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1945: Los secretos del trauma

La voz de los pequeños pueblos -así como la de las pequeñas producciones cinematográficas- se eleva entre la polifonía de grandes voces cuando la vocación del arte reivindica la legitimidad de la memoria histórica al construir un relato de carácter histórico. Países tan desaparecidos del mapa artístico-cultural, como los países del Este-concretamente Hungría, en el caso de la película de este artículo, que nos sirve de referente de país invisibilizado con voz universal-, señalan la necesidad humana por historiar los hechos cruciales de su pasado, que les identifica como pueblo, y que no pueden olvidar. Ferenc Török ha estrenado este año, tras el éxito cosechado en festivales de cine judío de todo el mundo (desde Miami y San Francisco, hasta Berlín y Jerusalém) 1945, un drama histórico que nos sitúa en la vida de un pueblo húngaro en pleno agosto de 1945, al término de la II Guerra Mundial. En 1945 resuenan temas, estructuras dramáticas y subtextos típicos de las películas con trasfondo antibelicista y ambientadas en época de guerras: el miedo, los secretos que no pueden ser enterrados, la culpa, el trauma y el deseo de huída.

1945 es, en términos generales, una película sobre la guerra al uso. Los habitantes del pueblo húngaro reciben la misteriosa visita de dos judíos -que han llegado con un claro propósito- el día de la boda del hijo de un funcionario que representa la posición despótica del bando perdedor reprimido por los vencedores de la guerra. Sin entrar en un juicio sobre las diferencias de poder entre vencedores y ganadores, la película revela que, en último término, la guerra ha subvertido la paz y el orden dejando palpable la tensión del conflicto reciente, que ha dejado mella para siempre en la conciencia individual y colectiva de un pueblo.

En la película, el clima hostil se refleja en un blanco y negro artificioso, que intenta fallidamente exaltar -como películas como Ida o Frantz ejecutan impecablemente-, arraigado en las casas, en las tierras y tras verjas de los pueblos: por cómo los planos se encuadran al servicio de este mensaje, haciendo consciente -y partícipe- al espectador de la sensación de estar atrapado por el trauma. Ahora bien, a diferencia de Frantz, una de las películas más relevantes de los últimos años, que guarda un fuerte paralelismo con 1945 (por su ambientación en una Guerra Mundial, por su tratamiento de la culpa, y el anhelo de redención, por su clara vocación de estilo) aunque la primera goce de una sensibilidad, una ejecución técnica y una utilización de los recursos dramáticos con mayor competencia a la de Török en 1945.

Ahora bien, su planteamiento sobrio y conciso confunde con un reparto coral en el que los personajes están construido en base a la estereotipación de los caracteres y la maraña caótica de subtramas aleja al espectador de una identificación estable y coherente con la problemática del individuo enfrentado al pueblo, y este enfrentado a sí mismo, como Frantz resuelve a lo largo de todo el film, con un gran mensaje antinacionalista y con una fuerte humanidad y resistencia a las ideologías imperantes en una época dominada por el miedo y el trauma. En 1945 son los judíos los que sacan a la luz los miedos encerrados en la represión, amenazando el orden del pueblo bajo la reclamación justa de las propiedades que les fueron arrebatadas durante la II Guerra Mundial y que ahora son fuente de disputas de unos habitantes que quieren escapar del miedo, exiliándose a Budapest, en busca de una vida mejor, o conciliando sus conciencias con drogas y con festividades, porque la vida continúa.

TRAILER VOSE

https://www.youtube.com/watch?v=J–8pdWHBd4

PUNTUACIÓN

(2,5 / 5)

 

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Pablo Borrega

Del '97. Cinéfilo y nómada por el mundo en potencia. Estudiante de Psicología y Filosofía.

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