarnado por Armie Hammer).

La frescura, la libertad y la desprejuiciación que desprende este relato crea un nuevo fenómeno dentro del cine LGTB: el despertar sexual-amoroso de dos hombres es tratado como el despertar sexual de cualquier ser humano, despojado de conflictos contextuales y peripecias que sitúen el punto trágico de la trama sobre el martirio que puede sufrir cualquier pareja no heterosexual en un ambiente represivo.

Como punto novedoso de la película, son el paso del tiempo y el azar del destino -dos elementos comunes a todo ser humano de cualquier condición- los que, en el fondo, determinan el destino del amor.

Así, Call me by your name, se convierte, entre otras razones, en un clásico instantáneo, en una obra sobre la libertad sexual, sobre el dolor y el descubrimiento del primer amor, sobre la fortaleza que el amor exige de todo amante, sobre el presente como fuente inmediata de placer.

Call me by your name nos sitúa en el 1983 del norte de Italia cuando aún no había estallado el estigma impregnado sobre la comunidad gay por la proliferación del sida.

Elio es nuestro protagonista. Es un chico tímido, inteligente y disciplinado. Sus padres acogen a un estudiante de doctorado, a Oliver. Sin mucha dilación, el deseo que surge entre ambos les lleva a vivir sin reparo una experiencia desenfrenada de una pasión tan vital y desprejuiciada.

Las salidas en bici por el campo, las noches de fiesta y las tardes, con música al piano tocada por Elio y sobrellevadas con libros de historia, de grandes clásicos y de filosofía conforman el contexto testigo de su amor.

Además, la mano maestra de Guadagnino, junto con el guión escrito por el propio Guadagnino con James Ivory a partir de la novela de André Aciman, recrea una atmósfera repleta de frescura: el detalle por los objetos mobiliarios, por las esculturas, los árboles frutales y por los pequeños detalles rezuman vitalidad y frescor con el objeto de acercarse a la sensualidad y extrañeza del primer amor con la mayor calidez posible.

No es de extrañar que, para acercar a los personajes a sensualidad mágica recreada, Luca, prescindiendo de ensayar escrupulosamente las escenas, mandó a los dos actores protagonistas a que estuvieran unos minutos a solas y se besaran tranquilamente. El resultado está a la vista del espectador.

El director les mandó a los actores minutos a solas para no recrear las escenas con un fingido romanticismo

En definitiva, Call me by your name, no es sólo una película sobre el autodescubrimiento, sino también sobre la familia, las oportunidades y el presente. No se antoja nostálgica, pese a su ambientación ochentera. Es una película tan libre como sus personajes.

La increíble interpretación de Thimothée Chalamet es difícil de explicar con palabras porque revela muchas de las contradicciones y pasiones enmascaradas del ser humano. Pero no importa. La naturalidad indescifrable que desprende en la pantalla es todo lo que necesitamos para sentir que todos podemos ser Elio, porque es la pura esencia de la humanidad, la belleza de la complejidad de cualquier adolescente probando el fruto prohibido.

 

PUNTUACIÓN

(4,5 / 5)

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Pablo Borrega

Del '97. Cinéfilo y nómada por el mundo en potencia. Estudiante de Psicología y Filosofía.

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