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“7 días en Entebbe”: El secuestro político

El conflicto entre Israel y Palestina se alarga durante años hasta el día de hoy. Las matanzas en Gaza siguen ocupando portadas pero poco sabemos del origen de su problemática o sus consecuencias colindantes. La última película de José Padilha quiere darle un poco de luz a un conflicto muy complejo a traves de las personas que perpetraron el secuestro del avión en los setenta que terminó en Entebbe, Uganda, en esos años gobernada por el dictador canibal Idi Amin.

Un secuestro masivo para representar un percal de identidades sociopoliticas que se enfrentaban en ese momento. Sus dos protagonistas Rosemund Pike y Daniel Bruhl, interpretan a dos de los terroristas que vienen de la Alemania de la Guerra Fría, dentro de un grupo que persigue la liberación de Palestina. La compañía y los pilotos franceses, familias judías, una superviviente del holocausto, el gobierno de Israel y sus ministros y, el ejercito que ejecutará la operación de rescate. Un escenario, varios personajes y una historia. Teatro puro.

La idea de teatralidad es uno de los puntos más acertados la película. La obra de teatro que interpreta la pareja de un soldado sirve de elemento narrativo y poético, paralelo al conflicto, para subrayar la trascendencia de este conflicto más allá del propio secuestro. Una declaración de intenciones para poner solución a una desgracia social que sigue muy viva hoy en día.

“7 días en Entebbe” no es la mejor película del director brasileño. La trama pedía otra puesta en escena, otro tipo de tensión que el director si sabe manejar. La tensión de la violencia social y política que el director ha demostrado que sabe manejar muy bien ( ahí están “Tropa de Élite” y su secuela, hasta en el remake de “Robocop” se puede ver su buen manejo en la puesta en escena).

Desgraciadamente, parece que la imparcialidad de la trama, el no querer mojarse con un conflicto tan vivo identíficándose con todos los personajes le ha jugado en su contra. Un secuestro de este calibre con una resolución bélica no genera ningún tipo de emoción. Cuando se llega a este último acto parece que la película ya lo ha dado todo. Una desgracia viniendo de quien viene.

Una última escena en el teatro durante los créditos calma esa ansiada emoción o, por otro lado, puede generar frustación, todo depende del tipo de espectador que seas. Aún así la sensación de tibieza es la más predominante.

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Deva H. Reyes

Amante y estudioso del cine con todas sus consecuencias.

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